domingo, 22 de noviembre de 2015

Nancy Springer

Afirmó Alejo Cuervo -director de la colección "Fantasy" de la editorial Martínez Roca, en el primer libro de Nancy Spriner publicado en España- que un "pequeño problema" que plantea presentar a esta escritora es que "no sabemos nada de ella [...] ni tan siquiera su fecha de nacimiento". Corría el año 1986 y no era tan sencillo como ahora informarse de estos autores a través de internet. Hoy día basta con una sencilla búsqueda para descubrir (en inglés) que Nancy Springer nació el 5 de julio de 1948 en Montclair, Nueva Jersey, EE.UU y que es una prolífica autora con más de cincuenta libros publicados a lo largo de cuatro décadas. 
De esos más de cincuenta libros son muy pocos los publicados en España: hasta que se tradujeron los tres primeros tomos de la serie Las aventuras de Enola Holmes: la hermana secreta de Sherlock Holmes entre 2009 y 2012, no habían aparecido más que El ciervo blanco, El Sol de plata y Apocalipsis. Comentaré esas tres novelas.

Springer, Nancy, El ciervo blanco, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1986. Trad.: Albert Solé. Introducción: Alejo Cuervo.
The White Hart, 1979.

Es esta una novela de menos de 180 páginas en edición de bolsillo, que empieza y termina: demostración de que para escribir fantasía épica, no hace falta irse a los novelones río que llenan las baldas de los aficionados a este género. 
La obra arranca con el rescate de la princesa Ellid a manos de Bevan, un misterioso guerrero que se enfrenta en solitario a la peligrosa misión de pacificar la tierra de Isla. Además de las guerras locales entre diferentes reyes/señores, el mayor peligro viene del sur, donde los oscuros siervos de Pel, en su horrible fortaleza llamada el Pozo, se preparan para hacerse con el control de todo el territorio. 
Además de esta trama, se ofrecen otras: la ambición del padre de Ellid; los celos del primo de Ellid, Cuin, enamorado desde niño de su prima y que ahora se ve apartado por Bevan y la amistad entre Cuin y Bevan una vez que aquel acepta que su prima no será su esposa. Lo principal, sin embargo, es la trama épica: el eterno tema fantástico de la lucha del bien y el mal.
Springer se declara seguidora de Tolkien, por lo que no debe extrañar encontrar concomitancias entre su novela y El señor de los Anillos. Es de agradecer que lo reconozca, no como otros. En su obra hallaremos elfos en su valle idílico (¿no resulta un poco antipático ese desapego de los elfos en las obras de este género?), dragones custodiando tesoros, objetos mágicos (no anillos), caballos (muchos caballos), espadas y espíritus invocados a la lucha por los buenos para vengar sus asesinatos. Todo esto está en Tolkien. Hay cosas que no aparecen, claro, sobre todo hobbits y anillos, que restarían creatividad a Springer (sería demasiado calcado a Tolkien). 
Para mí, lo mejor son las escenas en las ruinas de Eburacon, lugar sagrado antaño; la vieja tejiendo el pasado y el futuro en un claro del bosque (viejo tópico metaliterario de la fantasía que en La historia interminable adquiere la forma de un viejo escribano encerrado en un huevo), la visita a la ciudad de Lyrdion, tomada por dragones, y el poético final, este sí tomado de El Señor de los Anillos: la partida en barco de los elfos a otras tierras. 
El tono es más lírico que épico o, dicho con otras palabras, predomina lo sentimental a lo bélico. El amor, la amistad, la ambición, la camaradería, la justicia, el amor a los animales y la naturaleza llena más páginas que las batallas (afortunadamente), aunque también leemos, está claro, muchos pasajes de hazañas heroicas. 
Los aficionados a la fantasía disfrutarán la obra, ya que reúne suficientes tópicos del género y está lo bastante bien escrita como para contentarlos, a ellos y casi cualquiera. Podría ser un clásico si gozara de más accesibilidad: esta es la única edición que se publicó de la novela. En este blog podemos leer otra opinión sobre El ciervo blanco.

Springer, Nancy, El sol de plata, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1990. Trad.: Albert Solé.
The Silver Sun, 1977, 1980.

No es una continuación strictu sensu de la novela anterior: pueden leerse por separado. Los hechos de El ciervo blanco se mencionan como ocurridos mucho tiempo atrás y tan solo aparecerá un personaje común: la tejedora del bosque, mujer más allá del tiempo.
En esta ocasión, el que recorre Isla buscando su destino es Hal, joven marcado por un odioso padre que le torturó y de cuyas garras se ha escapado precisamente para luchar contra él y su tiranía. En su camino a través del inmenso bosque que cubre más de la mitad de Isla, encontrará un fiel aliado en Alan, otro joven con el que sellará un pacto de hermandad y junto al que luchará y buscará aliados a su causa. El camino, en gran medida iniciático, les deparará no solo batallas, sino también el descubrimiento del amor. La dama de Hal será Rosemary, hija de Pelys, señor de Celydon; y la de Alan será Lysse, una de las pocas elfas que permanecen en Isla, habitante del valle secreto en la cima de la Montaña de Veran.
Los dos amigos deberán luchar, además de contra sus enemigos, contra sus propias desavenencias y personalidades. Se alejarán uno de otro durante un tiempo por el malestar de Alan, preocupado porque no quiere condenar a la mortalidad a su amada (los elfos son inmortales pero deben renunciar a ello si se casan con un mortal).
Aparecen elementos que ya vimos en la anterior novela, como la invocación a los espíritus de los asesinados por el maligno rey Iscovar para que se unan a la batalla por la conquista, recuerdo del reclutamiento por parte de Aragorn de los caídos de Gondor en El Señor de los Anillos. El final es como el del otro libro y como el de El regreso del rey: los elfos abandonando Isla para marchar a "Elwestrand", la tierra más allá del mar. Los nombres élficos y las palabras en ese idioma abundan en este relato más que en el anterior. Sigue habiendo muchos caballos y, por desgracias, han desaparecido los dragones.
Aunque establecer paralelismos entre geografías y cronologías reales y fantásticas es arriesgado y falible, tanto el mapa de Isla como las referencias a que es la última tierra del este y más allá hay otro continente desconocido, llevan a pensar en las Islas Británicas. También la forma del mapa (una especie de triángulo con entrantes y salientes) y, especialmente, la distribución y forma de los ríos recuerda Reino Unido. Respecto a la cronología, las alusiones a los indeseados extranjeros del este, su religión (un hijo de Dios sacrificado por los hombres) y que su principal fiesta es cercana al solsticio de invierno, inevitablemente se relaciona con la llegada del crisianismo a esas tierras, sobre el siglo VII: la llamada "Edad oscura" de la historia de Gran Bretaña, fuente, por tanto, de leyendas.
El sol de plata no es tan brillante, me parece a mí, como El ciervo blanco. Algunos motivos son tratados de manera muy similar (amistad, fidelidad, amor) y han desaparecido elementos tan atrayentes como la ciudad tomada por dragones o los auguirios malditos (Bevan no podría ver el mar o tendría que marcharse, como sucede). En esta novela hay otros augurios, pero son menos ominosos y convencionales. El malentendido entre Hal y Alan, por otra parte, no queda claro.
Pese a todo, ambas novelas son las primeras de una serie de cinco. Seguro que tienen sus seguidores y no pasaría nada por traducirlas y editarlas. Hay libros infinitamente peores circulando por ahí.

Springer, Nancy, Apocalipsis, ed. Ultramar, Barcelona, 1992. Trad.: Albert Solé.
Apocalypse, 1989.

Nada tiene que ver esta novela con las anteriores: no se parecen ni en temática ni en espacio ni en época ni en personajes. Ni siquiera en género, porque si las anteriores eran fantasía épica, esta se sitúa entre los géneros de fantasía y de terror.
El lugar y época están perfectamente identificados: nos hallamos en la pequeña ciudad (inventada) de Hoadley, Pensilvania, EE.UU. La acción transcurre entre los meses de mayo y agosto de 1999. El libro se publicó diez años antes, así que entraría en la etiqueta amplia de "novela de anticipación". Sin embargo, el motivo de que el año elegido sea 1999 es por ser el último del milenio, posible fecha del Apocalipsis (ese que hemos sufrido unas cuantas veces ya, al menos una por milenio).
Hoadley es una ciudad de habitantes con mentalidad mezquina, conservadora, religiosa, obtusa, llena de cotilleos y maledicencias, donde se critica todo lo que se salga de su tradicional modo de vida y exigente etiqueta. Se ve mal, por ejemplo, que las mujeres monten a caballo, que es precisamente lo que impulsa a la protagonista a hacerlo. Cally Wiltimore practica equitación junto a la dueña del establo, Shirley Danyo, la novia de esta: Elspeth y Gigi Wildasin, enferma crónica de cáncer. Estas mujeres, concretamente Cally, serán las primeras en advertir los síntomas de una enfermedad que acabará con el pueblo y el resto del mundo extendiéndose como el Apocalipsis: una extraña plaga de cigarras con caras de bebé. Shirley advertirá de lo que ocurre a las autoridades, que se burlan de ella. Cally se lo dirá a su esposo Mark, empresario de pompas fúnebres, logrando que este la desprecie por algo más que montar a caballo y sufrir de anorexia.
Una trama paralela pero fuertemente imbricada en esta será la de Ahira, mujer despampanante surgida de la nada que atrae a todos los marginados de la localidad y alrededores: deformes, discapacitados, retrasados, lisiados, desesperados... para ofrecerles una solución real: Ahira posee poderes mágicos de curación. Se la relaciona con las cigarras-bebés y con una especie de gólem o zombi sexualmente insaciable que se parece mucho a Barry Beal, el lento ayudante de Mark en el negocio de preparar a los muertos, con una marca de nacimiento escarlata que le marca media cara.
La tensión entre Cally y su marido, las autoridades y Ahira, el pueblo y Shirley y todos con los fenómenos paranormales irán creciendo imparablemente hasta alcanzar unas cotas de tensión insoportables. Los monstruos se multiplican, los muertos salen de sus tumbas, la tierra se llena de agujeros que se tragan medio pueblo, las cigarras-bebé acosan a los habitantes, los inadaptados van creciéndose (su número debe llegar a 666)... Entre tanto, se va descubriendo la historia de Ahira, surge nada menos que el diablo en persona, con el que se ha llegado a un pacto y las cuatro mujeres se convertirán definitivamente en los cuatro jinetes del Apocalipsis: el hambre, la peste, la guerra y la muerte. No será la única transformación: habitantes del pueblo se convierten en monstruos y las peores profecías se cumplen. Si Cally y los demás no hacen algo, el diablo, en realidad las personas de Hoadley, acabará con el mundo.
La novela, cuyos personajes principales son mujeres y se toca de cerca el tema de la maternidad, la vida en pareja y el papel de la mujer en el matrimonio y la sociedad, no es un mero entretenimiento: abarca asuntos tan importantes como la lucha de sexos, la educación de los hijos o la libertad de acción de las mujeres. Nancy Springer introduce, además de estas, otras consideraciones  más literarias, como el poder de las palabras para transformar la realidad de un modo mágico. Se cita abundante lírica anglosajona. Como la edición carece de notas a pie de página, la mayoría pueden escaparse al lector español, pero otras son muy reconocibles, como el famoso poema de William Blake La rosa enferma (The Sick Rose). Algunas están escondidas, si es que son conscientes (p. 254: "Las hileras de casas color marrón rata cubrían las faldas de la colina como viejas harapientas sentadas en unos peldaños". En El mundo perdido, de Arthur Conan Doyle, leemos en el cap. 10 describiendo a pterodáctilos : "Cada uno posado en su propia roca, estaban los horribles machos [...]. Parecían gigantescas viejas sentadas, rebozadas en hediondos mantones de color tela de araña"). Sobre todo, se cita a Dylan Thomas y su inolvidable poema Fern Hill. Hay otros motivos atractivos y curiosos, como la feria abandonada con su tiovivo, los caballitos del carrusel, la manía de los adornitos de jardín o, de más calado: la inutilidad de la venganza y la capacidad de perdón. Reaparece el amor de la autora a los caballos y su aversión a la religión, al menos al cristianismo.
La novela de Springer, ejemplo de esa fiebre milenarista que se adueñó del mundo poco antes del año 2000, es un relato sólido y efectivo con capacidades que van más allá del simple relato entretenido de fantasía negra. Lamentablemente, está descatalogada, pero aún puede encontrarse de segunda mano a buen precio. Puede leerse otra opinión en este blog.



