lunes, 17 de junio de 2013

Ciencia ficción y videojuegos

Dentro del género de la ciencia ficción existe una línea temática que explora la inmersión en mundos virtuales, en la realidad virtual lograda mediante la informática. Ya he comentado algunas novelas destacadas en este sentido, como las trilogías de William Gibson o las excelentes Snow Crash y La era del diamante de Neal Stephenson. En esta entrada me voy a referir a libros en los que la realidad virtual es utilizada, principalmente, para jugar, como simulación de videojuego.

Cline, Ernest, Ready Player One, ed. B, Barcelona, 2011. Trad. Juanjo Estrella.
Ready Player One, 2011.

Se comenta y publicita esta novela como friki o geek, lo cual no deja de ser cierto en alguna medida; pero puede leerse, entenderse y disfrutarse sin que el lector comparta necesariamente estas cualildades. Casi toda la acción se desarrolla en el ciberespacio, con incursiones breves en el mundo físico, real. Tanto el personaje principal, Wade Watts o Parzival, como sus amigos Art3mis, Hache, Daito y Shoto o sus enemigos: Sorrento y resto de la empresa IOI, luchan entre sí por conseguir una meta: llegar al final del juego que el creador del entorno virtual Oasis, el megamillonario Halliday, ha diseñado para legar al ganador su fortuna y el control de Oasis. Para conseguir este reto, el jugador deberá ir superando niveles de dificultad creciente para cuya resolución es imprescindible conocer al dedillo la cultura popular de los años 80, sobre todo, cómo no, sus videojuegos (Comecocos, Black Tiger, Zork...), películas (Juegos de guerra, Los caballeros de la mesa cuadrada, Los Cazafantasmas...), series (Mazinger Z, El equipo-A, Star Trek...), música (AC/DC, Rush...), objetos (cubo de Rubik, máquinas de pinball, pósters), etcétera. Hacer una lista de todas estas cosas ocuparía mucho, pero en ellas radica gran parte de la atracción (o rechazo) que pueda generar la novela, ya que son parte integrante del argumento, no mero ornato. En este sentido, es divertido recordar estos objetos o preguntarse por la ausencia de algunos (me sorprende muchísimo que no aparezca mención a Mario Bros, al Tetris ni a cómics, por ejemplo). Sin embargo, puede leerse, aunque parezca increíble, prescindiendo de todo eso. La novela es entretenidísima y enganchante; muy clásica en su estructuración y motivos de lucha entre buenos y malos perfectamente definidos, personajes no planos pero sí correspondientes a estereotipos, como el del friki sin relaciones sociales, encerrado en su habitación y todo el día conectado. También se plantean, si bien no es lo principal, cuestiones sobre la doble vida: la real y la virtual a través de avatares y sus límites, así como el posible futuro (cercano) de la educación y del trabajo. 
Se lee casi de un tirón y parece ser, según pone en todos sitios, incluida contraportada, que se va a rodar una película sobre el libro. Sea como sea, es una gran novela de entretenimiento y cultura popular (de los EE. UU, eso sí). Por si alguien quiere confirmar, dejo enlace a este test para saber si es friki.

Besher, Alexander, Rim, ed. Timun Mas, Barcelona, 1999. Trad. Daniel Aguirre Oteiza.
Rim, 1994.

De hace ya algunos años es esta original novela. Trata sobre los intentos del detective estadounidense retirado Frank Gobi por salvar la vida de su hijo, Trevor, atrapado en el interior de un videojuego del entorno virtual Ciudad Satori. Frank iniciará un periplo que lo llevará, como hitos principales, a la alucinante Estación Espacial Siete y al no menos alucinante Nuevo Nipón, un Japón que desaparece cada noche. Las aventuras de Frank oscilan entre lo detectivesco al modo James Bond y la acción ciberpunk tipo Trilogía del Ensanche de William Gibson. De hecho, también aparece Chiba City, el lugar donde se inicia Neuromante. La presencia de lo oriental en general y de lo japonés en particular en este relato es total; no solo la ambientación y localización, sino también vocabulario y mentalidad: nociones como la de chi, hara, nadi, prana, etc. se combinan con descargas de información directas al cerebro, naves espaciales y matones en un sincretismo bastante original y sorprendente. Otro elemento que recuerda la Mona Lisa acelerada de Gibson es que en el fondo de la trama de esta novela se encuentran las "cruentas guerras keiretsu" iniciadas hacia 2025 y las continuas referencias a la Matriz.
Es una excelente novela, muy de género, que continúan Mir y Chi, no traducidas al español ni publicadas aquí. Por desgracia, Rim también se halla descatalogada hace tiempo. Yo creo que contiene ingredientes para convertirse en un buen best-seller en manos de una editorial que se molestara en hacerle un poco de publicidad.


Franke, Herbert W., La caja de las orquídeas, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1978. Trad. Mireia Bofill.
Der Orchideenkäfig, 1963.

De los libros que voy a comentar, este es el más antiguo, pero no el peor, ni mucho menos. Aquí la exploración de planetas alejados y posiblemente hostiles para los hombres se realiza mediante avatares (el autor no lo llama así, claro) que la llevan a cabo de esta forma segura. El planeta de la narración plantea una serie de enigmas o misterios que los equipos de humanos que "están" allí intentan resolver antes que sus contrincantes, a modo de competición, como si fueran pruebas o fases que deben superar para seguir avanzando en su conocimiento de la civilización alienígena. Es una narración de estilo sencillo y claro, muy moderna, de un autor inquieto dedicado al arte digital. No se ha vuelto a reeditar el libro desde esta antigua edición de Martínez Roca, una auténtica pena porque es una muy buena novela que, además, no nos llega del sobrevalorado Estados Unidos.

Perry, Stephani Danelle, Resident Evil. Hora cero, ed. Timun Mas, Barcelona, 2008. Trad. Patricia Nunes Martínez.
Zero hour, 2004

Aunque esta novela no sitúa a los personajes en un entorno virtual relacionado con los videojuegos, la incluyo en la sección porque está enteramente basada en el juego homónimo, del cual surgieron estos libros y las películas. Lo normal suele ser que se pase de libro a peli y de esta a videojuego. Este libro, aunque sea el primero por título, fue el último que escribió de esta saga, ya con muchas películas estrenadas, pero los primeros libros se basan, parece ser que libremente, en el videojuego, y supongo que este también.
Como novela, resulta bastante peculiar. Los personajes, que avanzan como por un juego hallando objetos, resolviendo enigmas, disparando y recargando balas a diferentes enemigos (zombis, animales mutantes y seres de ese tipo), se encuentran las cosas en las situaciones más inverosímiles, exactamente como en un videojuego: recogen munición y consultan mapas en cualquier sitio donde aparezcan, así sea en medio de un pasillo como en un dormitorio, por ejemplo. Es decir, en una curiosa involución donde la realidad "real" se comporta como si se tratara de realidad virtual. Es un modo de escribir contrario a toda verosimilitud y realismo, pero como ese efecto es pretendido y buscado, supongo que no deberíamos juzgar la novela conforme a moldes clásicos. En este sentido, lo más prudente será considerarlo un experimento. Además de eso, es entretenida.
Si no me equivoco, esta saga ha sido la punta de lanza de una corriente que recientemente se está introduciendo en España y que ha dejado títulos como Assassin's Creed, Bioshock y otros. En este interesante post pueden verse algunas.


Desgraciadamente, no puedo incluir aquí una novela que me gustaría mucho poder comentar como parte de esta entrada, ya que decir que sus personajes viven una especie de videojuego sería destripar el final. Solo puedo decir que en este mismo blog he comentado alguna novela de este autor y poco más. Si alguien la ha leído, sabrá de lo que hablo y por qué no lo revelo.



