domingo, 3 de febrero de 2013

William Gibson: Trilogías del Ensanche, del Puente y de Hormiga Azul

William Gibson es un celebérrimo escritor estadounidense afincado en Vancouver, Canadá. Es tan famoso porque creó el neologismo "ciberespacio" y porque en sus primeras novelas tienen un peso muy importante en la trama los bancos de información de la matriz (lo que hoy llamaríamos internet, su ciberespacio), los piratas informáticos, las multinacionales que operan al margen o por encima de los gobiernos, el darwinismo social, la privatización de todos los bienes y servicios, la urbanización del planeta (Ensanche o Sprawl), la desaparcición de especies animales (en esto recuerda a Philip K. Dick), la tecnología ultraavanzada, los cíborgs, los viajes espaciales... Es decir, porque se aniticipó a nuevas formas de vida, algunas de las cuales ahora damos por hecho, pero que en el año 1983 no se veían venir tan clararmente. Todos esos rasgos constituyen la guía básica de la ciencia ficción llamada "ciberpunk", de la que Gibson es pionero junto con otros, como su amigo Bruce Sterling. Además, escribe unas historias cercanas al género negro y al thriller: gángsters, marginados, drogas, huidas, asesinos a sueldo, espionaje, armas, etc. Esta tendencia al género negro o, más bien, de espías, se ha acrecentado en sus últimas novelas, en las cuales apenas si aparecen recursos tecnológicos y sí mucho espionaje. Parece ser que el futuro de Gibson tocó techo y ahora se dedica, más o menos, al presente.

De manera algo curiosa y no del todo clara, como Pío Baroja, agrupa sus novelas en trilogías "sui generis" que comparten algunos personajes y lugares y cuyas novelas pueden (en algún caso) leerse separadamente. Ciertamente, de una trilogía a otra se nota el cambio, especialmente en la última. Su estilo es inconfundible, no obstante, y rasgos de sus primeras obras surgen en las más recientes.


TRILOGÍA DEL ENSANCHE (SPRAWL TRILOGY)

Gibson, William, Neuromante, ed. Minotauro, Barcelona, 2006. Trad. José Arconada Rodríguez y Javier Ferreira Ramos.
Neuromancer, 1984.

La inmersión en la peculiar ciencia ficción de esta novela es fría, repentina y profunda. Desde el principio quedan claras varias cosas: hay conocimientos que se dan por supuestos; las referencias son las de la propia novela, no las de fuera, y los lapsos se pueden rellenar o no. O sea, se presuponen muchas cosas y eso forma parte del juego. Por ejemplo, las palabras Ensanche, Freeside, pozo y otras aparecen antes de que se explique lo que son. El lector debe dejarse maravillar por una prosa nueva y dura, no demasiado innovadora, no obstante, en la forma, pero sí en la temática, y esta era nueva en su momento, y ahora también, porque por mucho que anticipe, es una obra de ficción.
Resumir el argumento no es difícil, pero ocurre como con las novelas de Agatha Christie: si se hace bien, debe empezarse por el final, y eso rompería el suspense, algo de lo que este escritor entiende mucho. Solo diré aquí (más abajo resumo la trilogía) a modo general,  que la cosa va de una lucha de IAs (Inteligencias Artificiales) por su independencia. De hecho, el Neuromante del título es una de las IAs (la otra se llama Wintermute). En esta lucha, las Inteligencias Artificiales arrastran a varios humanos. El protagonista, Case, que al principio del libro está al borde de la muerte por ajuste de cuentas en el experimento darwinista que es Chiba City, es contratado por el misterioso Armitage para romper el "hielo" (defensa informática) de una IA. Case y Molly, la "ninja" (guardaespaldas con implantes cíborg) investigan por su cuenta, vía el Finlandés (personaje que reaparecerá en las dos siguientes novelas), quién está tras Armitage y llegan hasta la IA Wintermute y la extraña familia Tessier-Ashpool...  Case es el personaje central al que se sigue desde el principio hasta el final. No es muy original ese planteamiento narrativo. Sí lo son los términos de comparación, que eluden deliberadamente la naturaleza. Como ejemplo, el citadísimo inicio de la novela: El cielo sobre el puerto tenía el color de un televisor sintonizado en un canal muerto. Más adelante (cap. 15): los lados de los muebles eran de un color que le hacía pensar en alas de cucaracha. La única naturaleza que aparece es, atención, en un satélite artificial, donde Case desayuna en una especie de prado [...] con demasiados árboles. Más adelante: -¿A qué huele? -preguntó a Molly, arrugando la nariz. -Es la hierba. Huele así cuando la cortan.
Es una novela de culto sobre la que hay mucha (quizá demasiada) información y opinión por internet. Mejor leerla, auque no va a gustar a todos los lectores. Solo para fanáticos de la ciencia ficción.