viernes, 27 de marzo de 2015

Grandes clásicos de la literatura infantil y juvenil

No creo que exista un consenso generalizado en lo que debe entenderse ni por clásicos ni por literatura infantil y juvenil. Sin embargo, a nadie chocará que se incluyan los cuentos de los hermanos Grimm, Las aventuras de Alicia, Pinocho o Peter Pan. Lo que ofrezco aquí es una selección de obras que podría ampliarse para dar cabida, por ejemplo, a poemas de Rubén Darío como Sonatina o A Margarita Debayle. También podría incluir títulos más recientes como La historia interminable, la saga de Harry Potter o las divertidas novelas de Christine Nöstlinger. Sin embargo, aquí se muestran lecturas que han entretenido a millones de lectores jóvenes y adultos desde el siglo XVIII.
Las obras reseñadas son:

- Fábulas literarias, Tomás de Iriarte, 1782.
- Las aventuras del Barón de Münchhausen, G. A. Bürger, 1788.
- Cascanueces y el rey de los ratones, E. T. A. Hoffmann, 1816.
- Cuentos, Jacob y Wilhelm Grimm, 1819.
- Cuentos, H. C. Andersen, 1835-1872.
- Las aventuras de Alicia, Lewis Carroll, 1865, 1871.
- Pinocho, Carlo Collodi, 1882.
- El mago de Oz, Frank L. Baum, 1900.
- Peter Pan, James M. Barrie, 1904-1911.
- El viento entre los sauces, Kenneth Grahame, 1908.
- Platero y yo, Juan Ramón Jiménez, 1914.
- El principito, Antoine de Saint-Exupéry, 1943.

Iriarte, Tomás de, Fábulas literarias (1782) , ed. Magisterio español, Madrid, 1980. Edición de Carmen Bravo-Villasante.

Clásico español del siglo XVIII, es de lo poco que se sigue leyendo de un periodo tan denostado, no siempre justamente, en la historia de la literatura española. Este es, como muchos otros, un libro no específicamente destinado al público infantil. Lo pueden leer niños y mayores por igual. Según sea la fábula, se entenderá más o menos la enseñanza del autor.
Hay algunas que todos habremos leído y escuchado infinidad de veces, que se han incluido en prácticamente todos los libros de texto de lengua del colegio, como la fábula del Burro flautista: Cerca de unos prados / que hay en mi lugar / pasaba un borrico / por casualidad... o la de Los dos loros y la cotorra, con su memorable final: ¡Vaya, que los loros son / lo mismo que las personas! Algunas se han convertido en proverbiales, caso de Los dos conejos, parados a discutir si los persiguen galgos o podencos.
Los consejos que pretendía Iriarte son literarios; pero la fuerza de sus fabulas es tal que muchas, como la de los conejos y su moraleja (No debemos deternernos en cuestiones frívolas, olvidando el asunto principal), trascienden el estrecho ámbito de las consejas literarias y las rencillas entre escritores de la época.
Seguramente, este libro sea mejor leerlo en edición ilustrada para niños. Las fábulas son las mismas y se gana en colorido y variedad. No son poesías especialmente sublimes, ni lo pretenden. El ideal de Iriarte, como buen ilustrado, era el de enseñar deleitando, y lo consigue con creces.


Bürger, Gottfried August., Las aventuras del Barón de Münchhausen, ed. Alianza, Madrid, 1998. Trad. e introducción: Miguel Sáenz. Ilustraciones: Gustave Doré.
Münchhausen, 1788.

Consisten estas aventuras en una serie de batallitas sumamente fantasiosas. Aclara la introducción que algunas de ellas puede que se basen en las que contaba el auténtico Münchhausen, soldado alemán de la época (mediados del XVIII). No es, pues, una novela, sino una sucesión de relatos con el mismo protagonista.
Algunos de los pasajes son muy célebres, como el del barón montando balas de cañón o el de cómo sale de un lago tirando de su propia coleta. Al menos una de las historias, la del capítulo XI: Sexta aventura marina, está basada en uno de los cuentos que posteriormente transcribirían los hermanos Grimm, el titulado Los seis criados.
Los relatos de Münchhausen, bellamente ilustrados por Gustave Doré, se leen hoy, me parece a mí, con desigual gusto. Abundan las escenas de caza y de matanza de animales, algunas con imágenes tan grotescas como un oso que explota desde dentro o un zorro al que le tira de la piel hasta volverlo del revés. El paso del tiempo ha transformado eso de gracioso (si es que lo fue) a desgraciado, al menos en un mundo con tantos animales en peligro de extinción y para no amantes de la caza. Asimismo, las narraciones de guerra son algo descarnadas. Para empezar, el Barón aparece luchando en Gibraltar del lado inglés y rebanando de un solo tiro de cañón seis cabezas españolas... Qué decir. Supongo que los extranjeros mostrarán menos desagrado hacia estas batallitas, o esa en concreto, que nosotros.
Con todo, es un puñado de cuentos entretenido que han disfrutado muchas generaciones de jóvenes y adultos y pueden seguir haciéndolo con el valor añadido de la constatación de cómo ha cambiado el mundo, la mentalidad, desde el XVIII hasta nuestros días.


Hoffmann, Ërnst Theodor Amadeus, Cascanueces y el rey de los ratones, ed. Espasa-Calpe, Madrid, 1981. Trad. C. Gallardo de Mesa. Ilustraciones: Karin Schubert.
Nussknacker und Mausekönig, 1816.

La acción de este cuento de Navidad se inicia un 24 de diciembre con los hermanos Federico y María recogiendo sus regalos del abeto navideño que adorna el salón de su casa. María se encariña del feo Cascanueces, al que adopta y al que defiende del ataque del horrible rey de los ratones, un monstruo con siete cabezas. Al caer la niña enferma, su padrino Drosselmeier le cuenta la historia de la rivalidad entre Cascanueces y el rey de los ratones: un cuento insertado en este cuento con la búsqueda de la nuez Kracatuk por el mundo. De vuelta al presente, Cascanueces logra derrotar al rey de los ratones y lleva a la niña a visitar el reino de las muñecas con sus ríos de naranja y de limón, la patria del Guirlache, el país de los Bombones, el pueblo de Mermelada, etc., etc.
Ese es el resumen del relato de Hoffmann. Por internet hay otros que a María la llaman Clara y el argumento es ligeramente distinto porque toman como base el libreto del ballet de Chaikovski, El Cascanueces, una de sus obras más conocidas. Especialmente recordadas son sus piezas "Danza del hada de azúcar" y el "Vals de las flores". Existen muchas grabaciones, algunas tan buenas como esta de Karajan y la Filarmónica de Viena.


Grimm, Jacob y Wilhelm, Cuentos, ed. Magisterio español, Madrid, 1977. Trad. e introducción: Bernd Dietz.
Kinder- und Hausmärchen, 1819.

Muchos de los cuentos más conocidos por todos se encuentran entre los recopilados por los hermanos Grimm. Son los eternos Hansel y Gretel, Pulgarcito, Caperucita Roja, La Cenicienta o Blancanieves entre otros. Pero hay muchos más cuentos que estos. En la edición que preparó Bernd Dietz para la editorial Magisterio español, seleccionó cuarenta relatos entre los que no incluyó aquellos adrede, como señala en el prólogo, por ser sumamente conocidos y accesibles.
Estos cuentos son la base de gran parte de lo que se entiende hoy por género fantástico. Gran parte de los elementos que cobrarían nuevo auge a partir de las novelas de Tolkien se encuentran ya en las historias recogidas por los Grimm en la misma zona geográfica, más o menos, en la que surgieron las sagas mitológicas germánicas de Sigfrido, los nibelungos, valquirias, dragones y demás. 
Aquí los personajes corrientes son reyes poderosos, princesas encantadas, gigantes, príncipes valientes, demonios, ángeles, el mismo Dios, la Muerte, brujas, personas con poderes extraordinarios y pueblo llano en forma de sastres, zapateros, posaderos, molineros y otros. Aparecen objetos como capas de invisibilidad, anillos de los deseos, agua de la vida, plantas que curan cualquier enfermedad, botas transportadoras... Hablan lobos, zorros, cuervos, dragones... Fórmulas como "érase una vez" o "fueron felices y comieron perdices" son habituales. Es decir, son los cuentos por antonomasia: lo primero en lo que cualquiera pensaría al escuchar esa palabra.
Merece la pena releer los conocidos en su versión pura, sin edulcorar o adulterar en alguna de las infinitas versiones a las que han sido sometidos; y merece también la pena leer las historias menos conocidas en su absurda simpleza, su final truncado, su infantilismo o su enredo inverosímil. Forman parte de la cultura no ya alemana, sino universal; por lo menos, española. Volver a las raíces puede deparar sorpresas: ni todos los cuentos son para niños ni muchos son exactamente como los recordamos.