Estes, Rose; Mac Gowen, Tom, y otros: Serie Aventura sin fin de Dungeons & Dragons, ed. Timun Mas, Barcelona, desde 1985.

En realidad, no debería incluir como novela videojuego estos libros, ya que se consideran iniciadores de la literatura basada en juegos de rol, algo de lo que ya dan cuenta magníficos blogs, como este y este, de autores que saben de estos (sub)géneros mucho más. Yo me limité a leer unos cuantos de estos libros y de los de Altea y de la serie de La máquina del tiempo, también de Timun Mas. No soy demasiado nostálgico, pero tampoco me gusta despreciar este tipo de literatura que ahora ni consumo ni releo, aunque hay novelas nuevas de este tipo en el mercado, como una muy reciente de Javier Negrete.

Cuando tenía en torno a los 11 o 12 años me gustaban estos libros y los disfrutaba mucho. Algunos de la serie Aventura sin fin, como el de El dragón negro o La venganza de los dragones del Arco Iris, de Rose Estes ambos, los releí bastantes veces, así como el de la Mansión infernal, de Steve Jackson, con su peculiar atmósfera opresiva y la dificultad, por cierto, de entrar a la mansión por las buenas, algo que creo que no logré nunca. Cuando leía estas novelas, simplemente me gustaban su ambientación, personajes, descripciones, acción, etc., pero ahora me llama la atención el grado de experimentalidad narrativa que supone el ir dando tumbos por el libro para completar una lectura que, en cierto modo, uno mismo va planificando. Esto es algo que, si no me equivoco, que puede ser porque no lo he investigado, se remonta a Rayuela, de Julio Cortázar (1963) y creo que poco más hay de eso. Me parece muy curioso que un tipo de literatura tan marginal y denostada, destinada casi en exclusiva a adolescentes, sea la única continuadora de la línea iniciada en la mayor novela de Cortázar. Debe ser un caso bastante singular en la historia de la literatura. Además de esto, es una buena noticia que se siga cultivando esta forma narrativa por parte de autores como Negrete. Siempre alegra que gocen de buena salud los viejos amigos, aunque ya no los frecuentemos.


domingo, 19 de mayo de 2013

Ciencia ficción latinoamericana

Son de lectura muy recomendable, digna y disfrutable estas dos antologías de cuentos de ciencia ficción escritas por autores latinoamericanos en lengua tanto española como portuguesa. Las dos, desgraciadamente, están descatalogadas, pero aún pueden encontrarse en librerías de viejo, a través de internet o en bibliotecas, al menos en España. Aparte de estas antologías dedicadas a latinoamericanos, pocas más hay, y yo, al menos, no conozco ninguna recopilación actual de estas características. Los autores, por otra parte, han corrido suertes diversas, en general adversas por ser poco publicados y difíciles de leer incluso ahora que contamos con internet para ofrecernos cuentos poco difundidos en papel. Es una situación habitual, aunque lamentable, esta de no hallar escritos de autores ni en libro ni en la web ni en ningún sitio. Resulta frustrante limitarse a un solo cuento de algunos escritores.
En cuanto a las antologías, sus diferencias dependen no solo de los autores, algunos coincidentes, sino de la sensibilidad y gusto particulares de los seleccionadores. Pese al prólogo de la más reciente de las dos, en que Sergio Gaut vel Hartman se pregunta: ¿por qué nos empeñamos en seguir llamando cf a una literatura que -en el mejor de los casos- apenas roza la ciencia tangencialmente?, a mí me parece más científica y menos fantástica, al menos en cuanto a temas, que la otra, más, digamos, convencional, en general, o menos arriesgada. Quizá influya la nacionalidad de los antologistas, belga y canadiense en el caso de Lo mejor... (Goorden y Van Vogt) y español en el de Latinoamérica fantástica (Augusto Uribe).

Goorden, Bernard y Van Vogt, A. E. (compiladores), Lo mejor de la ciencia ficción latinoamericana, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1982. Trad. Domingo Santos (del cuento La oscuridad, de André Carneiro).

Trece relatos de diferentes autores forman este volumen que definía como algo menos arriesgado que el otro, si bien también contiene algunos formalmente muy innovadores. El prólogo de van Vogt ofrece su opinión, personalísima, sobre los relatos.  Veamos por orden.
1. Federici, Carlos María, Primera necesidad. Una NY arrasada cuyos selváticos barrios controlan diferentes bandas sirve de escenario para este cuento de inesperado humorismo que aporta un toque más humano de lo corriente a esta historia postapocalíptica.
2. Langer, Marie, El cambio. Toque femenino aportado al tema de la insensibilidad familiar y social futura en un marco que recuerda al Mundo feliz de Huxley o Farenheit 451 de Bradbury.
3. Carneiro, André, La oscuridad. Inquietante perspectiva, posible precursora de Ensayo sobre la ceguera, de Saramago.
4. Goligorsky, Eduardo, Un aroma a flores lascivas. Más o menos típico encuentro entre astronauta y naturaleza de otro planeta con toque erótico.
5. Levrero, Mario, Caza de conejos. Recientemente publicado por la editorial Libros del Zorro Rojo, con números romanos e ilustraciones, aquí se contiene esta joyita que Van Vogt no ha sabido apreciar (se le hace larga y no se explica el éxito del autor, viene a decir en el Prólogo). Merecería la pena tener el libro este aunque solo fuera por esta maravilla del mejor Levrero. Su humor, eso sí, no es para todos. Hay que saber sintonizar su onda para que no suene a ruido blanco. El resultado es, bueno, deslumbrante. Leer a Levrero es experiencia única. Un cuento imprescindible. En realidad, compré la antología porque vi que incluía este relato de Levrero.
6. Venasco, Alberto, La muerte del poeta. Pequeño cuento cruel también para gustos difíciles. A mí me gustan los cuentos algo crueles, sobre todo si su final es lógico. Pero, claro, para gustos. La minirreflexión sobre la originalidad en creación literaria es interesante.
7.  Arango, Ángel, El cosmonauta. Otro pequeño cuento cruel sobre los problemas de comunicación. Divertido, pero trágico.
8. Britto García, Luis, Futuro. Minicuento, casi microrrelato que da cuenta del (decadente) futuro de la humanidad en forma de cinco agrupaciones de tesis, antítesis y síntesis. Corto y efectivo.
9. Godorischer, Angélica, Los embriones del violeta. La primera vez que leí este cuento, me desconcertó mucho y no lo entendí. Se requiere de una lectura muy atenta apreciar esta maravilla. El cuento es muy innovador en su forma. Se suceden cambios abruptos de perspectiva, de personaje, de acción, incluso de tiempo. Es vanguardia y creacionismo puro que, a no ser que se lea con todos los sentidos activados y alerta, frusta y desorienta. Una vez aprendida la forma, ese puzzle, el relato sobre un planeta donde se conceden todos los deseos, se abre como una flor. Lo dicho: vanguardia en estado puro.
10. Adolph, Joseph B., Persistencia. Toda la gracia del cuento, que la tiene, se basa en la sorpresa final. Es cortito y sorprendente. ¿Es ciencia ficción?
11. Moujan Otaño, Magdalena, Gu ta Gutarrak. Viajes en el tiempo para descubrir la raíz de los proverbiales orgullo e idiosincrasia vascos. Parece ser que estuvo censurado en tiempo de Franco, aunque no veo nada escandaloso en el cuento, que trata a los vascos de manera bastante humorística, sin maldad ni apología nacionalista ni nada de eso. Al menos, a mí no me lo parece.
12. Correa, Hugo, Alguien mora en el viento. Bello cuento de corte clásico sobre un naufragio en espacio abierto, en un ventoso y cuasideshabitado planeta. Premios y castigos para buenos y malos.
13. Rodrigué, Emilio, Plenipotencia. Para mí, el mejor cuento de la antología, junto con el de Levrero. Se cuenta el mismo episodio de cuatro o cinco formas distintas variando puntos de vista y tipología de texto (narrativo, dialógico, teatral). Se da una ágil variación estilística al relato, basado en la narración repetitiva. Me recordó el bello libro de Michel Jeury, El tiempo incierto, y, en cierto sentido, los chispeantes Ejercicios de estilo, de Raymond Queneau. Un cuento sobresaliente, sin duda.