Gibson, William, Conde Cero, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. José B. Arconada y Javier Ferreira Ramos.
Count Zero, 1986.

En esta novela Gibson estructura la trama desde el principio en tres historias paralelas que solo muy adelantada la novela confluirán. Se narran en capítulos alternos las peripecias de Turner, un especialista en la extracción de investigadores y cuadros ejecutivos del más alto nivel. Las multinacionales para las que trabajaba nunca admitirían que hombres como Turner pudieran existir...; las de Marly, una galerista caída en desgracia con una sensibilidad especial hacia el arte, que es contratada por el megapoderoso y misterioso Josef Virek para que le encuentre al artista creador de unas cajas; y las de Bobby Newmark, alias Conde Cero, un "vaquero" (internauta cracker, diríamos ahora), como el Case de Neuromante.
Cada historia, con su personaje central, arrastra una serie de personajes secundarios y ambientes: el mundo de la investigación puntera y de la guerra de corporaciones en Turner; el del dinero y refinamientos artísticos en Marly, antepasados, ella y Virek, de Cayce Pollard y Hubertus Bigend, de Mundo espejo; y el mundo suburbial e ilegal de Bobby, con su ciberespacio, "hielo", antros, drogas, pellas, etc. Lucas, por cierto, tiene los dedos del color de alas de cucaracha. Se ve que le gustó la comparación.
Esta novela, que supongo que puede leerse aparte de la anterior, sí continúa en la siguiente, aunque el final es cerrado, más o menos, y poético, especialmente en la historia de Marly, la única que no converge directamente con las otras.


Gibson, William, Mona Lisa acelerada, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. José Arconada.
Mona Lisa Overdrive, 1988.

En esta novela también se narran historias paralelas, ahora cuatro. Como en la anterior, las diferentes peripecias confluyen, salvo una, la de Kumiko Yanaka, que es la que abre la novela. Esta es una niña de 13 años a la que su padre, jefe yakuza, envía a Londres a casa de un socio, Swain, para evitar ser presa en una guerra mafiosa. En esa casa reaparecerá Sally, la Molly de Neuromante, que está siendo presionada para que colabore con Swain en una complejo plan que involucra, como víctima, a Angela Mitchell, la huida de Mass-Neotek en el anterior libro, y ahora estrella del simestim. Esta es la segunda línea. La tercera es la historia de un misterioso paciente en una camilla conectado a la matriz (se supone) permanentemente y confinado para su custodia a los extraños ocupantes de una fábrica abandonada. La última historia es la de Mona Lisa, una joven (16 años) prostituta reclutada para sustituir a Angela Mitchell...
Realmente, se avanza poco respecto a las anteriores novelas. Esta, cuya acción se sitúa siete años despúes de la anterior (y, por tanto, catorce después de la de primera), sirve más bien de explicación retrospectiva. Contiene pasajes expositivos, por ejemplo resumiendo un documental sobre los Tessier-Ashpool o sobre los loa esbozados en Conde Cero. Se aclaran motivaciones e intenciones, lo cual está muy bien como cierre de trilogía y más en esta, donde, la verdad, nada se entiende muy bien (ya dije que forma parte del juego suponer que nosotros conocemos más de lo que en realidad sabemos). Los personajes tampoco se aclaran mucho: la pobre Mona exclama en el capítulo titulado Demasiado que nunca antes el mundo había tenido tantas partes móviles ni tan pocas etiquetas. Nos identificamos plenamente con ella y, encima, la última parte del capítulo, una de las partes más emborronadas del libro, donde confluyen tres de las historias, nos la cuenta ella, en su simpleza, con la visión que le da la droga que acaba de tomar (el juego perspectivista de Gibson es, sencillamente, asombroso). Esto es como venir a decir que no nos tomemos demasiado en serio el argumento de la novela (más abajo intento resumirla y explicarla).
Yo diría que al final de lo que se trata, el tema/objetivo final, es de conseguir la inmortalidad, ahora por medios de alta capacidad informática. El bellísimo último capítulo reúne a tres físicamente muertos y a una IA de camino a encontrarse con algo extraterrestre. O sea, podemos decir que el alma de esta trilogía ciberpunk está conformada por lo mismo que cualquier otro libro de ciencia ficción: afán de inmortalidad y contacto extraterrestre. Curioso.
Se incrementa la presencia de motivos que ya estaban presentes en novelas anteriores y que alcanzarán mayor desarrollo en las posteriores, especialmente en las de la trilogía de Hormiga Azul. Estos motivos o intereses de Gibson son, además de la juventud de sus protagonistas, la ropa (se describe siempre o casi lo que visten los personajes); la arquitectura, que adquirirá especial relieve en la siguiente trilogía, la del Puente; el mundo de los muy ricos y muy poderosos (aquí, la pequeña Kumiko y su padre) y, por último, el interés por el "show business", el mundo del espectáculo, del simestim en la novela, equivalente a nuestra televisión y cine, y que llegará, de otra forma, a su apogeo en Mundo Espejo.