Andersen, Hans Christian, La sombra y otros cuentos, ed. Alianza, Madrid, 1995. Trad. Alberto Adell. Introducción: Ana María Matute. Ilustraciones: Vilhem Pedersens.
Eventyr og Historier, 1835-1872

Algunos cuentos de Andersen son sumamente conocidos y muchos han sido adaptados al cine o la televisión, normalmente en forma de dibujos animados. Sin duda, el más conocido por esta circunstancia es La sirenita. Sin embargo, este autor escribió unos 170 cuentos, muchos de los cuales son casi desconocidos para el lector español. Esta antología, agudamente introducida por Ana María Matute, recoge unos cuantos de esos relatos ignorados, como La sombra o el último del libro: Una historia de las dunas, cuento largo de corte realista, no destinado a niños. Pero sobre todo, reúne cuentos más o menos conocidos, algunos entre los más populares del autor como El encendedor de yesca, La princesa y el guisante, El traje nuevo del emperador, El firme soldado de plomo, El ruiseñor o La cerillera.
Andersen escribió cuentos como nadie. Su estilo, mezcla entre popular y fantástico, atrapa. Sus descripciones, cortas, son sumamente evocadoras. Es capaz de decir mucho con muy pocas palabras, lo cual no es tan sencillo como pudiera parecer. Leemos en La princesa y el guisante: El agua chorreaba por sus cabellos y vestidos y le entraba por la punta de los zapatos y le salía por los talones. No hace falta más.
El patito feo, V. Pedersen
Por otra parte, estos cuentos, incluso dentro de la sensiblería de algunos, no desdeñan temas "poco infantiles" como el paso del tiempo, la vejez, la muerte por amor, la crítica de la hipocresía, la soberbia, la superficialidad, la injusticia, etc. Precisamente, la mayor virtud del autor radica en cómo es capaz de criticar estos vicios sin sermones; simplemente mostrando las acciones y palabras de los personajes y dejando que sean ellos solos los que se califican ante los ojos del lector; o mejor dicho, que sea el lector el que los juzgue, si quiere. Esto lo puede entender un niño, pero mejor lo entenderá un adulto y es por eso que los cuentos no solo se leen en ediciones infantiles. El que abre esta edición, La sombra, es un relato de tema sumamente complejo sobre la pérdida de la personalidad que, desde luego, nada tiene de infantil. Su construcción es, asimismo, muy elaborada, ya que el final es una inversión casi exacta del principio.

Andersen, H. C., Cuentos de Andersen, ed. Juventud, Barcelona, 2000. Trad. Alfonso Nadal. Ilustrado por Arthur Rackham.

Si hay un ilustrador para Andersen, ese es el inglés Arthur Rackham. Esta edición es una reedición de la clásica que Juventud viene editando desde hace más de cincuenta años. Yo poseo un ejemplar, que es el que leía de pequeño, de estos mismos cuentos e ilustraciones del año 1968, y es octava edición. La actual edición es igual en todo, conservando incluso el mismo tipo de letra y paginación, aunque han sacrificado la ilustración del árbol con paraguas charlando con el espantapájaros que abría el libro.
Gerda en Finlandia
Rackham aporta ese toque oscuro que aparece en los cuentos y del que carecen las ilustraciones de Pedersen.
Esta edición, por otra parte, contiene cuentos fundamentales del autor, entre los que se encuentran La reina de las nieves y La sirenita, los cuales no aparecen en la edición de Alianza. Son cuentos largos e impactantes, sumamente originales y reconocidos. Del primero no hay versión audiovisual célebre, lo cual seguramente sea de agradecer si pensamos en cómo la pequeña sirenita danesa se transforma en la película de Disney en una bailarina de salsa "bajo el mar". Divertido, sí, pero espurio. Además de relatos habituales en antologías de Andersen, hallamos también cuentos más largos como La sopa de cuelgasalchichas, El viejo Conciliasueños (Ole Cierraojos en la otra edición), el oscuro El compañero de viaje y Los chanclos de la fortuna. Si tuviera que recomendar una antología de Andersen, sería esta sin duda.


Carroll, Lewis, Las aventuras de Alicia, ed. Anaya, Madrid, 1984. Trad., apéndice y notas: Ramón Buckley. Ilustraciones: John Tenniel.
Alice's Adventures in Wonderland, 1865.
Through the Looking-Glass, and What Alice found there, 1871.

Seguramente este sea, junto con El Principito, el relato destinado a lectores infantiles/juveniles más leído por adultos, no solo anglosajones; en España también encontramos bastantes ediciones destinadas a este público adulto, algo inaudito en una novela que, además, no soporta bien las traducciones por sus abundantes juegos de palabras y referencias a la cultura inglesa de la época victoriana.
En el primer libro Alicia cae por el tronco de un árbol a un mundo repleto de animales habladores y naipes personificados gobernado por la caprichosa Reina de Corazones. Alicia lo recorre cambiando de tamaño cada dos por tres, encontrándose con unos animales a los que casi ahoga con su llanto; con el gato de Cheshire, que aparece y desaparece; con la oruga en la seta; con la Duquesa fea; los inolvidables locos de la Liebre de Marzo y el Sombrerero en su eterna hora del té y, por último, con la Falsa Tortuga y el Grifo.
Alicia es llevada de un sitio a otro entre estos estrafalarios personajes, los cuales la abruman con su falta de lógica o, mejor dicho, por su ilógica aplicación de la lógica a todo. Ya hay juegos de palabras y parodias de poemas, canciones y referencias culturales varias de la época. Los personajes cuentan relatos fácilmente olvidables porque son, en cierto modo, anticuentos; narraciones absurdas, sin pies ni cabeza, que juegan además con los dobles sentidos de las palabras (inglesas, claro). El Lirón, por ejemplo, cuenta la historia de tres hermanas que vivían en el fondo un pozo de melaza y solo se dedicaban a dibujar/extraer ("draw") cosas que empiecen por la letra M (-¿Y por qué con la M? -preguntó Alicia. -¿Y por qué no? -saltó la Liebre de Marzo. Alicia se calló) como "Más o Menos lo Mismo" / "mismamente de la misma magnitud" ("much of a muchness"). Sigue el diálogo delirante. Empieza el Lirón: -Por cierto, ¿sabrías tú dibujar Más o Menos lo Mismo? -Pues ahora que lo dice -repuso Alicia un tanto confundida- creo que debe resultar bastante difícil... -Pues entonces... ¡de qué hablas! -repuso con suficiencia el Sombrerero.
La pobre Alicia, única cuerda entre tanta locura, se pasa el libro entre enfadada y atraída, intrigada y curiosa por lo que ve y oye. Quizá por eso se ha tomado como modelo de tantos y tantos libros didácticos. Por ejemplo, el de la imagen de Robert Gilmore sobre física cuántica.
A través del espejo se estructura como una partida de ajedrez en la que Alicia va avanzando por el tablero como peón hasta el final, en que se corona reina. En esta aventura, en la que Alicia sabe que está soñando, o eso cree, se acentúa el nonsense, ese peculiar presurrealismo inglés. Aparecen al menos tres personajes sacados de canciones infantiles: los gemelos Tweedledum y Tweedledee y Humpty Dumpty, el huevo sentado en un estrecho muro. Esta parte del libro les encanta a los lingüistas, especialmente a los semantistas/pragmáticos, por este diálogo: -Cuando yo uso una palabra, esa palabra significa exactamente lo que yo decido que signifique... ni más ni menos. -La cuestión es saber -dijo Alicia- si se puede hacer que las palabras signifiquen cosas diferentes. -La cuestión -zanjó Humpty Dumpty- es saber quién es el que manda.
Lo reproduce David Crystal en su Enciclopedia del lenguaje y, en España, al menos lo emplea la catedrática de Lingüística General Mª Victoria Escandell en su Introducción a la pragmática, que reproduce en sus primeras páginas el diálogo citado. En su novela Un Lun Dun,China Miéville recreará este diálogo, esta vez con Deeba como Alicia y don Parlante como Humpty Dumpty.
Alicia cree que sueña y que todo es objeto de sus sueño; pero los gemelos Tweedledum y Tweedledee son de otra opinión. Según ellos, Alicia está siendo soñada por el Rey Rojo: -Ahora está soñando -dijo Twedledee-. ¿Y en qué crees que sueña? [...] -Sueña contigo [...]. Y si dejara de soñar contigo, ¿dónde crees que estarías? -Pues donde ahora estoy, claro -dijo Alicia. [...] -Si el rey aquí presente se despertara -añadió Twedledum-, te apagarías [...]. Como sabes muy bien, no eres real. -Sí que soy real -dijo Alicia echándose a llorar. El diálogo es de una cierta profundidad y entronca con algunos experimentos literarios de la anterior época romántica y de las  vanguardias posteriores.
Por último, Alicia se encuentra hacia el final del tablero con un caballero parecido a nuestro don Quijote. Alicia, única cuerda en un mundo de locos, es lo opuesto al caballero, único loco en un mundo de cuerdos, aunque esto no siempre es así, ni en Alicia ni en don Quijote, y ambos se complementan bastante bien.
Sin duda, Alicia supera el mundo infantil con creces. Sus niveles de lectura son muchos, desde los más elementales a los más rebuscados. Como siempre, lo mejor es disfrutarlo por uno mismo sin más etiquetas.

Collodi, Carlo, Las aventuras de Pinocho, ed. Alianza, Madrid, 1990. Trad. Mª Esther Benítez Eiroa.
Ilustraciones: Attilio Mussino. Prólogo de Rafael Sánchez Ferlosio.
Le avventure di Pinocchio, 1882.