Uribe, Augusto (seleccionador), Latinoamérica fantástica, ed. Ultramar, Barcelona, 1989. Trad. de Marcial Souto (del cuento El mudo, de André Carneiro).

Esta antología, que conoció al menos dos ediciones, contiene diecinueve relatos de otros tantos autores, tres de ellos también presentes en la antología anterior (Carneiro, Gorodischer, Levrero). La selección es de un altísimo nivel, prueba de la gran calidad literaria de estos autores de los que, una vez más, debemos lamentar su falta de respaldo editorial. Casi todos están presentes, eso sí, en la web, comenzando por el propio Uribe, con un estimable blog.
Los cuentos son excelentes. Veamos:
1. Gaut Vel Hartman, Sergio, Los trepadores. Surrealismo claustrofóbico en un ascensor trepador. Me quedo con ganas de leer más de este autor.
2. Souto, Marcial, El intermediario. Bella reflexión sobre cómo afecta al pensamiento la percepción de la realidad y sobre el poder de la imagen comunicativa. Logradísimo final.
3. Gardini, Carlos, Primera línea. El absurdo de la guerra y las vidas vacías de los mutilados conforman este cuento antibelicista.
4. Poniachik, Jaime, Vidas ejemplares. Dos cuentecitos en forma de biografía sumaria muy irónica. Su humorismo es notable.
5. Giménez, Eduardo Abel. Quiramir. Clarísimamente inspirado en Las ciudades invisibles, de Italo Calvino, este cuento trata sobre una ciudad y cómo la ve uno de sus jerarcas. Por momentos podría tomarse por el italiano ("el viajero" esto y lo otro). Su libro lo tiene; no sé si opina algo más sobre Calvino porque su actividad bloguera es bastante intensa como para recorrerla entera.
6. Alzogaray, Raúl, Una flor lenta. Uno de los relatos más memorables de la antología. Es misterioso y sugerente. Parece ser de tipo postapocalíptico pero con un tratamiento original.
7. Parini, Graciela, Entre gatos y medianoche. Buen intento de expresar lo que transmiten ciertas piezas musicales, en este caso de Brahms, retratado en pleno ataque creativo.
8. Morales, Fernando, El negro. Este y el siguiente son los dos cuentos más fuertes del libro. Este es muy provocador: una especie de psicópata narra en primera persona sus ataques a un negro por serlo. Es de un humor muy negro y macabro. Algún cuento suyo por internet también toca esas notas.
9. Barbieri, Daniel, Él vendrá por mí a medianoche. Desasosegante relato de vejaciones, miedos y maltratos que traspasan la barrera de la muerte para entrar en la eternidad. Impactante visita al terrorífico mundo del asedio escolar.
10. Croci, Daniel, Tesis para una nueva literatura fantástica nacional. No es un cuento, sino lo del título. Mejor ubicado estaría como prólogo o epílogo, pero el anterior Daniel Barbieri es en realidad este mismo Daniel.
11. Levrero, Mario, La casa abandonada. Llegamos a la joya de la corona. Este relato lo integran capitulitos a modo de microrrelatos, de los cuales alguno es un verdadero poema, como el titulado Ello (Algo late, algo crece en el altillo. / Se sospecha verde, se teme con ojos. / Se presume fuerte, blando, traslúcido, maligno...). Es uno de los mejores cuentos que he leído. Es literatura pura, casi magia.
12. Mainero, Gabriel W., El plumero. El consabido tema del encuentro entre un terrestre y un alienígena se enriquece con el habla gauchesca y el humor. Puede verse aquí una entrevista de 2012 al autor.
13.Gandolfo, Elvio E., El manuscrito de Juan Abal. El manuscrito recoge apuntes tomados en la ciudad de las vacas voladoras, dejando casi tantos interrogantes como al principio. Extrañamiento de lo cotidiano, buena partida para lo fantástico.
14. Shua, Ana María, La sueñera. Recopilación de 44 de los 250 micorrelatos que componen el original. Son excelentes. Parece mentira que quepa todo un universo en tan pocas palabras.
15. Carletti, Eduardo J., Mopsi, te odio. Uno de los pocos relatos de ciencia ficción del volumen y uno de los que más recordaba de la vez anterior que leí este libro. En la web de Axxon, cofundada por él, pueden leerse otros cuentos de este autor.
16. Carson, Tarik, La garra perpetua. También de ciencia ficción, sobre experimentos realizados a mutantes, es un poco confuso. Puede leerse aquí una versión algo distinta de este relato.
17. Carneiro, André, El mudo. Antes ciegos y ahora un mudo protagoniza este emotivo cuento de Carneiro. Parece ser que hay versión cinematográfica de Júlio Xavier Silveira, pero no he podido encontrarla.
18. Sayegh, Esteban, Tres cuentos. Ziggurats, Simple desayuno final y El río son los tres desasosegantes cuentos sobre superpoblación, malas noticias y catástrofes naturales.
19. Gorodischer, Angélica, Acerca de ciudades que crecen descontroladamente. El título ya da una idea de la asombrosa capacidad para la verborrea de la autora. El cuento abunda en descripciones barrocas constituidas por sartas de sustantivos, adjetivos o verbos estructurados paralelísticamente para dar cuenta de los avatares de una ciudad desde su fundación hasta su apogeo como capital de un inespecífico Imperio. Denso y fulgurante, más comprensible que su cuento de la anterior antología. Esta misma autora cierra el volumen con un epílogo en forma de carta donde reivindica el poder de la literatura para estimular el pensamiento crítico. Bello colofón, por tanto, para una bella e imprescindible antología de cuentos fantásticos.


miércoles, 8 de mayo de 2013

Farenheit 451, Ray Bradbury

Bradbury, Ray, Farenheit 451, ed. Minotauro, Barcelona, 2005. Trad. Francisco Abelenda.
Farenheit 451, 1953.