Resumen general de la trilogía (mejor no leer si no se han leído los libros)

1- En su camino a la independencia, las IAs del primer libro, de la familia Tessier-Ashpool, requeren ayuda humana, y no dudan en apropiarse, tipo posesión demoniaca, del antiguo militar Armitage. Este (en realidad su IA posesora, Wintermute, aliada con la otra IA, Neuromante) precisa los servicios profesionales de Case y Molly. El asunto termina bien para las IAs, que pasan a deambular libremente por el ciberespacio. También termina bien para Case y Molly. Esta reaparecerá en la última novela del Ensanche.
2- Han pasado siete años. Parte de las IAs circulan por la matriz siendo confundidas con dioses del vudú (los Loa o Jinetes Divinos), nada menos. Para sus planes, sean los que sean (no se conocen) siguen necesitando humanos, de los que se apropian a placer (son los Caballos). Han impulsado la carrera del investigador Christopher Mitchell, de la empresa Maas Neotek, para que haga de su hija, Angie, un caballo ideal: esta puede conectarse a la matriz sin consola gracias a los vévés implantados en su cerebro. Parece ser que los planes apuntan a que a las IAs les interesa la difusión de los biochips, lo cual entra en contradicción con los planes de la Maas, que tiene la patente exclusiva. Pero esto es deducción mía, seguramente equivocada. De aquí parte la trama de espionaje industrial, deserciones, persecuciones, etc. (thriller tecnológico, se podría decir) de la novela.
3- Tal y como yo entiendo la trama, resulta que Bobby Newmark, alias Conde Cero, se ha apropiado del aleph de 3Jane Tessier-Ashpool. El aleph es una especie de enorme disco duro con capacidad suficiente para contener una réplica de toda, o casi toda, la matriz, "almas" humanas incluidas (eso sí, poquitas y selectas). Bobby vive conectado a eso, donde también se encuentra el espíritu de la difunta Lady 3Jane, que quiere a toda costa a Angie Mitchell, no se sabe por qué (la odia por envidia, dice la IA Colin). Por eso ordena su secuestro a Swain, el socio del padre de Kumiko. Swain subcontrata para esto a su vez a Molly (Sally). Por otra parte, Swain se ha ocupado de que una chica de la calle que se parece a Angie, Mona Lisa, se parezca más todavía mediante cirugía plástica. ¿Pretendía dar gato por liebre a 3Jane, o lo que hacía era buscar sustituta para los simestin de Angie cuando esta fuera entregada a lady 3Jane, como al final sucede? Además, ¿qué papel juega la IA Plan de Rodaje en todo esto?, porque parece que pueda estar detrás de la historia de su "prima" (comparten biochips) Angela M., con la cual este joven ha sido torpe. No sabemos mucho con certeza. El caso es que Mona sustituirá a Angie. Esta, que muere, se reunirá con su querido Bobby, que también muere, en el ciberespacio, donde también se encuentra el Finlandés, también muerto; y las IAs, bueno, a lo suyo, que nadie sabe en qué andan metidas. En la última página, en un giro final a lo Sterling, resulta que hay otra matriz consciente en Centauro a donde se dirigen para conocerla...