Leer Pinocho antes o después de ver la película es constatar cuánta diferencia puede existir entre el libro y su adaptación, nunca mejor dicho, cinematográfica de Walt Disney. El libro es una sucesión de episodios-capítulos no del todo inconexos pero sí con bastante autonomía unos de otros. En origen, el libro se fue publicando por entregas durante dos años y, por eso, o por adecuar más el relato a los lectores pequeños a los que se dirige, el autor divide su obra en muchos capítulos, algunos bastante cortos. La película no respeta tanta variedad, centrándose en varios episodios centrales.
Pinocho, que es un niño/muñeco travieso y díscolo, se mete en todos los fregados que puede, ya sea por divertirse, por no ir al colegio, por pelearse, por ser objeto de bromas o ya sea por calmar sus remordimientos. Se suceden los episodios de rebeldía y los de arrepentimiento, anulados por la siguiente travesura de Pinocho, que vuelve a las andadas.
Se interpreta a menudo como una obra moralista, y algo tiene, pero no es empalagoso ni agobiante. El Grillo-parlante, personaje ya prototípico de la voz de la conciencia (al que por cierto no se llama "Pepito Grillo" en ningún momento), aparece en el capítulo IV para decirle un par de cosas a Pinocho, a este no le gustan y se lo carga de un mazazo: El pobre grillo casi no tuvo tiempo para hacer cri-cri-cri, y después se quedó en el sitio, tieso y aplastado contra la pared. Luego, al muñeco lo ayudará el Hada. No obstante, Pinocho sigue haciendo de las suyas y el relato avanza, decía, de este modo: trastada - arrepentimiento - nueva trastada - nuevo arrepentimiento, etc.
Hay al menos dos episodios muy conocidos de Pinocho. El primero, ocurrido en el capítulo XVII es cuando miente al Hada y por esto le crece la nariz (Las hay de dos clases: las mentiras que tienen las patas cortas y las mentiras que tienen la nariz larga). Pocas situaciones literarias han tenido tanto recorrido fuera de un libro como esta, la de decirle a alguien que le va a crecer la nariz por mentir, y que yo sepa es invención de Collodi, al margen de que realmente ocurra y que, efectivamente, se conozca como "efecto Pinocho".
El otro es el de la estancia en el País de los Juguetes, un lugar donde los niños no tienen nada más que hacer que jugar y divertirse de la mañana a la noche. Maravilloso si no fuera porque se convierten en burros. Este episodio ha inspirado al menos otro de los libros comentados en este blog: El ladrón de días, de Clive Barker.
Pinocho es un libro que merece la pena conocer. No solo por sus cualidades intrínsecas, sino también por lo que han dado de sí ciertos pasajes.
Por último, el prólogo de Rafael Sánchez Ferlosio poniendo a parir la obra (él, que tanto debe a la narrativa italiana fantástica para niños) y la nota preliminar de la traductora, Mª Esther Benítez, diciendo que si alguien consiguió hacernos desagradable la figura de Pinocho, fue Disney; con su almibarada fantasía y su omnipresente sadismo, toda figura de la literatura infantil que tocó Walt Disney quedó corrompida para siempre en la mente de los niños que la sufrieron, no tienen desperdicio. Desde luego, si alguien sigue leyendo el libro después de esas presentaciones, es que está verdaderamente interesado en ello.


Baum, L. Frank, El mago de Oz, ed. Alfaguara, Madrid, 1982. Trad. Gerardo Espinosa. Ilustraciones: W. W. Denslow.
The Wonderful Wizard of Oz, 1900.

Esta edición incluye al final un valioso prólogo de Martin Gardner en el que enumera los libros y productos asociados a Oz. Baum escribió en total catorce libros sobre Oz, este incluido. De las tres películas que reseña, dos son mudas, de 1910 y 1925 y la tercera es la maravillosa obra dirigida por Victor Fleming y protagonizada por Judy Garland, de 1939, que perdura en la memoria de todos los que la hayan visto. Como las película es ligeramente distinta al libro, resumiré su acción, aunque sea de sobra conocida.
El libro puede dividirse en tres partes. La primera: un ciclón se lleva la casa de Dorothy por los aires con ella y su perro Toto dentro. Aterrizan sobre la Malvada Bruja del Este, de la que solo se conservan sus zapatos de plata (en la peli son rojos), los cuales se queda Dorothy. Los habitantes del país de los Mascones le aconsejan ir a la Ciudad Esmeralda a ver al poderoso mago para que diga a Dorothy cómo volver a Kansas con sus tíos. La niña, que va a la ciudad siguiendo un camino de baldosas doradas (Follow the Yellow Brick Road le cantan en la peli), forma una pequeña comitiva en su camino. Se encuentra primero con un Espantapájaros que quiere sesos, luego con un Leñador de hojalata que quiere un corazón y por último, con un León que quiere valentía. Yendo hacia la Ciudad Esmeralda les suceden contratiempos: deben salvar un par de barrancos, enfrentarse a los Kadilahs (mitad oso, mitad tigre), vadear un ancho río y vencer el sueño de las letales amapolas. En todas estas aventuras el Espantapájaros aplicará su sabiduría y prudencia; el Leñador su sensibilidad y el León su coraje. Curiosamente, la que menos evolucionará será Dorothy.
Segunda parte: llegan a la Ciudad Esmeralda, piden audiencia al mago y aquí hay que tener en cuenta que en el libro, a diferencia de la película, se produce el encuentro con el mago hacia la mitad del relato. El mago les promete ayuda a todos si estos acaban con la Malvada Bruja del Oeste.
En la sección central, Dorothy y sus amigos van al Oeste. Son capturados por los Monos Alados que envía la Bruja, esta los esclaviza, la niña logra acabar con la bruja, vuelven a la Ciudad Esmeralda y descubren que, en realidad, el mago es un señor de Omaha. Supongo que se referirá a la ciudad más populosa de Nebraska (hay cuatro Omahas en EE.UU)... A partir de ahí, el mago pasa a ser llamado el "Gran Farsante". No obstante, ayudará a los amigos: proporcionará sesos al Espantapájaros, corazón al Leñador, valentía al León y ayudará a Dorothy a volver a casa en un globo que hacen ellos mismos. Pero la niña se entretiene por culpa del perro y se queda allí.
Este es un momento narrativo interesante, ya que se produce un anticlímax importante: desaparece el mago de Oz y Dorothy es la única que se queda varada. Acabaría mal, o regular, si finalizara aquí (final distélico o atélico, que se llama en teoría narrativa). Pero la historia continúa.
En la tercera parte, la niña y sus amigos se dirigen hacia el sur para pedir ayuda a la Buena Bruja del Sur, Glinda. Por el camino atraviesan "el delicado país de porcelana" y el de los Cabezudos. El León se convierte en rey de los animales y, por último, Glenda ayuda a Dorothy a regresar a su casa gracias a los zapatos de plata. Este final también es distinto al de la película, ya que en el libro la niña sí que ha estado fuera todo el tiempo y regresa. En la película lo arreglan todo con el socorrido recurso del sueño.
Es un libro que seguramente guste a cualquier niño por sus aventuras y emociones en juego. Yo diría que su trasfondo es menor que el de otros relatos comentados aquí; pero sí puede destacarse el mensaje del "ayúdate a ti mismo". Existe ayuda externa, y sobrenatural (al fin y al cabo es un "cuento de hadas"); pero es escasa y casi de placebo. Prácticamente todo lo que resuelven Dorothy y sus compañeros es por ellos mismos, gracias a su esfuerzo y su trabajo. Este mensaje, como todos, puede leerse en clave política y relacionarse con la cultura del esfuerzo y del capitalismo estadounidense. Más allá de esto, a muchos niños y adultos les viene bien este "baño de realidad" y cultura del propio trabajo. También destaca el tema de la diferencia entre realidad y apariencia y cómo esta es manipulable y engañosa. Por lo demás, el libro es muy agradable de leer y la película es, a su manera, una joya.

Barrie, James M., Peter Pan y Wendy, ed. Valdemar, Madrid, 2001. Trad. Mauro Armiño.
Ilustraciones: Arthur Rackham, Mabel Lucie Attwell, Flora White, F, D, Bedford.
Peter Pan and Wendy, 1904-1911.

Peter Pan es el único niño que no ha crecido nunca, que vive siempre en ese paraíso perdido de la infancia feliz y despreocupada; el único que ha logrado detener el tiempo. No solo eso, sino que además vuela, es amigo de las hadas, combate contra los piratas y lo adoran los pieles rojas. El libro narra parte de las aventuras que vive en su isla, Nunca Jamás, en compañía de tres niños que disfrutarán durante un tiempo de esa mágica parada del reloj y de esos poderes: los hermanos Darling: Wendy, John y Michael. Los niños gozarán una escapada de ida y vuelta a la isla y luego crecerán y olvidarán a Peter, como hacemos todos. Todos menos Wendy. Porque la desgracia que anuncia la novela en su primera página y en su primer párrafo es que Los dos años son el principio del fin. ¡Y nosotros quejándonos desde los treinta!
Capitán Garfio, de F. D.  Bedford
Leído de niño o joven, Peter Pan seduce por sus aventuras, por los niños perdidos que viven en un hogar bajo tierra y vuelan, por los piratas, las sirenas, las hadas, los pieles rojas, el cocodrilo que se tragó un reloj y las luchas vertiginosas. Leído de mayor, todo eso permanece, pero llama la atención ese lúdico presurrealismo inglés que convierte a un perro, Nana, en una niñera con su paga y sus días libres, con más sentido común que los humanos, y que hace que el señor Darling se mude a la caseta de ese perro, de Nana, y se haga llevar a su trabajo dentro de ella, rodeado de admiradores y curiosos. Una escena esta más propia de un programa de televisión actual que de un cuento victoriano (o eduardino o jorgino). También llama la atención la tremenda violencia de sus páginas: las luchas son a muerte, hay mutilaciones y Campanilla intenta matar a Wendy casi desde el principio por celos. Esto no aparecería en una novela infantil actual. Tampoco el papel de Wendy, una niña que ejerce de madre desde el principio; cocina, zurce, envía a la cama, limpia y se ocupa de todas las "tareas femeninas". El sexismo es atroz. Pero una obra literaria no es solo hija de su autor, sino también de su época. Como dije a propósito de Las aventuras del Barón de Münchhausen, una de las muchas lecturas que admite el libro es la del cambio de costumbres operado en un siglo. Pero seguro que no es esa la mejor lectura. Lo mejor es aprovechar la oportunidad que Barrie dio a los Darling de parar el tiempo y retroceder nosotros también a nuestra infancia; ser los niños y Peter por un momento, el que dura la lectura de esta obra. Luego, volveremos a nuestras vidas crecidas como volvieron los niños perdidos a las suyas. Leemos en el último capítulo: Podéis ver a los Gemelos, a Nibs, a Curly, dirigiéndose todos los días a la oficina [...]. Michael es maquinista [...]. Y ese barbudo incapaz de contar la menor historia a sus hijos fue John en otro tiempo. El cuento acaba así, para ellos y para todos. Pero Peter siempre nos espera si creemos en él y no lo olvidamos. Es triste que en la última página Wendy sea ya una abuela de pelo blanco, pero Peter volverá a por su nieta y así seguirá siendo por los tiempos de los tiempos, mientras los niños sean alegres, inocentes y sin corazón.