La obra maestra de Bradbury encuentra su mejor explicación en el texto que el propio autor escribió con ese fin y que en la edición que manejo, de la editorial Minotauro, acompaña a la novela. En el postfacio que escribió en 1993, a los 40 años de publicada la novela, ofrece al menos dos claves fundamentales para comprender el mensaje que encierra el texto, por si no quedara lo suficientemente claro. Lo primero es esto: no hace falta quemar libros si el mundo empieza a llenarse de gente que no lee, que no aprende, que no sabe. Lo segundo: Si nos aseguramos de que al cumplir los seis años cualquier niño en cualquier país puede disponer de una biblioteca [...] entonces las cifras de drogados, bandas callejeras, violaciones y asesinatos se reducirán casi a cero. ¿Es utópico, ingenuo, absurdo y ridículo, o lúcido, inteligente, sensato y realista? A mí me parece lo segundo y me emociona el mensaje. Me ha gustado más incluso el postfacio que la novela.
La obra es muy conocida, no solo por su texto sino también por la magnífica película homónima de François Truffaut (1966). En la sociedad donde trabaja el bombero Montag la gente no solo no lee por ley, sino que además se atonta con pastillas y televisión ajena a lo que le rodea. Tan ajena que ni siquiera sabe que ha estallado una terrible guerra que puede acabar con todos ellos. Estar feliz es una obligación, y esa es la razón de que se haya prohibido la lectura de literatura y de que el cuerpo de bomberos se dedique a quemar cuantos libros encuentre. La obra se ha convertido en un clásico gracias a su mensaje aún vigente, y bastante, por desgracia, y ello pese a unos cuantos deslices o incongruencias, como que aún queden tantos libros por ahí para justificar bomberos en cada ciudad, o que el bombero jefe sepa tantísimo de literatura y sea cuasiexperto en Shakespeare.
Es una novela que merece la pena leer y disfrutrar, además de para que no se olvide para qué sirve, en parte, la cultura, el romance del hombre con los libros (lo dice esto también el autor en el postfacio).
Completan la edición los cuentos El parque de juegos y Y la roca gritó, de corte angustioso y opresivo, muy buenos. Los cuentos de Bradbury, dicho sea de paso, no son exactamente infantiles ni juveniles aunque los protagonicen jóvenes. Lo digo por la edición en SM (colección El barco de vapor, nada menos) de La bruja de abril y otros cuentos, lectura también sumamente recomendable, pero no precisamente plácida.
Me ha recordado, en ciertos aspectos, a un libro muy posterior que yo leí antes que este: Ahogos y palpitaciones, de Andreu Martín, curioso texto que se merece un rescate desde su publicación en 1987. Se parece en la tensión bélica escondida tras una máscara de felicidad impuesta a todos, también por métodos represivos. Son novelas con mensajes sociales muy potentes... para quien los quiera recibir.





jueves, 7 de febrero de 2013

La penúltima verdad, Philip K. Dick

Dick, Philip Kindred, La penúltima verdad, ed. Martínez Roca, Barcelona, 1976. Trad. Antonio Ribera.
The Penultimate Truth, 1964.


La tercera guerra mundial ha desolado la faz de la Tierra por la cantidad de armas radiactivas empleadas. La guerra continúa, pero sin presencia humana: los hombres viven hacinados en el subsuelo fabricando robots para que luchen por ellos y recibiendo comida a cambio ese trabajo. La información del exterior les llega por televisión unidireccional, con horribles imágenes de la tierra devastada y las grandes ciudades reducidas a escombros. Salir a la superficie es una condena a muerte... Y salimos a la superficie. Resulta que la guerra terminó hace años. Quedan zonas radiactivas, "calientes", sí; pero pocas; la mayor parte de la Tierra es un parque enorme, un jardín donde viven unos pocos privilegiados con mansiones en medio de parcelas de miles de hectáreas atendidos por legiones de los robots enviados desde el subsuelo. Ellos se encargan de construir los discursos e imágenes, mediante maquetas, para los millones de seres humanos de abajo. El engaño es tan monumental que los engañadores lo acusan: Dick es demasiado bueno como para crear personajes maniqueos. Leemos: Le abrasaba un sentimiento de culpabilidad, no porque el reconstruir fuese malo, sino... porque todo era malo [...]. Millones de seres humanos habían sido expoliados, y no recibían compensación por el expolio, ni moral ni legalmente. ¿Cómo es posible que la gente se trague este cuento? Ese mismo protagonista, Joseph Adams, reflexiona: pensó que era increíble que los telespectadores se hubiesen olvidado hasta tal punto de la realidad, como para no darse cuenta de que era pura mentira lo que veían en la pequeña pantalla. O sea, están manipulados por los medios de comunicación, por la televisión. 
A mí esta novela me ha resultado profundamente impactante. Aclaro: escribo esto en febrero de 2013, en España, en medio de noticias sobre el enésimo escándalo de corrupción politica que estalla en medio de una sociedad azotada por el paro de seis millones de personas; desmantelamiento de la sanidad pública; recortes injustificables en educación; subida de impuestos, bajada de sueldos... La información de los medios de comunicación es apocalíptica: o se cumplen estas condiciones o vamos al abismo. Mientras, ya digo, se destapan cuentas bancarias en Suiza de partidos políticos, los que imponen estos recortes, por valor de más de veinte millones de euros. Leo, escucho y veo estas noticias por las mañanas y por las noches leo el libro de Philip K. Dick, muerto hace 31 años, publicado el libro hace 49, y me entero mejor de lo que pasa por este medio que por las noticias. Dick me está contando una verdad que los periódicos me esconden, y lo está haciendo desde el pasado. Es increíble y escalofriante. No sé si será la penúltima verdad de Dick, pero sí sé que es una verdad digna de figurar en primera plana, más que las noticias que nos preparan.


El escritor es digno de figurar en cualquier biblioteca bien surtida, no solo de ciencia ficción. Dick fue el autor de un buen número de obras inmortables y memorables que se merecen una buena reseña. No hablaré de todos los libros de Dick que he leído porque algunos apenas los recuerdo y debería releerlos (Lotería Solar, Los tres estigmas de Palmer Eldritch, La pistola de rayos, ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, Ubik, Laberinto de muerte, Fluyan mis lágrimas, dijo el policía y Sivainvi). De estos me gustó especialmente Laberinto de muerte, obra desgraciadamente descatalogada que esperemos que Minotauro (Planeta) reedite como está haciendo con el resto de su obra. Sobre otros libros pendientes de leer iré contando aquí: El hombre en el castillo, Simulacra, Nuestros amigos de Frolik 8, La invasión divina y Radio libre Albemut. Dick es, de todos modos, un autor al que hay que leer administrado en pequeñas dosis, ya que sus obras tienden a surrealismo alucinatorio y desasosegante expresado de manera hiperlúcida. Es decir, se describe minuciosamente una realidad alterada que cambia constantemente y en la que siempre hay un componente religioso de fondo que completa un cuadro sumamente desquiciante. Lo curioso es que esta realidad alterada sea, como decía de La penúltima verdad, más real que la auténtica. A lo mejor nos equivocamos todos en nuestras percepciones. Podría ser.



domingo, 3 de febrero de 2013

William Gibson: Trilogías del Ensanche, del Puente y de Hormiga Azul

William Gibson es un celebérrimo escritor estadounidense afincado en Vancouver, Canadá. Es tan famoso porque creó el neologismo "ciberespacio" y porque en sus primeras novelas tienen un peso muy importante en la trama los bancos de información de la matriz (lo que hoy llamaríamos internet, su ciberespacio), los piratas informáticos, las multinacionales que operan al margen o por encima de los gobiernos, el darwinismo social, la privatización de todos los bienes y servicios, la urbanización del planeta (Ensanche o Sprawl), la desaparcición de especies animales (en esto recuerda a Philip K. Dick), la tecnología ultraavanzada, los cíborgs, los viajes espaciales... Es decir, porque se aniticipó a nuevas formas de vida, algunas de las cuales ahora damos por hecho, pero que en el año 1983 no se veían venir tan clararmente. Todos esos rasgos constituyen la guía básica de la ciencia ficción llamada "ciberpunk", de la que Gibson es pionero junto con otros, como su amigo Bruce Sterling. Además, escribe unas historias cercanas al género negro y al thriller: gángsters, marginados, drogas, huidas, asesinos a sueldo, espionaje, armas, etc. Esta tendencia al género negro o, más bien, de espías, se ha acrecentado en sus últimas novelas, en las cuales apenas si aparecen recursos tecnológicos y sí mucho espionaje. Parece ser que el futuro de Gibson tocó techo y ahora se dedica, más o menos, al presente.

De manera algo curiosa y no del todo clara, como Pío Baroja, agrupa sus novelas en trilogías "sui generis" que comparten algunos personajes y lugares y cuyas novelas pueden (en algún caso) leerse separadamente. Ciertamente, de una trilogía a otra se nota el cambio, especialmente en la última. Su estilo es inconfundible, no obstante, y rasgos de sus primeras obras surgen en las más recientes.