                          TRILOGÍA DEL PUENTE (BRIDGE TRILOGY)

Después de su paseo por el (ciber)espacio, volvemos a la Tierra. Las referencias son, en general, reconocibles como cercanas a nuestro tiempo (se dice, por ejemplo: la canción [...] es del negro ese que se volvió blanco y luego se le hundió la cara). El mundo ha cambiado, pero no tanto como en el Ensanche. En estas novelas se ponen los cimientos de la cosmovisión de las tres anteriores. En este sentido, poemos considerar esta trilogía como una particular precuela de la anterior. Tomado el puente en un sentido figurado, podría simbolizar el enlace entre las anteriores novelas, las situadas en el futuro más lejano, y las últimas, situadas en el presente.

Gibson, William, Luz virtual, ed. Minotauro, Barcelona, 2000. Trad. José Arconada.
Virtual Light, 1993.

La luz virtual del título se refiere al peculiar modo de visión, directo al nervio óptico, que proporcionan unas gafas especiales. Estas gafas serán el artículo tras el que andan todos. Se las roba Chevette, una bicimensajera, a otro odioso mensajero. La trama de la novela se desarrolla alrededor de estas gafas: el robo de Chevette hace que se contrate a una compañía de seguridad privada, IntenSecure, para encontrarla. El agente Rydell se ocupará de ello, pero terminará aliándose con Chevette contra los corruptos agentes y policías y teniendo que ingeniar un plan tras otro para escapar de sus perseguidores y luchar contra el destino que muestran las gafas...
Sin duda, en esta novela predominan las preocupaciones sociales. El puente de la trilogía es el que une San Francisco y Oakland. Allí viven los desahuciados sociales, gente que no tiene donde ir ahora que solo quedan pobres y ricos. Dice un personaje (Sammy Sal): Antes había una clase media, los que estaban a medio camino. Pero eso ya no existe. Se muestran una especie de cuadros costumbristas de esta gente a través de los ojos de Yamazaki, el estudiante de "sociología existencial" que reaparecerá en Idoru. Se cuenta también la historia y adoración de J. D. Shapely, el que consigue terminar con el sida. Surgen otros motivos temáticos de la realidad social americana: los telepredicadores (el reverendo Fallon), las agrupaciones de caravanas, en este caso para mostrar donde viven los miembros de una peculiar secta que cree ver a Dios en las antiguas películas (esto reaparecerá en Mundo Espejo) y las armas, los pistoleros a sueldo (el aborrecible Desamorado), así como un fondo de barrios bajos con su delincuencia, drogas, violencia, etc.
Es una novela de acción trepidante, más cercana al género negro que a la ciencia ficción, si bien esta irrumpe en forma de incipiente ciberespacio, con los piratas informáticos de República del Deseo. Yo creo que constituye un adelanto del tipo de relatos que escribirá Gibson más adelante, especialmente en su última trilogía.

Gibson, William, Idoru, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. Manuel Figueroa.
Idoru, 1996.

El anuncio de boda de Rez, el cantante japonés del grupo de adolescentes Lo/Rez es el detonante de las acciones principales de la novela que, en su estilo narrativo habitual, nos va relatando Gibson solapadamente. Las historias son las del peculiar Colin Laney, contratado por la seguridad de Rez para que vea de qué va eso (la habilidad de Laney son los "puntos nodales": destellos de información no accesible de forma lógica que él extrae de un maremágnum caótico de datos sobre alguien) y la de la joven de catorce años Chia McKenzie, miembro del club de fans del cantante en Seattle. Rez se va a casar con Rei Toei, una idoru: un ídolo artificial de la canción, una combinación de "agentes de software" (son los antepasados de las IA de Neuromante). Tanto Chia como Laney deben viajar a Tokio para ver qué pasa, pero sus avatares discurren paralelos hasta el final. La historia se complica porque a Chia la usa Maryalice en el aeropuerto de Tokio para introducir algo de contrabando. Ese algo no es droga, sino otra cosa (no diré qué) relacionada, casualmente, con Rez y que le complicará la vida porque la quieren los mafiosos rusos, el temible Kombinat. Por parte de Laney, la complicación viene de la compañía para la que trabajaba antes, que le presigue para chantajearle.
Total: como se ve, el realismo (más o menos) de Luz virtual ha durado poco y en esta novela nos volvemos a zambullir en la ciencia ficción informática: lo más importate es la información, y aquí destaca el antiguo trabajo de Laney, para SlitScan, una especie de empresa que igual "fabrica" famosos que los destruye.
La ambientación la proporciona el adorado Japón,  que aparece en todas sus novelas de una u otra forma, con bastante predomino en algunas (si no recuerdo mal, la que menos japonés tiene es Conde Cero). Es un relato trepidante donde los capitulos finales son cortados, sistemáticamente, en su punto álgido para insertar la otra historia, que también corta en alto. Gibson es muy hábil dosificando el suspense y manteniéndolo a un ritmo que deja sin aliento. Es también la novela donde más se acerca el autor al mundo adolescente, y el viaje de Chia es, en buena parte, de aprendizaje, de maduración.
Los capítulos que transcurren en el Hotel Di son curiosamente teatrales: una habitación con dos puertas a la que van llegando cada vez más personajes con sus diálogos y acciones correspondientes.
Como enlace estilístico con novelas anteriores, aparece una de las comparaciones favoritas del autor: en el Cubo K de la Muerte hay iluminación color cucaracha.
Esta es una gran novela que, inexplicable y lamentablementte, está descatalogada hasta que se dignen a reeditarla. No eniendo estas decisiones. Menos mal que la adquirí a tiempo, porque he llegado a ver anuncios pidiendo más de 100 euros por este libro de bolsillo.