Grahame, Kenneth, El viento en los sauces, ed. Anaya, Madrid, 1983. Trad. Lourdes Huanqui. Ilustraciones: Harry Hargreaves. Apéndice y notas: Jeremy Baker.
The Wind in the Willows, 1908.

El protagonista de uno de los más terroríficos cuentos de H. P. Lovecraft es el joven heredero de una mansión en la que no dejan de ocurrir extraños fenómenos (olores, ruidos, una "presencia", desapariciones misteriosas, etc.). El personaje, sumido en ese ambiente ominoso, solo puede conciliar el sueño leyendo por las noches El viento entre los sauces. Este libro posee un efecto enervante, tranquilizador, debido a sus continuas referencias al hogar de cada uno como su refugio sagrado, a la naturaleza edénica y a la práctica real de la amistad entre los personajes. El Topo, la Rata, el Tejón, la Nutria y el Sapo siempre están dispuestos a ayudarse unos a otros en la adversidad y a pasárselo bien juntos en los buenos tiempos (la primavera y el verano). Nada malo puede suceder a unos amigos tan unidos, y menos en su bosque y su río.
Podría parecer un libro un poco soso, carente de acción, por sus primeros capítulos, muy descriptivos; pero el autor supo estructurar muy bien su relato alternando estos episodios de la naturaleza en sus diferentes estaciones con otros capítulos de acción protagonizados casi todos por el Sapo, entrañable personaje que pasa en segundos del arrepentimiento a la fanfarronería. La parte central de la novela la ocupa el relato de cómo el Sapo descubre su pasión por los automóviles y circula como un loco por los caminos. Sus amigos lo recluyen en casa para evitar males mayores, pero él escapa y roba un coche. Lo pillan y encarcelan, pero la hija del carcelero le ayuda a huir disfrazado de lavandera. Mientras regresa a su casa, se arrepiente a ratos y a ratos también vuelve a las andadas. Engaña a todo el que puede y le pierde su genio, que a punto está de hacerle regresar a prisión... La narración de las aventuras del Sapo es magnífica: su tipo, sátira de la clase social alta inglesa de la época, lo borda Grahame y las acciones son verdaderamente hilarantes por momentos.
El relato de la huida y regreso de Sapo enmarca el capítulo "El flautista en el umbral del alba", sobre la búsqueda del hijo de la Nutria. La Rata y el Topo lo encuentran en compañía del dios Pan en una isla "bordeada de sauces" en el río. Este pasaje nos ofrece la clave del título. El viento es el de Pan, la brisa del amanecer que transporta su melodía de flauta a toda la naturaleza inmaculada, salvaje, no humana. La Arcadia en la Inglaterra victoriana: ese es el ideal del libro, el que le da su sentido. Y si eso puede darse en ese lugar y época, puede darse en todos los que elija el lector. Al aterrorizado personaje de Lovecraft lo trasladaba a la Arcadia, el Edén pagano, lo mismo que puede trasladar a cualquiera que aproveche su tiempo en leer o releer esta obra de arte.


Jiménez, Juan Ramón, Platero y yo (1914), ed. Aguilar, 1967. Ilustraciones de Rafael Munoa.

Cumplirá 101 años en diciembre de 2015, una edad temprana para una obra literaria, y ya es el tercer libro más traducido del mundo, por detrás de la Biblia y el Quijote. Su autor no lo concibió específicamente para niños. De hecho, quien haya leído sus "libros amarillos", sea directamente, en antologías o en ese maravilloso tesoro tardío de Leyenda, encontrará bastantes similitudes entre esos poemas, repletos de jardines, flores, nubes, mariposas de colores, pinares, dehesas y naturaleza en general con los capitulillos de Platero. El primero, por cierto, lo conocemos generaciones y generaciones de españoles, yo diría que de memoria o casi: Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no tiene huesos... En Platero, se lea en versiones cortas o completas, encontramos de todo. Lo que menos, narración, y hay que tenerlo en cuenta para no decepcionar al lector que busque aventuras en él: no las hay. Lo que más: descripciones poéticas de la naturaleza moguereña y de sentimientos asociados a ella. Pero también menudean las reflexiones. Algunas, "para niños" o "para todas las edades", más o menos. Leemos en "El canario se muere": Platero, ¿habrá un paraíso de los pájaros? ¿Habrá un vergel verde sobre el cielo azul, todo en flor de rosales áureos, con almas de pájaros blancos, rosas, celestes, amarillos? (A mí me recuerda ese pasaje del Eclesiastés, 3:21: "¿Quién sabe si el aliento del hombre sube hacia arriba y el aliento del animal baja a la tierra?"). Otras, no tan para niños, e intercaladas en el texto como microcríticas literarias. En ese mismo capítulo: "Se ha muerto porque sí", diría Campoamor, otro canario viejo... O recordando nada menos que versos de Shakespeare: En "Antonia": O happy horse, to bear the weight of Antony!
A los aficionados como yo a la obra ramoniana, tan extensa, les puede divertir encontrar referencias reales a los capítulos de Platero. En Por el cristal amarillo, otro de sus inigualables libros de prosa poética, leemos, capítulo 27, el origen de El canario se muere. En ambos hay referencias a los locos y la locura, etc. Pero no hace falta recorrer la obra de JRJ para disfrutar de la lectura de Platero. Es sencillo y claro, además de una preciosa joya disfrutable por cualquiera y a cualquier edad.


Saint-Exupéry, Antoine de, El Principito, ed. Palabra, México, c. 2000. Trad. ¿Georgina Greenham? Ilustraciones del autor.
Le Petit Prince, 1943.

Un piloto cuenta en pasado su accidente de avioneta en el desierto del Sahara. Allí se encuentra con un extraño niño, el principito, que le hace compañía mientras arregla el motor. El principito viene de un pequeño astro, el asteroide B 612. Allí no tiene más compañía que una rosa de la que se ha enamorado y se dedica a las sencillas tareas de protegerla, deshollinar los volcanes, limpiar el suelo de brotes de baobab y ver anochecer cuantas veces quiera. El niño, de visita por los asteroides 325 a 330 se encuentra con que cada uno de ellos está habitado por un hombre, representante de un  tipo humano. Estos son: un rey necesitado de súbditos, un vanidoso sin aduladores, un borracho atrapado en su vicio, un hombre de negocios que solo mira el dinero, un farolero (clase trabajadora sin tiempo para descansar) y un geógrafo que no sale de su despacho nunca: el sabio en su torre de marfil.
C. Powell en flickr
Además de estas experiencias, ya en la Tierra el principito aprende y enseña al piloto unas cuantas sencillas lecciones olvidadas por las personas al crecer, como el valor de la amistad / amor gracias a un zorro que le dijo al principito: Mi vida es monótona [...]. Pero si tú me domesticas, mi vida se llenará de sol [...]. Solo se conocen las cosas que se domestican -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas hechas a los comerciantes. Y como no existen comerciantes amigos, los hombres ya no tienen amigos. El resumen lo aclara después: Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. Ese parece ser uno de los principales mensajes de la novela. La búsqueda de la sencillez es otro derviado de este. Dice el adulto: Cuando era niño, las luces del árbol de Navidad, la música de la misa de medianoche, la dulzura de las sonrisas formaban todo el resplandor del regalo de Navidad que yo recibía. -En tu tierra -dijo el principito- los hombres cultivan cinco mil rosas en un jardín... y no encuentran lo que buscan. -No lo encuentran... -respondí. -Y pensar que lo que buscan podría encontrarse en una sola rosa o en un poco de agua... -Seguramente -respondí.
Es posible que esta filosfía naif, bella, trascendente; este canto a los sentimientos sobre lo utilitario y al placer de la belleza, la contemplación y el amor sobre la soberbia; del agua sobre el vino, por usar imágenes del libro, sea lo que ha cautivado a tantos y tantos lectores de esta obrita, leída tanto por niños como por
adultos.
Por otra parte, este es un hermoso relato que, como Alicia, debe fascinar a cierta clase de lingüistas, porque se ha traducido a infinidad de lenguas y hablas. Puede verse en este curioso sitio. Dentro de España, destacan algunas tan singulares como el mirandés, valenciano, extremeño "estándar" y fala de Xálima, ¡ladino judeoespañol!, aranés o astur-leonés varios. Por no hablar de egipcio antiguo, alemán medieval, latín o sánscrito. Desde luego, el que no lo lee en "su" lengua es porque no quiere.

The Little Prince, de Rinian en Deviant Art



miércoles, 17 de septiembre de 2014

Algo de CF española

Comentaré en esta entrada algunos títulos de ciencia ficción escrita por autores españoles, sean antiguos o recientes, de novela o cuento, sin ánimo de ser exhaustivo ni completo, ni siquiera panorámico. Es posible que entre estas obras se encuentren algunas de las mejores novelas de ciencia ficción española; si bien también lo son algunas que no aparecen aquí, y no pretendo establecer tal ranking, siempre personal. Iré de más reciente a menos. Los títulos son:

- Con otros ojos, Fabián Plaza Miranda, 2011                               
- Ciudad sin estrellas, Montse de Paz, 2011
- El dragón estelar, Víctor Conde, 2007                     
- Las fuentes perdidas, José Antonio Cotrina, 2003    
- Estado crepuscular, Javier Negrete, 2003            
- 6, Daniel Mares, 2003   
- El señor de la rueda, Gabriel Bermúdez Castillo, 2003 (1979)
- El país del pasado, Gabriel Bermúdez Castillo, 2003
- Nueva Lisboa, José Antonio Millán, 1995
- Temblor, Rosa Montero, 1990
- Lo mejor de la ciencia ficción española, Domingo Santos (editor), 1982

Plaza Miranda, Fabián, Con otros ojos, ed. AJEC, Granada, 2011.