TRILOGÍA DEL ENSANCHE (SPRAWL TRILOGY)

Gibson, William, Neuromante, ed. Minotauro, Barcelona, 2006. Trad. José Arconada Rodríguez y Javier Ferreira Ramos.
Neuromancer, 1984.

La inmersión en la peculiar ciencia ficción de esta novela es fría, repentina y profunda. Desde el principio quedan claras varias cosas: hay conocimientos que se dan por supuestos; las referencias son las de la propia novela, no las de fuera, y los lapsos se pueden rellenar o no. O sea, se presuponen muchas cosas y eso forma parte del juego. Por ejemplo, las palabras Ensanche, Freeside, pozo y otras aparecen antes de que se explique lo que son. El lector debe dejarse maravillar por una prosa nueva y dura, no demasiado innovadora, no obstante, en la forma, pero sí en la temática, y esta era nueva en su momento, y ahora también, porque por mucho que anticipe, es una obra de ficción.
Resumir el argumento no es difícil, pero ocurre como con las novelas de Agatha Christie: si se hace bien, debe empezarse por el final, y eso rompería el suspense, algo de lo que este escritor entiende mucho. Solo diré aquí (más abajo resumo la trilogía) a modo general,  que la cosa va de una lucha de IAs (Inteligencias Artificiales) por su independencia. De hecho, el Neuromante del título es una de las IAs (la otra se llama Wintermute). En esta lucha, las Inteligencias Artificiales arrastran a varios humanos. El protagonista, Case, que al principio del libro está al borde de la muerte por ajuste de cuentas en el experimento darwinista que es Chiba City, es contratado por el misterioso Armitage para romper el "hielo" (defensa informática) de una IA. Case y Molly, la "ninja" (guardaespaldas con implantes cíborg) investigan por su cuenta, vía el Finlandés (personaje que reaparecerá en las dos siguientes novelas), quién está tras Armitage y llegan hasta la IA Wintermute y la extraña familia Tessier-Ashpool...  Case es el personaje central al que se sigue desde el principio hasta el final. No es muy original ese planteamiento narrativo. Sí lo son los términos de comparación, que eluden deliberadamente la naturaleza. Como ejemplo, el citadísimo inicio de la novela: El cielo sobre el puerto tenía el color de un televisor sintonizado en un canal muerto. Más adelante (cap. 15): los lados de los muebles eran de un color que le hacía pensar en alas de cucaracha. La única naturaleza que aparece es, atención, en un satélite artificial, donde Case desayuna en una especie de prado [...] con demasiados árboles. Más adelante: -¿A qué huele? -preguntó a Molly, arrugando la nariz. -Es la hierba. Huele así cuando la cortan.
Es una novela de culto sobre la que hay mucha (quizá demasiada) información y opinión por internet. Mejor leerla, auque no va a gustar a todos los lectores. Solo para fanáticos de la ciencia ficción.


Gibson, William, Conde Cero, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. José B. Arconada y Javier Ferreira Ramos.
Count Zero, 1986.

En esta novela Gibson estructura la trama desde el principio en tres historias paralelas que solo muy adelantada la novela confluirán. Se narran en capítulos alternos las peripecias de Turner, un especialista en la extracción de investigadores y cuadros ejecutivos del más alto nivel. Las multinacionales para las que trabajaba nunca admitirían que hombres como Turner pudieran existir...; las de Marly, una galerista caída en desgracia con una sensibilidad especial hacia el arte, que es contratada por el megapoderoso y misterioso Josef Virek para que le encuentre al artista creador de unas cajas; y las de Bobby Newmark, alias Conde Cero, un "vaquero" (internauta cracker, diríamos ahora), como el Case de Neuromante.
Cada historia, con su personaje central, arrastra una serie de personajes secundarios y ambientes: el mundo de la investigación puntera y de la guerra de corporaciones en Turner; el del dinero y refinamientos artísticos en Marly, antepasados, ella y Virek, de Cayce Pollard y Hubertus Bigend, de Mundo espejo; y el mundo suburbial e ilegal de Bobby, con su ciberespacio, "hielo", antros, drogas, pellas, etc. Lucas, por cierto, tiene los dedos del color de alas de cucaracha. Se ve que le gustó la comparación.
Esta novela, que supongo que puede leerse aparte de la anterior, sí continúa en la siguiente, aunque el final es cerrado, más o menos, y poético, especialmente en la historia de Marly, la única que no converge directamente con las otras.


Gibson, William, Mona Lisa acelerada, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. José Arconada.
Mona Lisa Overdrive, 1988.

En esta novela también se narran historias paralelas, ahora cuatro. Como en la anterior, las diferentes peripecias confluyen, salvo una, la de Kumiko Yanaka, que es la que abre la novela. Esta es una niña de 13 años a la que su padre, jefe yakuza, envía a Londres a casa de un socio, Swain, para evitar ser presa en una guerra mafiosa. En esa casa reaparecerá Sally, la Molly de Neuromante, que está siendo presionada para que colabore con Swain en una complejo plan que involucra, como víctima, a Angela Mitchell, la huida de Mass-Neotek en el anterior libro, y ahora estrella del simestim. Esta es la segunda línea. La tercera es la historia de un misterioso paciente en una camilla conectado a la matriz (se supone) permanentemente y confinado para su custodia a los extraños ocupantes de una fábrica abandonada. La última historia es la de Mona Lisa, una joven (16 años) prostituta reclutada para sustituir a Angela Mitchell...
Realmente, se avanza poco respecto a las anteriores novelas. Esta, cuya acción se sitúa siete años despúes de la anterior (y, por tanto, catorce después de la de primera), sirve más bien de explicación retrospectiva. Contiene pasajes expositivos, por ejemplo resumiendo un documental sobre los Tessier-Ashpool o sobre los loa esbozados en Conde Cero. Se aclaran motivaciones e intenciones, lo cual está muy bien como cierre de trilogía y más en esta, donde, la verdad, nada se entiende muy bien (ya dije que forma parte del juego suponer que nosotros conocemos más de lo que en realidad sabemos). Los personajes tampoco se aclaran mucho: la pobre Mona exclama en el capítulo titulado Demasiado que nunca antes el mundo había tenido tantas partes móviles ni tan pocas etiquetas. Nos identificamos plenamente con ella y, encima, la última parte del capítulo, una de las partes más emborronadas del libro, donde confluyen tres de las historias, nos la cuenta ella, en su simpleza, con la visión que le da la droga que acaba de tomar (el juego perspectivista de Gibson es, sencillamente, asombroso). Esto es como venir a decir que no nos tomemos demasiado en serio el argumento de la novela (más abajo intento resumirla y explicarla).
Yo diría que al final de lo que se trata, el tema/objetivo final, es de conseguir la inmortalidad, ahora por medios de alta capacidad informática. El bellísimo último capítulo reúne a tres físicamente muertos y a una IA de camino a encontrarse con algo extraterrestre. O sea, podemos decir que el alma de esta trilogía ciberpunk está conformada por lo mismo que cualquier otro libro de ciencia ficción: afán de inmortalidad y contacto extraterrestre. Curioso.
Se incrementa la presencia de motivos que ya estaban presentes en novelas anteriores y que alcanzarán mayor desarrollo en las posteriores, especialmente en las de la trilogía de Hormiga Azul. Estos motivos o intereses de Gibson son, además de la juventud de sus protagonistas, la ropa (se describe siempre o casi lo que visten los personajes); la arquitectura, que adquirirá especial relieve en la siguiente trilogía, la del Puente; el mundo de los muy ricos y muy poderosos (aquí, la pequeña Kumiko y su padre) y, por último, el interés por el "show business", el mundo del espectáculo, del simestim en la novela, equivalente a nuestra televisión y cine, y que llegará, de otra forma, a su apogeo en Mundo Espejo.