Gibson, William, Todas las fiestas de mañana, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. Darío Aguilar Pereira.
All tomorrow's parties, 1999.

En este final de trilogía confluyen personajes y tramas de las dos anteriores novelas. Nos reencontramos con Chevette, Rydell y otros secundarios de la primera novela como Fontaine, y también con personajes de la segunda, como Colin Laney, Rei Toei y la secundaria Maryalice. El escenario principal es, otra vez, el puente de San Francisco.
Bueno, y del argumento, no sé bien qué decir. Los motores de fondo son el megapoderoso Cody Harwood, que también detecta puntos nodales y los aprovecha a su conveniencia, y el enfermo Colin Laney, que se opone a los tejemanejes de Harwood, sean los que sean, con la ayuda de los hackers de la Ciudad Amurallada. Tanto Laney como la idoru operan escondidos para que Harwood no los elimine, y por aquí viene la acción de la novela: Rydell debe cargar, teledirigido por Laney, con el soporte de Toei  mientras le persiguen una banda de matones y un infalible asesino, ambos de Harwood, pero el asesino solitario (Konrad) va por libre más o menos.
Las tramas de Chevette y de Silencio, el misterioso niño semiautista, ofrecen el contrapunto romántico y tierno (Chevette y Rydell acabaron juntos al final de Luz virtual y al final de esta).
El estilo de Gibson ha llegado a su punto de madurez y se observa en el asombroso manejo de las acciones paralelas. Sin datos expresos, podemos reconstruir la cronología de los derroteros de Rydell y Chevette por el puente, cruzando sus caminos sin llegar a cruzarse ellos mismos en un emocionante suspense que abarca a tramas de personajes con los que interactúan ambos: Fontaine, el chico de la tienda "Sector Defectuoso" y su destornillador, el cantante Buell, etc.
Como en las demás novelas de Gibson, no se puede pretender enternderlo todo: las motivaciones, causas y consecuencias contienen lagunas intencionadas que podemos rellenar imaginativamente, pero sin certeza. Además, el lenguaje se complica cuando el autor trata de expresar conceptos nuevos. Esta faceta es la que, intuyo, le ha granjeado más detractores a Gibson. Párrafos como este: Rez [...] era muy posiblemente la última de las megaestrellas preposhumanas no gustan a todos los lectores (adviértase la acumulación de prefijos antitéticos: prepos-). Y las vagas referencias, que son en el fondo lo que activa a Harwood y Laney, a que todo va a cambiar como en 1911, sin aclarar más, salvo escuetas citas de la muerte de Pierre Curie en 1906, tampoco son de recibo. He buscado en la Wikipedia qué pasó en 1911 y no veo nada demasiado extraordinario, aunque supongo que los tiros van por el descubrimiento de Rutherford.
Esta novela que, por otro lado, contiene elementos desenfadados y divertidos, merece la pena leerse, si bien, de forma inexplicable aunque habitual, está total y absolutamente descatalogada desde que se agotó su única primera edición. Solo puede leerse, si no se es de los que la compraron cuando salió, por descargas de internet. Vamos, una falta de respeto más de ciertas editoriales a los lectores.