Cuando miraba por internet algo de la editorial AJEC para preparar esta entrada, me he encontrado con que cerró en 2012 y que lo hizo de mala manera. En algunos blogs podemos ver la cara y la cruz del cierre. Solo diré que para los lectores siempre es una pena el cierre de editoriales. 
Respecto al libro, debo decir que me ha parecido una obra primeriza en la que se juntan aciertos y errores. Me han gustado un par de cosas y me ha chirriado otro par. En primer lugar, la base de ciencia ficción (a saber: el uso generalizado de la telepatía obtenida mediante la implantación de unos nanos transmisores y receptores en el cerebro) sirve para sustentar una novela negra-policíaca. El protagonista, Raimón Wang, es un policía cuya misión es resolver un asesinato. En tiempos de tepé (telepatía), los asesinatos y demás crímenes se resuelven en segundos: basta con que un policía autorizado, como nuestro protagonista, rastree la mente de los sospechosos, sus recuerdos, para dar con el culpable. Pero en este caso no es así. No aclararé el final; solo diré que el argumento recuerda muchísimo al guion de Scott Franck y Jon Cohen para la película Minority Report, del año 2002, dirigida por Spielverg (no hablo del relato de Dick porque no lo he leído, sino del guion). Al escritor se le preguntó por Philip K. Dick en esta entrevista (segunda pregunta) pero no aclaró ese aspecto... Retomando: una base de ciencia ficción sustenta una historia policiaca, y ahí entramos en conflicto de géneros. Es decir, al que no le guste la novela negra-policiaca, no le acabará de satisfacer esta novela, que es lo que me ha pasado a mí. Al que le guste ese género, supongo que le gustará más. En todo caso, es un matrimonio habitual, pero para mi gusto, fallido. El autor dice que en realidad tampoco es una novela detectivesca, sino que plantea al lector "temas controvertidos sin notar la maniobra". Bueno, yo creo que sí se nota la maniobra, y mucho, porque esos temas los introduce abiertamente en la novela como fuente de conflicto para los personajes y la sociedad. Eso no es sutil, precisamente. 
También me chocan los diálogos: entre personajes que se acaban de conocer se utiliza una familiaridad al hablar que yo encuentro excesiva. Por ejemplo, en la página 105 el policía, entre los treinta y los cuarenta años, interroga al principal sospechoso, importante político y ejecutivo cincuentón o sesentón, por primera vez. Leemos: Le digo que antes querría hacerle unas preguntas. Me dice que eso es una chorrada [...] -Pues trátala como una investigación privada, carajo. A ver, pregunta de una vez. [...] -Yo qué sé. Mira, hijo, la única relación que tuve con ese loco fue un pequeño micado en el que me estuvo soltando sus tonterías apocalípticas. Ya fui bastante amable escuchando sus chorradas. En la página 166-167 Wang habla con la viuda del asesinado por segunda o tercera vez. Han salido a cenar una vez, pero no son amantes ni amigos: -No te hagas la tonta, por favor [...] -Estás siendo un maleducado. -Déjate de chorradas [...] -¿De qué cojones hablas? [...] ¡Así que habla claro, joder! El diálogo es, en el mejor de los casos, teatral: requiere actuación para ser verosímil. Yo creo que en una novela conviene dar nota de indicaciones referentes al movimiento de los personajes y su estado de ánimo, porque si no, se ve forzado.
Por último, más allá de minucias, hay muestras del gran fallo en literatura, que es la pérdida de coherencia interna, la contradicción entre lo que se dice antes y después. Página 10: Tengo que caminar durante al menos veinte minutos. Una eternidad. [...] La alternativa es usar mi coche. Pero corría el mismo riesgo de desguace y yo considero una molestia tener que estar pendiente de él.
Página 73: Yo acompaño a Diana y Sol a buscar su coche. Son así. Utilizan coche incluso para desplazarse en ciudad. Es una de las múltiples afectaciones que tienen mis amigos. La mayoría de la gente preferiría ahorrarse los gastos de aparcamientos e impuestos y usar los mags, que te llevan casi a donde sea. Puerta a puerta. O haría como yo y usaría coches de alquiler.
¿Tiene coche o no? A mí esto me recuerda a lo del burro de Sancho Panza; pero el siglo XXI no es inicios del XVII y Fabián Plaza no es Cervantes (no lo es nadie, de hecho). Este error, la incoherencia, es grave.
Por último, la inclusión de los shars es magnífica. Es una comunidad de gente cuya mente está constantemente abierta a los demás, compartiendo todo conocimiento, recuerdo y experiencia, anulando su personalidad para sumarse a la global, identificándose con un único nombre todos y cada uno de ellos: Noa Nunc (¿anagrama de Nunca No?). Es un añadido genial que creo, en mi humilde opinión, que es una línea temática original y que puede dar mucho juego, no necesariamente con planteamiento policiaco. Me recordó a un cuento de Silverberg: Nave-hermana, Estrella-hermana, incluido en Juegos de Capricornio, 1979.
La portada del libro merece un vistazo detenido. Es muy buena.

De Paz, Montse, Ciudad sin estrellas, ed. Minotauro, Barcelona, 2011.

Aunque la leí hace tiempo, la recuerdo con agrado. La novela trata sobre un chico, Perseo Stone, ciudadano de la inmensa Ziénaga, urbe subterránea de la que nadie sale por miedo, desconocimiento y prohibición. La madre de Perseo salió y contagió a su hijo el deseo de libertad antes de que la atraparan y encerraran. El chico quiere salir también a ver las estrellas, lo cual acabará haciendo...
Es una novela de desarrollo lineal, escrita en un estilo sencillo y con pocos personajes fieles a su papel. Se lee con facilidad y deja buen recuerdo. Los personajes, eso sí, son algo planos y esquemáticos, y me pareció detectar un cierto poso a novela rosa en las descripciones y en la historia de amor entre Perseo y Amanda, la dueña de un lujoso burdel al que acuden el protagonista y sus amigos. Esto, que en otras manos sería más bien zafio o bajuno, aquí da pie a un romance un tanto a lo Pretty Woman, aunque la rica es ella. Los toques rosas a la CF no molestan si se usan moderadamente, como lo hace esta autora o, por poner el ejemplo más conocido, Catherine Asaro, en sus dos libros traducidos al español: Rosa Cuántica e Inversión primaria.
A juzgar por sus ediciones y que ha salido en bolsillo, parece que ha tenido éxito. La sencillez, en este caso, ha dado su fruto. Para mi gusto, es demasiado sencillita, casi como si fuera, además de algo rosa, juvenil. En fin. Pero ya dije que se lee bien y deja buen sabor de boca.

Conde, Víctor, El dragón estelar, ed. Timun Mas, Barcelona, 2007.

Podría pertenecer a la saga de Las crónicas de Riddick, de la cual ha tomado uno de sus personajes principales, Erik Draven, que se corresponde al personaje interpretado por el actor Vin Diesel; ha tomado también a los malos: los necrógagos, llamados en la novela los "quimerianos". También aparecen "elementales". El argumento general es muy parecido al de la segunda película de la saga Riddick: el solitario Erik Draven busca vengarse de los quimerianos por motivos personales, no porque estos se estén adueñando del universo. Casualmente, se unirá a la capitana Ronin Telser, varada en un extraño planeta, Furiony (en la peli, Riddick era un "furiano"). La capitana y su tripulación han descubierto en ese planeta unas extrañas "tecnoentelequias" (genial esa palabra, original de Conde por lo que parece) relacionadas con antiguas divinidades élficas, y eso atrae la atención de la Quimera...
Riddick, por GNRforever
La primera parte de la novela bulle en acción continua: espionaje, luchas, huidas, exploraciones, misterios, mutaciones, raptos... La segunda parte, más original, introduce la sociedad legendaria de las Damas dragón, aladas, en lucha secular con los quimerianos.

La novela resulta muy entretenida, ágil y banal, pero divertida. Muy atinado el cambio de ritmo, personajes y ambientación de la segunda parte, ya que si no, corría el riesgo de cansar. Se lee bien (o se leería: está descatalogada) pese (o porque) a ir dirigida a adultos jóvenes. De hecho, la mezcla de Riddick con elfos y enanos además de parafernalia varia de ciencia ficción se acerca peligrosamente a un totum revolutum en el que, afortunadamente, no se ahonda.


Cotrina, José Antonio, Las fuentes perdidas, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2003.

Magnífico ejemplar cazado en una de las primeras (quizá la pirmera) liquidaciones de esta editorial a un precio que era como un tercio del original.
Incluyo aquí esta novela porque se publicó en una editorial de CF y porque la considero muy buena; si bien, estrictamente hablando, entra más bien en el género de la fantasía, como se puede deducir leyendo la sinopsis de su argumento: un grupo de aventureros en busca de las legendarias Fuentes Perdidas, las fuentes que conceden deseos a los que beben de sus aguas...
El protagonismo corre a cuenta del antihéroe Delano Gris, importante aporte cómico a una historia que recuerdo trepidante, divertida, sorprendente, enganchante y alucinante. Buena, buenísima, repleta de grandes ideas, como las Casas Iguales, que transportan de una ciudad a otra y otra; el espacio donde dejar las mochilas, etc. Qué pena que la leyera hace tantos años y se me haya olvidado mucho, porque merecería la pena releerla. Lo haré no tardando mucho.
Es triste que se halle descatalogada porque, sinceramente, creo que la trayectoria de este autor ha ido de más a menos. Después de este libro leí La casa de la Colina Negra, que también me gustó, pero menos, y que se adentra decididamente en terreno juvenil. Y por último, su trilogía El ciclo de la Luna Roja, que no recomiendo a ningún mayor de 15 años y cuyo final se hace, lamento decirlo, sumamente pesado. En fin. Aunque para mí constituya una pérdida, supongo que a esa inmensa minoría de lectores adolescentes, de la que yo formé parte en su momento, les hará felices contar con autor de esa talla.
Yo recomiendo a todo el que pueda, que lea Las fuentes perdidas. Creo que es de las mejores novelas de fantasía española de todos los tiempos.

Negrete, Javier, Estado crepuscular, ed. Pulp, Madrid, 2003

Corte cómico para una novelita sin pretensiones, bastante divertida, que leí este verano en la playa y que me gustó mucho. El protagonista David Milar se hace pasar por su padre, un afamado psicólogo, para ganar dinero en un trabajo que consiste en tratar al ordenador con personalidad de una de las razas alienígenas con las que el hombre tiene contacto: los Kghasatshu. Milar descubrirá una trama que pretendía acabar con la raza y desatar una guerra de especies. Bueno, ya digo que es una novela sin pretensiones pero que cumple a la perfección su papel de entretener y divertir.
El libro lo tengo, por cierto, dedicado por su autor a otro: a Pallarés, que parece que se deshizo de parte de su biblioteca y parte ha caído en mis manos, que me dedico a recorrer librerías de viejo y de libros de segunda mano y saldos. Gracias a ambos: a Negrete por escribir y a Pallarés por desprenderse de libros como este (Pallarés también escribe, pero me temo que no he leído nada suyo).