Resumen general de la trilogía (mejor no leer si no se han leído los libros)

1- En su camino a la independencia, las IAs del primer libro, de la familia Tessier-Ashpool, requeren ayuda humana, y no dudan en apropiarse, tipo posesión demoniaca, del antiguo militar Armitage. Este (en realidad su IA posesora, Wintermute, aliada con la otra IA, Neuromante) precisa los servicios profesionales de Case y Molly. El asunto termina bien para las IAs, que pasan a deambular libremente por el ciberespacio. También termina bien para Case y Molly. Esta reaparecerá en la última novela del Ensanche.
2- Han pasado siete años. Parte de las IAs circulan por la matriz siendo confundidas con dioses del vudú (los Loa o Jinetes Divinos), nada menos. Para sus planes, sean los que sean (no se conocen) siguen necesitando humanos, de los que se apropian a placer (son los Caballos). Han impulsado la carrera del investigador Christopher Mitchell, de la empresa Maas Neotek, para que haga de su hija, Angie, un caballo ideal: esta puede conectarse a la matriz sin consola gracias a los vévés implantados en su cerebro. Parece ser que los planes apuntan a que a las IAs les interesa la difusión de los biochips, lo cual entra en contradicción con los planes de la Maas, que tiene la patente exclusiva. Pero esto es deducción mía, seguramente equivocada. De aquí parte la trama de espionaje industrial, deserciones, persecuciones, etc. (thriller tecnológico, se podría decir) de la novela.
3- Tal y como yo entiendo la trama, resulta que Bobby Newmark, alias Conde Cero, se ha apropiado del aleph de 3Jane Tessier-Ashpool. El aleph es una especie de enorme disco duro con capacidad suficiente para contener una réplica de toda, o casi toda, la matriz, "almas" humanas incluidas (eso sí, poquitas y selectas). Bobby vive conectado a eso, donde también se encuentra el espíritu de la difunta Lady 3Jane, que quiere a toda costa a Angie Mitchell, no se sabe por qué (la odia por envidia, dice la IA Colin). Por eso ordena su secuestro a Swain, el socio del padre de Kumiko. Swain subcontrata para esto a su vez a Molly (Sally). Por otra parte, Swain se ha ocupado de que una chica de la calle que se parece a Angie, Mona Lisa, se parezca más todavía mediante cirugía plástica. ¿Pretendía dar gato por liebre a 3Jane, o lo que hacía era buscar sustituta para los simestin de Angie cuando esta fuera entregada a lady 3Jane, como al final sucede? Además, ¿qué papel juega la IA Plan de Rodaje en todo esto?, porque parece que pueda estar detrás de la historia de su "prima" (comparten biochips) Angela M., con la cual este joven ha sido torpe. No sabemos mucho con certeza. El caso es que Mona sustituirá a Angie. Esta, que muere, se reunirá con su querido Bobby, que también muere, en el ciberespacio, donde también se encuentra el Finlandés, también muerto; y las IAs, bueno, a lo suyo, que nadie sabe en qué andan metidas. En la última página, en un giro final a lo Sterling, resulta que hay otra matriz consciente en Centauro a donde se dirigen para conocerla...

                          TRILOGÍA DEL PUENTE (BRIDGE TRILOGY)

Después de su paseo por el (ciber)espacio, volvemos a la Tierra. Las referencias son, en general, reconocibles como cercanas a nuestro tiempo (se dice, por ejemplo: la canción [...] es del negro ese que se volvió blanco y luego se le hundió la cara). El mundo ha cambiado, pero no tanto como en el Ensanche. En estas novelas se ponen los cimientos de la cosmovisión de las tres anteriores. En este sentido, poemos considerar esta trilogía como una particular precuela de la anterior. Tomado el puente en un sentido figurado, podría simbolizar el enlace entre las anteriores novelas, las situadas en el futuro más lejano, y las últimas, situadas en el presente.

Gibson, William, Luz virtual, ed. Minotauro, Barcelona, 2000. Trad. José Arconada.
Virtual Light, 1993.

La luz virtual del título se refiere al peculiar modo de visión, directo al nervio óptico, que proporcionan unas gafas especiales. Estas gafas serán el artículo tras el que andan todos. Se las roba Chevette, una bicimensajera, a otro odioso mensajero. La trama de la novela se desarrolla alrededor de estas gafas: el robo de Chevette hace que se contrate a una compañía de seguridad privada, IntenSecure, para encontrarla. El agente Rydell se ocupará de ello, pero terminará aliándose con Chevette contra los corruptos agentes y policías y teniendo que ingeniar un plan tras otro para escapar de sus perseguidores y luchar contra el destino que muestran las gafas...
Sin duda, en esta novela predominan las preocupaciones sociales. El puente de la trilogía es el que une San Francisco y Oakland. Allí viven los desahuciados sociales, gente que no tiene donde ir ahora que solo quedan pobres y ricos. Dice un personaje (Sammy Sal): Antes había una clase media, los que estaban a medio camino. Pero eso ya no existe. Se muestran una especie de cuadros costumbristas de esta gente a través de los ojos de Yamazaki, el estudiante de "sociología existencial" que reaparecerá en Idoru. Se cuenta también la historia y adoración de J. D. Shapely, el que consigue terminar con el sida. Surgen otros motivos temáticos de la realidad social americana: los telepredicadores (el reverendo Fallon), las agrupaciones de caravanas, en este caso para mostrar donde viven los miembros de una peculiar secta que cree ver a Dios en las antiguas películas (esto reaparecerá en Mundo Espejo) y las armas, los pistoleros a sueldo (el aborrecible Desamorado), así como un fondo de barrios bajos con su delincuencia, drogas, violencia, etc.
Es una novela de acción trepidante, más cercana al género negro que a la ciencia ficción, si bien esta irrumpe en forma de incipiente ciberespacio, con los piratas informáticos de República del Deseo. Yo creo que constituye un adelanto del tipo de relatos que escribirá Gibson más adelante, especialmente en su última trilogía.

Gibson, William, Idoru, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. Manuel Figueroa.
Idoru, 1996.

El anuncio de boda de Rez, el cantante japonés del grupo de adolescentes Lo/Rez es el detonante de las acciones principales de la novela que, en su estilo narrativo habitual, nos va relatando Gibson solapadamente. Las historias son las del peculiar Colin Laney, contratado por la seguridad de Rez para que vea de qué va eso (la habilidad de Laney son los "puntos nodales": destellos de información no accesible de forma lógica que él extrae de un maremágnum caótico de datos sobre alguien) y la de la joven de catorce años Chia McKenzie, miembro del club de fans del cantante en Seattle. Rez se va a casar con Rei Toei, una idoru: un ídolo artificial de la canción, una combinación de "agentes de software" (son los antepasados de las IA de Neuromante). Tanto Chia como Laney deben viajar a Tokio para ver qué pasa, pero sus avatares discurren paralelos hasta el final. La historia se complica porque a Chia la usa Maryalice en el aeropuerto de Tokio para introducir algo de contrabando. Ese algo no es droga, sino otra cosa (no diré qué) relacionada, casualmente, con Rez y que le complicará la vida porque la quieren los mafiosos rusos, el temible Kombinat. Por parte de Laney, la complicación viene de la compañía para la que trabajaba antes, que le presigue para chantajearle.
Total: como se ve, el realismo (más o menos) de Luz virtual ha durado poco y en esta novela nos volvemos a zambullir en la ciencia ficción informática: lo más importate es la información, y aquí destaca el antiguo trabajo de Laney, para SlitScan, una especie de empresa que igual "fabrica" famosos que los destruye.
La ambientación la proporciona el adorado Japón,  que aparece en todas sus novelas de una u otra forma, con bastante predomino en algunas (si no recuerdo mal, la que menos japonés tiene es Conde Cero). Es un relato trepidante donde los capitulos finales son cortados, sistemáticamente, en su punto álgido para insertar la otra historia, que también corta en alto. Gibson es muy hábil dosificando el suspense y manteniéndolo a un ritmo que deja sin aliento. Es también la novela donde más se acerca el autor al mundo adolescente, y el viaje de Chia es, en buena parte, de aprendizaje, de maduración.
Los capítulos que transcurren en el Hotel Di son curiosamente teatrales: una habitación con dos puertas a la que van llegando cada vez más personajes con sus diálogos y acciones correspondientes.
Como enlace estilístico con novelas anteriores, aparece una de las comparaciones favoritas del autor: en el Cubo K de la Muerte hay iluminación color cucaracha.
Esta es una gran novela que, inexplicable y lamentablementte, está descatalogada hasta que se dignen a reeditarla. No eniendo estas decisiones. Menos mal que la adquirí a tiempo, porque he llegado a ver anuncios pidiendo más de 100 euros por este libro de bolsillo.