TRILOGÍA DE HORMIGA AZUL (BLUE ANT TRILOGY)


Gibson, William, Mundo Espejo, ed. Minotauro, Barcelona, 2004. Trad. Marta Heras.
Pattern Recognition, 2003.

Aterrizaje. La novela comienza con uno, con jet lag más bien, y podemos aplicarlo a esta novela respecto de las anteriores. El viaje desde el futuro ha llegado al presente: los personajes comparten nuestra realidad actual, si bien se trata de personajes peculiares. En esta novela trabajan muchos en el mundo de las agencias publicitarias, que es lo que es Blue Ant (Hormiga Azul), dirigida por el extraño Hubertus Bigend, perseguidor de enigmas y misterios. En este caso, intenta desentrañar lo que hay detrás del Metraje, unos fragmentos cinematográficos colgados en Internet y que arrastran a una legión de seguidores. Una de estas seguidoras, la cazatendencias Cayce Pollard, es el personaje central. Esta mujer padece una rara alergia a las marcas comerciales: reacciona ante los anagramas. Cayce ha rentabilizado su enfermedad convirtiéndose en una especie de visionaria que predice si un logo funcionará o no en el mercado. Además, debido a su alergia, viste, come y vive de una forma bastante espartana y monocroma. En una palabra, es minimalista. De hecho, el minimalismo, tan de moda en los últimos noventa y principios de este siglo, puede observarse como una preocupación estilística y temática en la novela. Gibson, que ya tendía a la condensación y eliminación de lo superfluo, afianza esta técnica en sus novelas recientes. Por ejemplo, aunque ha llegado a dominar la alternancia de capítulos con distintos personajes protagonistas de cada uno de ellos, aquí se ciñe al personaje de Cayce Pollard y no lo abandona: todo lo vemos desde su perspectiva, novios con cabeceros de cama de color cucaracha incluidos, y la trama principal es casi la única: primero, el trabajo y luego, el Metraje, sin rodeos ni caminos paralelos. El escenario cambia de Londres, el mundo espejo respecto a Estados Unidos, a Tokio y Moscú.
Los personajes son a la vez familiares y nuevos: Bigend es antepasado de Cody Harwood y Josef Virek. Cayce, de Colin Laney y Marley. Mecenas interesados para artistas utilitarios. Introduce, a su vez, elementos de espionaje que cobrarán mayor protagonismo en las dos novelas posteriores. Aquí los encarnan los personajes de Hobbs y Dorotea, así como Win, padre de Cayce.
Más que realista, la novela es reveladora: la traducción de su título en inglés es "reconocimiento de pautas". Eso es lo que interesa a Bigend y otros para hacer negocio a partir de los intereses latentes en la sociedad. Que sea un publicitario el que mueva la investigación sociológica puede interpretarse como una velada denuncia al mercantilismo de nuestra época, más expresa en las alergias del personaje principal y en su malestar al saber que su sensibilidad está siendo usada para contribuir a que el mundo sea homogéneo, a la globalización. En la medida en que el ciberpunk es un movimiento contestatario y antisistema, su acercamiento a la actualidad debía llevar a la publicidad y la sociología aplicada. Es lógico.


Gibson, William, País de espías, ed. Urano, Barcelona, 2009. Trad. Rafael Marín Trechera.
Spook Country, 2007