Mares, Daniel, 6, ed. Pulp, Madrid, 2003

Una casa de juegos repleta de niños que no crecen nunca y que son atendidos por máquinas. No hay entre ellos ni un adulto. Ese es el plantemiento del relato. Los interrogantes se van resolviendo poco a poco en una prosa con estilo de cuento narrado a la antigua y en tiempo presente, lo cual acrecienta la intriga. Al final todo adquirirá sentido lógico, pero lo mejor es dejarse llevar por el cuento, no muy largo. Una obrita muy buena, muy interesante, original y atractiva, memorable y recomendable.

Bermúdez, Gabriel, El señor de la rueda, ed. Pulp, Madrid, 2003 (1979)

Todo un clásico del año 1979 que la editorial Pulp, en su colección Gotas, la que aquí reseño, rescató en 2003. Se comenta en internet como una novela de culto. Yo todavía no sé qué se quiere decir exactamente con esa etiqueta, así que comentaré sin más. La novela es muy original y, ciertamente, su mayor mérito, como dice Alfredo Lara López en el prólogo, consiste en que el mundo de la novela aguante sus más de doscientas páginas "sin descomponerse como chatarra". No recuerdo detalles concretos, porque la leí hace mucho; pero sí la ambientación, en un mundo lleno de carreteras donde la gente vive en castillos rodantes atentida por robots sirvientes y dedicándose a mantener justas, torneos y enfrentamientos entre ellos. Es decir, una mezcla imposible de feudalismo y "road movie", si es que tal híbrido es posible. Además, los tratamientos de cortesía y costumbres son de tipo medievalista, con "majestad", "mi señor", "dama", "vos", etc. Los caballeros pelean empleando sus castillos como caballos de batalla y pueden ganar o perder habitaciones, y honores en forma de puntos, creo recordar. Yo la leí con sorpresa y admiración por el hecho de que eso se sostuviera. El prólogo, repito, lo resume muy bien. Sin duda, sacar adelante un hijo así tiene mucho mérito.
He encontrado esta curiosa reedición con un insólito "booktrailer" con presentadora en esta página, por si a alguien le interesa, aunque sea por raro. Parece que todo lo que rodea a este libro es sorprendente.

Bermúdez Castillo, Gabriel, El país del pasado, ed. B, Barcelona, 2003.

Decía al hablar de Ciudad sin estrellas que añadir unos toques rosas a la CF no va mal. Va peor si se echa más de la cuenta, que es lo que parece que ha ocurrido en esta ocasión.
La historia comienza con unos extraterrestres humanoides, los briander, varados en un planeta hostil a la espera de reemprender su viaje interminable por el espacio profundo. El planeta hostil envía enormes y extraños seres carnívoros, de hasta un kilómetro de alto, a la caza de los recién llegados, además de otros entes amenazantes en forma de nubes y animales más comunes. Esta parte inicial no está mal. Se encuentra claramente inspirada en El reino de la noche, de William Hope Hodgson, ese clásico semiolvidado, al que debe incluso el título (El país de la noche en otras ediciones). Lo recuerda no solo por los monstruos, la energía menguante y el título, sino también por su final y, si no recuerdo mal, incluso por el modo de titular los capítulos...
A ese planeta va a parar una humana, la cual se enamora de un guerrero, hecho que desata un frenesí de ciencia ficción rosa en la que abundan menciones al maravilloso cuerpo de Fairel, el guerrero que la recoge; de ella, Noor Dawidum, de grandes pechos (esto también se menciona como un centenar de veces), de cómo se buscan, se miran, se acarician, se besan, se lamen, se [...] de distintas formas (donde yo pongo [...] en la novela se pone todo, incluidas las distintas formas). Noor introduce la moda de los zapatos de tacón y la minifalda entre las mujeres briander, algo que se describe profusamente, así como los tipos de tejido y adornos de las telas. Y poco más. El tiempo pasa entre jugueteos amorosos mientras -y esto es lo mejor de la novela- se rememora el pasado de Noor en forma de flashbacks; un pasado que constituye una sólida historia en la que nos encontramos con el mejor Gabriel Bermúdez Castillo. Desgraciadamente, la vuelta al presente es decepcionante. El picante aumenta hasta límites insoportables. Leemos en la página 216: Sintió entre las piernas el dulce calor del semen del guerrero. Ya leímos eso, muy parecido, en Muero por dentro, de Silverberg, y si en los setenta ya era malo, en los dosmiles es inadmisible.
Desde luego, mejor nos quedamos con los relatos anteriores de este autor, el cuento y la novela citados (Cuestión de oportunidades y El señor de la rueda). No se entiende cómo un escritor tan afamado cae al nivel de una novela semirrosa (semierótica, me atrevo a añadir) con préstamos ajenos. Habrá que leer lo del planeta Wu-Wuei a ver si así hallamos las esencias perdidas.

 Millán, José Antonio, Nueva Lisboa, ed. Alfaguara, Madrid, 1995.

Su argumento es el siguiente: (1) La humanidad no habita ya físicamente la Tierra; cada uno se ha refugiado en sus propios sueños - el Pacto- en una especie de realidad virtual individual. Un hombre emerge de su sueño con la idea de devolver a la humanidad en su conjunto, la sociedad de la Orla, a una realidad compartida. Para ello deberá contar con el guardián del sistema, La Memoria, la cual le va enredando en sus historias encadenadas al modo de Scheherezade. La primera (2) es la del recorrido que efectúa el último hombre despierto (en un cuerpo virtual de metal: un heterómata) por el mundo para encontrar otro hombre. Halla una nave antíquisima con su piloto, el cual le cuenta (3) cómo llegó a ser rey del planeta Altan por accidente. Esta es una tediosa ocupación de la que solo le distrae la lectura en voz alta que le hacen de los numerosos volúmenes de la biblioteca real. En uno de ellos se narra (4) la historia de Sonia, médica rusa que decide entrar a Nueva Lisboa, un espacio de realidad virtual (Holocampo) dedicado al ocio donde jugará el papel de una involuntaria correo en la recreada Lisboa de 1954. Sonia descubrirá que la realidad virtual del Juego no se usa solo para jugar, sino que también sirve como cárcel o campo de concentración para presos políticos. Uno de ellos, Cyril, le cuenta sus vivencias. La pobre Sonia comprueba, horrorizada, que también se encuentra atrapada en la realidad virtual de Nueva Lisboa. Para distraerse, se pone a ver la película Noria de carne (5).
Esta parte es asombrosa e increíblemente parecida a la película Atrapado en el tiempo, de 1993. Lo reconoce Millán, que dice que entonces no había visto la película. En este capítulo del libro, el IV, las diferentes historias (o niveles de metaficción) aparecen a veces seguidos en párrafos muy cortos. En la historia de la película, es F. el que queda atrapado en un día, un martes. Intenta una salida a su aburrimiento desesperado contactando con el escritor M***, uno de sus autores favoritos, para que le entretenga haciéndole avanzar en su nueva novela, la cual irán desarrollando entre los dos. Esta es la historia número 6, de la cual se ofrecen unos cinco finales diferentes. A partir de este punto se van resolviendo todas las historias, no sin extraños y deslumbrantes coletazos finales.
Yo diría, como el propio autor en su web, que esta novela ha pasado bastante inadvertida pese a formar parte de la mejor CF española que pueda leerse. Millán aduce algunas razones de este olvido, destacando la siguiente: era una novela claramente de "ciencia-ficción", y al tiempo notablemente posmoderna, lo que quiere decir que planteaba numerosos problemas a la crítica al uso: el primero, tal vez, y sencillamente, entenderla. También dice que la realidad virtual aún no se conocía en nuestro pais y que en eso ayudó la peli de Matrix, posterior. De acuerdo. Yo añadiría que la editorial Alfaguara no es la más adecuada para publicar CF, ya que no es lo que esperan sus lectores. Por otra parte, el título y la portada tampoco dan pistas sobre el contenido. Quizá un subtítulo aclarando su género habría ayudado y atraído a aficionados a la ciencia ficción.
Me in  Matrix vision, Aduece
La novela en sí es magnífica, soberbia, sobresaliente. No es especialmente difícil de entender, me parece a mí; pero sí exige un lector capaz de adentrarse en una historia que esta contenida en otra que está en otra, etc. sin perderse. Llega a haber hasta seis historias superpuestas. José Antonio Millán lo denomina, en una sencillita frase: La mise en abyme iterada como procedimiento del rapto del yo. Siguiendo esa misma claridad expositiva, podríamos llamarlo "recursividad intrametaficcional alienadora". Bromas aparte, es un magnífico conjunto de narraciones escrito a medias entre la manera clásica y la fragmentación, además de los juegos narrativos con el narrador, la acción y, sobre todo, el tiempo. Para la reflexión queda el posible uso de la realidad virtual como prisión ("rapto del yo") y, como el autor expresa en la contraportada, la literatura como la más antigua y acreditada forma de realidad virtual.
La novela está descatalogada. Aún puede encontrarse en lilbrerías de segunda mano a precios realmente bajos (a mí me costó 3 euros a finales de 2013) y, además, puede descargarse legalmente gratis desde el sitio web de José Antonio Millán. Francamente, merece la pena. Es excelente.

Montero, Rosa, Temblor, ed. Seix Barral, Barcelona, 1990.