Gibson, William, Todas las fiestas de mañana, ed. Minotauro, Barcelona, 2002. Trad. Darío Aguilar Pereira.
All tomorrow's parties, 1999.

En este final de trilogía confluyen personajes y tramas de las dos anteriores novelas. Nos reencontramos con Chevette, Rydell y otros secundarios de la primera novela como Fontaine, y también con personajes de la segunda, como Colin Laney, Rei Toei y la secundaria Maryalice. El escenario principal es, otra vez, el puente de San Francisco.
Bueno, y del argumento, no sé bien qué decir. Los motores de fondo son el megapoderoso Cody Harwood, que también detecta puntos nodales y los aprovecha a su conveniencia, y el enfermo Colin Laney, que se opone a los tejemanejes de Harwood, sean los que sean, con la ayuda de los hackers de la Ciudad Amurallada. Tanto Laney como la idoru operan escondidos para que Harwood no los elimine, y por aquí viene la acción de la novela: Rydell debe cargar, teledirigido por Laney, con el soporte de Toei  mientras le persiguen una banda de matones y un infalible asesino, ambos de Harwood, pero el asesino solitario (Konrad) va por libre más o menos.
Las tramas de Chevette y de Silencio, el misterioso niño semiautista, ofrecen el contrapunto romántico y tierno (Chevette y Rydell acabaron juntos al final de Luz virtual y al final de esta).
El estilo de Gibson ha llegado a su punto de madurez y se observa en el asombroso manejo de las acciones paralelas. Sin datos expresos, podemos reconstruir la cronología de los derroteros de Rydell y Chevette por el puente, cruzando sus caminos sin llegar a cruzarse ellos mismos en un emocionante suspense que abarca a tramas de personajes con los que interactúan ambos: Fontaine, el chico de la tienda "Sector Defectuoso" y su destornillador, el cantante Buell, etc.
Como en las demás novelas de Gibson, no se puede pretender enternderlo todo: las motivaciones, causas y consecuencias contienen lagunas intencionadas que podemos rellenar imaginativamente, pero sin certeza. Además, el lenguaje se complica cuando el autor trata de expresar conceptos nuevos. Esta faceta es la que, intuyo, le ha granjeado más detractores a Gibson. Párrafos como este: Rez [...] era muy posiblemente la última de las megaestrellas preposhumanas no gustan a todos los lectores (adviértase la acumulación de prefijos antitéticos: prepos-). Y las vagas referencias, que son en el fondo lo que activa a Harwood y Laney, a que todo va a cambiar como en 1911, sin aclarar más, salvo escuetas citas de la muerte de Pierre Curie en 1906, tampoco son de recibo. He buscado en la Wikipedia qué pasó en 1911 y no veo nada demasiado extraordinario, aunque supongo que los tiros van por el descubrimiento de Rutherford.
Esta novela que, por otro lado, contiene elementos desenfadados y divertidos, merece la pena leerse, si bien, de forma inexplicable aunque habitual, está total y absolutamente descatalogada desde que se agotó su única primera edición. Solo puede leerse, si no se es de los que la compraron cuando salió, por descargas de internet. Vamos, una falta de respeto más de ciertas editoriales a los lectores.


TRILOGÍA DE HORMIGA AZUL (BLUE ANT TRILOGY)


Gibson, William, Mundo Espejo, ed. Minotauro, Barcelona, 2004. Trad. Marta Heras.
Pattern Recognition, 2003.

Aterrizaje. La novela comienza con uno, con jet lag más bien, y podemos aplicarlo a esta novela respecto de las anteriores. El viaje desde el futuro ha llegado al presente: los personajes comparten nuestra realidad actual, si bien se trata de personajes peculiares. En esta novela trabajan muchos en el mundo de las agencias publicitarias, que es lo que es Blue Ant (Hormiga Azul), dirigida por el extraño Hubertus Bigend, perseguidor de enigmas y misterios. En este caso, intenta desentrañar lo que hay detrás del Metraje, unos fragmentos cinematográficos colgados en Internet y que arrastran a una legión de seguidores. Una de estas seguidoras, la cazatendencias Cayce Pollard, es el personaje central. Esta mujer padece una rara alergia a las marcas comerciales: reacciona ante los anagramas. Cayce ha rentabilizado su enfermedad convirtiéndose en una especie de visionaria que predice si un logo funcionará o no en el mercado. Además, debido a su alergia, viste, come y vive de una forma bastante espartana y monocroma. En una palabra, es minimalista. De hecho, el minimalismo, tan de moda en los últimos noventa y principios de este siglo, puede observarse como una preocupación estilística y temática en la novela. Gibson, que ya tendía a la condensación y eliminación de lo superfluo, afianza esta técnica en sus novelas recientes. Por ejemplo, aunque ha llegado a dominar la alternancia de capítulos con distintos personajes protagonistas de cada uno de ellos, aquí se ciñe al personaje de Cayce Pollard y no lo abandona: todo lo vemos desde su perspectiva, novios con cabeceros de cama de color cucaracha incluidos, y la trama principal es casi la única: primero, el trabajo y luego, el Metraje, sin rodeos ni caminos paralelos. El escenario cambia de Londres, el mundo espejo respecto a Estados Unidos, a Tokio y Moscú.
Los personajes son a la vez familiares y nuevos: Bigend es antepasado de Cody Harwood y Josef Virek. Cayce, de Colin Laney y Marley. Mecenas interesados para artistas utilitarios. Introduce, a su vez, elementos de espionaje que cobrarán mayor protagonismo en las dos novelas posteriores. Aquí los encarnan los personajes de Hobbs y Dorotea, así como Win, padre de Cayce.
Más que realista, la novela es reveladora: la traducción de su título en inglés es "reconocimiento de pautas". Eso es lo que interesa a Bigend y otros para hacer negocio a partir de los intereses latentes en la sociedad. Que sea un publicitario el que mueva la investigación sociológica puede interpretarse como una velada denuncia al mercantilismo de nuestra época, más expresa en las alergias del personaje principal y en su malestar al saber que su sensibilidad está siendo usada para contribuir a que el mundo sea homogéneo, a la globalización. En la medida en que el ciberpunk es un movimiento contestatario y antisistema, su acercamiento a la actualidad debía llevar a la publicidad y la sociología aplicada. Es lógico.