En cierto modo, se parece a Luz virtual, ya que todo gira en torno a la búsqueda de un objeto: un contenedor de mercancías. Este viaja de barco en barco sin desembarcar nunca en puerto alguno. Lo que contiene es un misterio que atrae a Hubertus Bigend, el publicista fundador de Hormiga Azul,  y piensa que la mejor para resolverlo es la excantante Hollis Henry. Su búsqueda constituye una de las tres tramas paralelas en que se estructura el libro, abandonado ya el minimalismo de Mundo Espejo. Las otras son la de Tito, joven espía miembro de una familia chino-cubana que habla en ruso, y que es elegido por el misterioso anciano que manda el contenedor por el mundo para que le haga unos trabajos de despiste y un trabajo final; y la última historia es la del agente especial Brown y su "secuestrado" Milgrim, traductor de ruso, enganchado a una extraña droga, que siguen a Tito.  Milgrim es, sin duda, el personaje más opaco del libro. No se sabrá quién es, de dónde sale, qué hacía antes ni qué hace después, aunque lo reencontraremos en el siguiente libro.
La explicación de la trama es un tanto complicada y también, al final, algo absurda, aunque no quiero decirlo aquí para no desvelar nada. Algo que sí parece quedar claro es el ambiente de paranoia y de desconfianza creado tras el 11-S, tema ya aparecido en su anterior libro pero que ahora se manifiesta en una atmósfera policial tensa y artísticamente utilitaria. Este aspecto cobra auge en esta novela. Si ya en la anterior la protagonista lamentaba contribuir a la uniformización del mundo, en esta la desconfianza de Hollis hacia Bigend se acrecienta. No le interesa a Bigend el arte por el arte (aquí el arte es locativo, virtual), sino sus repercusiones publicitarias. Gibson proporciona, dice el texto de la solapa, "una disección aguda e impiadosa de la sociedad actual". Por una vez, los textos de solapa aciertan. La parcela de mundo que nos muestra el autor está dividida en los que mandan y los que son manejados, en los que quieren hacer arte puro (música, "escultura", digamos) y los publicistas que lo mercantilizan todo. Además, dentro de la reducción tecnológica de los últimos textos de Gibson, merece la pena destacar la tecnología que sí aparece, y aquí abundan localizadores y GPS, menos importantes en su aspecto artístico que como elementos de control y seguimiento. Sin duda, esta tecnología ya ha dado que hablar (recordemos la polémica con Apple) y dará más juego en el futuro. Veremos.


Gibson, William, Historia Cero, ed. Urano, Barcelona, 2012. Trad. Rafael Marín Trechera.
Zero History, 2010.

A Bigend (su traje es del azul que se ve a la derecha) le preocupa que alguien esté haciendo uso de su estrategia de antimarketing con ropa vaquera de misterioso origen e inciertos puntos de venta. Para saber quién está detrás, contrata a la protagonista anterior, Hollis Henry que, como en la anterior ocasión, no le informará de lo que descubre, aunque nosotros sí lo sepamos y nos alegremos del reencuentro con personajes anteriores. Por otra parte, la historia se complica porque Bigend quiere parte del pastel de la industria de la moda militar, algo que también persiguen peligrosos personajes de pasado en el ejército dedicados al mercado negro... Esta es, en esencia la trama, la historia que se cuenta. Decir cuál es el sentido ya es más difícil. Definitivamente, el avión que venía del futuro ha aterrizado: estamos en 2010 y adivinar el futuro es, literalmente eso, adivinar, ya que Gibson parece que con cada nueva trilogía se desentiende de la anterior. Si no, el camino sería del Puente al Ensanche. Pero no está tan claro. No hay, como en las dos anteriores novelas, mucha tecnología. Casi toda está en los GPS y móviles. También cámaras, claro, omnipresentes en cualquier ciudad. La empresa de Bigend se va haciendo grande, enorme, pero se dice sin especificar. La crisis, al menos en Londres y Estados Unidos ya ha perdido casi toda su intensidad y se habla de ella en pasado. Pues qué suerte, porque en España seguimos con ella, parece que para rato. Parte del mensaje de Gibson, si no lo entiendo mal, es que el mundo avanza: queda sitio para guerra empresarial y nuevos negocios exitosos. El mundo del espionaje y los personajes intersticiales (por usar una palabra de las suyas), que se mueven por recovecos legales, está muy presente, quizá resultado de ese "espíritu de los tiempos" pos 11-S que se pretende desentrañar. La realidad actual contada con cierto distanciamiento y extrañeza hace que también a nosotros, que la vivimos, más o menos, nos extrañe. Por lo demás, no es un libro que vea como especialmente profundo. Más bien es entretenido, ligero. Parece uno de los que escribió a media trilogía, no al final, ya que deja más interrogantes que aclaraciones. Habrá que ver con qué nos aparece en el futuro: soy incapaz de preverlo. De momento, ha publicado un libro de artículos y ensayos, no de ficción, que no cuenta con traducción española: Distrut That Particular Flavor (Desconfía de ese sabor en concreto).

Además de estas nueve novelas, la obra de Gibson se completa con la novela en colaboración con Bruce Sterling La máquina diferencial y con el volumen de relatos Quemando Cromo, alguno incluido en Mirrorshades: una antología ciberpunk, recopilada por Sterling. Ya hablaré de ellos.



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