Fue la propia autor, Rosa Montero, la que me habló de este libro cuando le pregunté si no escribiría más ciencia ficción. Me estaba firmando la edición en cómic de su novela Lágrimas en la lluvia, y me contestó que probablemente escribiera una segunda parte de este último y que ya había escrito ciencia ficción en su novela Temblor.
Ya leída, yo la englobaría más  bien en el género fantástico, y la emparentaría con La historia interminable, puesto que el mundo en el que se mueve los personajes está desapareciendo al llenarse de zonas de nada, una niebla que borra lo anterior. Agua Fría, la protagonista, intentará encontrar la razón de esta niebla borradora y frenarla. Para ello, deberá recorrer medio mundo en un viaje iniciático que cada vez la aleja más de la orden religiosa que gobierna la Tierra y en la que estaba a destinada a convertirse en un importante miembro. Agua Fría nos descubrirá un mundo que se desmorona ante la nada y la falta de nacimientos; una sociedad más o menos primitiva con una tecnología rudimentaria, ya que no sobrevivió apenas nada del Gran Desastre que asoló nuestra industria. Es, pues, un escenario postapocalíptico, típico de la CF. Pero poco más. El resto recuerda la ambientación fantástica en sus cuadros medievalistas de religión y superstición, ferias ambulantes, cabañas, mazmorras, cazarrecompensas y armas blancas. La protagonista, además, conoce la técnica de la hipnosis para sublevar a sus enemigos y defenderse de ellos. Su viaje de ida y vuelta se inicia con una etapa moribunda, decadente; y termina con una nueva época de esperanza. Las cosas cambian al cambiar la composición de la sociedad, su tiranía religiosa y su forma de recordar a los muertos.
En definitiva, yo creo que Rosa Montero quiso decir algo sobre la vida, la muerte, la religión, la educación, la igualdad, la libertad y el recuerdo; y ese mensaje profundo lo adereza con las peripecias de la protagonista. En parte logra su cometido; pero la ambición y la mezcla de filosofía con fantasía se quedan a medio camino. Ni el mensaje está claro ni las aventuras de Agua Fría arrebatan al lector. Con todo, es un relato en clave femenina que se lee con agrado y deja buen recuerdo.

Santos, Domingo (editor), Lo mejor de la ciencia ficción española, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1982

Interesantísimo conjunto de 19 cuentos escritos entre 1967 y 1982, recopilados a principios de los ochenta por Domingo Santos, también escritor además de editor y que contribuye con un cuento propio. Inevitablemente, no todos los relatos están a la misma altura, pero destaca que se incluyan nombres como los de Eduardo Aute o José Luis Garci, conocidos por otras dedicaciones artísticas diferentes a la literatura.
1. No comerás, Álvarez Villar, Alfonso. Cuentecillo cómico sobre la extrañeza de unos astronautas terráqueos antre la costumbre cultural de no comer en un planeta en el que se considera una obscenidad hacerlo en público.
2. Balada por la luz perdida, Atienza, Juan G. Los raros niños nacidos en un pequeño pueblo gallego ahuyentan al médico que los vio nacer, sustituido por un inocente que no sabe dónde se mete... Escrito bajo la clara influencia de Lovecraft, el relato también participa de corrientes experimentales literarias de los setenta como la combinación de diversos elementos: cartas, fragmentos de libros, artículos de periódico, fichas médicas, carteles, autos de fe... Mucho collage: demasiado para una narración breve. Puede ocurrir que uno se pierda entre tanta diversidad informativa.
Otra edición
3. Morir de viejo, Aute, Luis Eduardo. Curioso poema sobre alguien que muere de viejo en vez de asesinado en un hiperarmamentístico Estados Unidos del futuro y la extrañeza que eso provoca en su nieto, Pepsi, y en el resto de sus familiares y la policía.
Como el cuento anterior, en este texto se utilizan recursos tomados de las vanguardias, alejados de lo clásico. Básicamente, juegos tipográficos: mayúsculas, disposiciones caligramáticas de palabras en diferentes versos; palabras compuestas (biopapás), extranjerismos y onomatopeyas. Es un texto curioso que hace lamentar que hoy sea casi impensable, o impensable sin más, combinar en una antología de CF textos poéticos y teatrales además de narrativos. La variedad se agradece.
4. Cuestión de oportunidades, Bermúdez Castillo, Gabriel. Para mí, el mejor relato de la antología y seguramente, uno de los mejores relatos de cualquier antología. Su argumento: el señor Mendoza, jugador con deudas, acude a una especie de agencia de trabajo temporal. Del trabajo solo sabrá la paga y las prohibiciones antes de embarcarse inmediatamente en él. Puede aparecer en cualquier planeta con cualquier tipo de cuerpo y realizando cualquier tarea. El protagonista va arriesgando cada vez más aceptando trabajos con mayor riesgo de perder la vida... Es un cuento magnífico que contiene en su interior el germen de otras historias: una diferente por cada trabajo que el señor Mendoza acepta. La capacidad imaginativa del autor es prodigiosa. Lo único que uno lamenta de este cuento es que no sea más largo. Solo por este relato merecería la pena adquirir esta antología.
Sodomáquina, C. Frabretti
5. El asfalto, Buiza, Carlos. Agobiante historia sobre cómo un hombre atrapado en asfalto caliente se va hundiendo lentamente sin que ninguna de las muchas personas que lo ven se molesten en rescatarlo. Domingo Santos lo llama "tremendo alegato sobre la insolidaridad humana". Parece ser un relato muy cononcido del que existe una adaptación audiovisual. Esta es del año 1966 para el programa Historias para no dormir, de Ibáñez Serrador, guionizado por él mismo (Luis Peñafiel es pseudónimo). Puede verse aquí (YouTube) o aquí (RTVE).
6. Sodomáquina, Frabretti, Carlo. No es una obra narrativa, sino dramática, una pieza teatral breve que fue representada en la primera Hispacon, en diciembre de 1969. Como decía al comentar el poema de Aute, gusta encontrar esta variedad de géneros literarios en una antología de CF. Esta obra combina críticas al totalitarismo con traslación de materia/energía y extraterrestres además de toques de humor y cierto jipismo (es del año de Woodstock). Es una de las pocas obras teatrales de ciencia ficción, como podemos leer en esta entrada del blog Literatura Prospectiva dedicada al tema. Se olvidan del maravilloso Plenipotencia, 1967, del argentino Emilio Rodrigué, que comenté en otro lugar.
Del blog de Augusto Uribe tomo la única imagen que he encontrado de la representación.
La Gioconda, L. da Vinci
7. La Gioconda está triste, Garci, José Luis. Existe una versión cinematográfica dirigida por Antonio Mercero en 1977 (puede verse en la web de RTVE) de este cuento escrito por otro director de cine. Es también muy de los setenta, con ese planteamiento de problema universal que debe resolver la humanidad en conjunto, en plan All togheter now. El tema es que, además de la Gioconda, todas las personas pierden la sonrisa, y solo la recuperarán poniéndose todos de acuerdo y actuando sincronizadamente. Es un relato interesante que al final añade notas correctivas de un profesor del futuro lejano, algo que no se incluyó en la película de Mercero y que es lo más "cienciaficcionístico" del cuento.
8. Herencia de sueños, Guera, María y Mengotti, Arturo. Cuando un humano regresa a la desolada Tierra, se encuentra con que han aparecido unos nuevos habitantes: los moradores de los cuadros. Resulta divertido ir adivinando de qué cuadro sale cada personaje, y la idea de los modelos cobrando vida es poderosa. Le habría venido bien algo más de suspense.
9. La ciudad cuyo nombre era Lluevemuertos, Lázaro, Enrique. Originalísimo relato planteado con una inteligencia poco habitual. En principio, trata de un personaje en busca de una ciudad inexistente de la que ha tenido noticias a través de un narrador que le habla en sueños. Baste leer esto para advertir el tono onírico del relato: Creyó que había alcanzado el punto de cita, pero pronto se desengañó ante la visible inexistencia del río Amm, que no solo no pasaba por allí, sino que la naturaleza desértica y opaca del paisaje expresaba a las claras cómo jamás pudo haber río alguno. Es uno de los mejores cuentos de la antología, una sorpresa. Domingo Santos lo compara a Lewis Carroll. Yo añadiría Borges y Lem. Cuando el editor escribió el prólogo en el ya lejano 1982 dijo que los cuentos de la serie Tierra Vaga esperaban un editor. Bueno, parece que 31 años más tarde lo encontraron. En la página de la web de la editorial Sportula puede comparse y leerse un cuento gratis.
10. Portal, Martínez, Sebastián. Esquemas y planteamientos clásicos para un relato de encuentro de la humanidad con vida inteligente en otro planeta. Toques de violencia y amor romántico.
11. La mancha, Plans, Juan José. Más de terror que de ciencia ficción, el argumento es simplísimo: una mancha viva, seguramente procedente del espacio, aposentada en una pared y que se extiende imparablemente. Al parecer, existe adaptación televisiva, pero no la he encontrado. Es un cuento de los que merecen llamarse clásicos por su efectividad con tan pocos elementos. Chapó.
12. Naufragio en Titán, Redal, Javier.  El título resume muy bien el contenido de este relato en el que un grupo de astronautas deberán enfrentarse al reto de sobrevivir a eso, un naufragio en Titán, satélite de Saturno, y todas las peripecias que sufren hasta llegar a la base.
13. Gaziyel, Romeo, Ignacio. Habitual tema en la CF del amor imposible entre un humano y un alienígena. Bello relato de pasión celosa, violenta y trágica
14. Terminal Masurai, Rosal del Castillo, Jaime. Tintes ciberpunk de hiperviolencia ("Estar armado es ser libre"), consumismo, publicidad y estado policial para esta narración sobre tráfico de drogas en un aeropuerto.
15. Nadie se fija en el barman, Saiz Cidoncha, Carlos. El diablo hace un pacto con Jerónimo el Marciano. Su resultado será que todos olvidan la película más taquillera de Hollywood. Todos menos el barman-narrador. Santos califica de "socarrón" el estilo del autor, lo cual es bastante acertado.
16. Gira, gira, Santos, Domingo. Exageradísima, hiperbólica parodia de los increíbles problemas de los incautos conductores que se atreven a meter su coche en Cosmópolis, donde no podrán hacer más que dar vueltas y vueltas sin hallar nunca aparcamiento. Pese a su exageración, yo creo que todo conductor se ha sentido alguna vez así en alguna ciudad o pueblo.
17. Un novicio para Su Grandeza, Torres Quesada, Ángel. Ambientación medievalista para un relato situado en una etapa postapocalíptica. El novicio Leser entrará al servicio de Koremi el Grande, considerado por algunos como tirano, el cual pretende restaurar la ciencia. Una historia muy bien narrada con sus toques de aprendizaje, aventura, amor, ambiciòn y política de la mano de un maestro del género, autor con cifras de récord. Según la web Tercera Fundación, es autor de 102 libros propios, 53 colaboraciones, 180 originales y ganador de 10 premios.
18. Litobio, Velasco, José Ignacio. De nuevo hallamos el recurrente tema del encuentro de los humanos con otros seres inteligentes en este cuentecillo cruel.
19. Camino, Vigil, Luis. Cortísimo relato sobre un accidentadísimo viaje. No puedo poner más porque me ocuparía más la opinión que el cuento. Mejor leerlo, como todos los demás.