Gibson, William, País de espías, ed. Urano, Barcelona, 2009. Trad. Rafael Marín Trechera.
Spook Country, 2007

En cierto modo, se parece a Luz virtual, ya que todo gira en torno a la búsqueda de un objeto: un contenedor de mercancías. Este viaja de barco en barco sin desembarcar nunca en puerto alguno. Lo que contiene es un misterio que atrae a Hubertus Bigend, el publicista fundador de Hormiga Azul,  y piensa que la mejor para resolverlo es la excantante Hollis Henry. Su búsqueda constituye una de las tres tramas paralelas en que se estructura el libro, abandonado ya el minimalismo de Mundo Espejo. Las otras son la de Tito, joven espía miembro de una familia chino-cubana que habla en ruso, y que es elegido por el misterioso anciano que manda el contenedor por el mundo para que le haga unos trabajos de despiste y un trabajo final; y la última historia es la del agente especial Brown y su "secuestrado" Milgrim, traductor de ruso, enganchado a una extraña droga, que siguen a Tito.  Milgrim es, sin duda, el personaje más opaco del libro. No se sabrá quién es, de dónde sale, qué hacía antes ni qué hace después, aunque lo reencontraremos en el siguiente libro.
La explicación de la trama es un tanto complicada y también, al final, algo absurda, aunque no quiero decirlo aquí para no desvelar nada. Algo que sí parece quedar claro es el ambiente de paranoia y de desconfianza creado tras el 11-S, tema ya aparecido en su anterior libro pero que ahora se manifiesta en una atmósfera policial tensa y artísticamente utilitaria. Este aspecto cobra auge en esta novela. Si ya en la anterior la protagonista lamentaba contribuir a la uniformización del mundo, en esta la desconfianza de Hollis hacia Bigend se acrecienta. No le interesa a Bigend el arte por el arte (aquí el arte es locativo, virtual), sino sus repercusiones publicitarias. Gibson proporciona, dice el texto de la solapa, "una disección aguda e impiadosa de la sociedad actual". Por una vez, los textos de solapa aciertan. La parcela de mundo que nos muestra el autor está dividida en los que mandan y los que son manejados, en los que quieren hacer arte puro (música, "escultura", digamos) y los publicistas que lo mercantilizan todo. Además, dentro de la reducción tecnológica de los últimos textos de Gibson, merece la pena destacar la tecnología que sí aparece, y aquí abundan localizadores y GPS, menos importantes en su aspecto artístico que como elementos de control y seguimiento. Sin duda, esta tecnología ya ha dado que hablar (recordemos la polémica con Apple) y dará más juego en el futuro. Veremos.


Gibson, William, Historia Cero, ed. Urano, Barcelona, 2012. Trad. Rafael Marín Trechera.
Zero History, 2010.

A Bigend (su traje es del azul que se ve a la derecha) le preocupa que alguien esté haciendo uso de su estrategia de antimarketing con ropa vaquera de misterioso origen e inciertos puntos de venta. Para saber quién está detrás, contrata a la protagonista anterior, Hollis Henry que, como en la anterior ocasión, no le informará de lo que descubre, aunque nosotros sí lo sepamos y nos alegremos del reencuentro con personajes anteriores. Por otra parte, la historia se complica porque Bigend quiere parte del pastel de la industria de la moda militar, algo que también persiguen peligrosos personajes de pasado en el ejército dedicados al mercado negro... Esta es, en esencia la trama, la historia que se cuenta. Decir cuál es el sentido ya es más difícil. Definitivamente, el avión que venía del futuro ha aterrizado: estamos en 2010 y adivinar el futuro es, literalmente eso, adivinar, ya que Gibson parece que con cada nueva trilogía se desentiende de la anterior. Si no, el camino sería del Puente al Ensanche. Pero no está tan claro. No hay, como en las dos anteriores novelas, mucha tecnología. Casi toda está en los GPS y móviles. También cámaras, claro, omnipresentes en cualquier ciudad. La empresa de Bigend se va haciendo grande, enorme, pero se dice sin especificar. La crisis, al menos en Londres y Estados Unidos ya ha perdido casi toda su intensidad y se habla de ella en pasado. Pues qué suerte, porque en España seguimos con ella, parece que para rato. Parte del mensaje de Gibson, si no lo entiendo mal, es que el mundo avanza: queda sitio para guerra empresarial y nuevos negocios exitosos. El mundo del espionaje y los personajes intersticiales (por usar una palabra de las suyas), que se mueven por recovecos legales, está muy presente, quizá resultado de ese "espíritu de los tiempos" pos 11-S que se pretende desentrañar. La realidad actual contada con cierto distanciamiento y extrañeza hace que también a nosotros, que la vivimos, más o menos, nos extrañe. Por lo demás, no es un libro que vea como especialmente profundo. Más bien es entretenido, ligero. Parece uno de los que escribió a media trilogía, no al final, ya que deja más interrogantes que aclaraciones. Habrá que ver con qué nos aparece en el futuro: soy incapaz de preverlo. De momento, ha publicado un libro de artículos y ensayos, no de ficción, que no cuenta con traducción española: Distrut That Particular Flavor (Desconfía de ese sabor en concreto).

Además de estas nueve novelas, la obra de Gibson se completa con la novela en colaboración con Bruce Sterling La máquina diferencial y con el volumen de relatos Quemando Cromo, alguno incluido en Mirrorshades: una antología ciberpunk, recopilada por Sterling. Ya hablaré de ellos.



jueves, 8 de noviembre de 2012

Clive Barker. Novelas

Aunque Clive Barker, escritor inglés residente en Estados Unidos, es conocido sobre todo por sus cuentos, desgraciadamente aún no voy a hablar de ellos. Digo desgraciadamente porque son magníficos. No voy a hablar de ellos porque solo he leído dos tomos de los cuatro o cinco que tiene publicados en España y uno de ellos lo leí hace tantos años que no lo recuerdo bien.
Escribe relatos a medio camino del terror y la fantasía, predominando uno u otro en cuentos y novelas o manteniendo un conseguido equilibrio. Su fantasía, en todo caso, nunca es muy blanca, si bien yo creo que le gusta más esta que el terror y a ella dedica sus páginas más inolvidables. 
Por lo que he leído en sus libros, pienso que su tema favorito, su constante leit motiv, es el descubrimiento de un mundo de maravilla y magia detrás del oridinario al que solo se puede acceder muy costosamente y a través de severos sacrificios personales que algunos de sus personajes están dispuestos a realizar y otros no, pero se ven arrastrados a ese mundo extraño con sus leyes y todo lo que el cambio conlleva, sean metamorfosis permanentes o transitorias, pérdidas irreparables, imposibilidad de vuelta, incapacidad de readaptación, etcétera. También se da el happy end, no nos alarmemos. Pero ya digo que no es un escritor "para todos los públicos".
En cuanto a la calidad narrativa, sus novelas no conocen término medio: son muy buenas o malas. De las malas alguna se salva por las ideas, por el contenido, no por la forma. Otras, ni eso. Y las buenas, son excelentes, a la altura de sus cuentos. Vamos por orden.


Barker, Clive, El juego de las maldiciones, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2010. Trad. Juan José Llanos Collado.
The Damnation Game, 1985.

Aún no apunta los temas que luego veremos en su obra, pero sí se aprecia la fuerte originalidad de su terror. A los personajes los mueve la codicia de algún tipo; en esto no es original ni, seguramente, se puede serlo; pero los distingue de otros personajes más, digamos, estándar, el que estos tienen un fondo de insatisfacción no económica, afectiva o sexual, sino intelectual, por la que están dispuestos a llevar una vida de privaciones a cambio de escasos momentos de placer o del contacto efímero con el objeto de sus esfuerzos, que puede ser la demostración de una teoría o el desarrollo de un pensamiento o el descubrimiento de que, efectivamente, hay algo más allá de lo visible. En esto es un autor, además en casi todos sus relatos, muy fáustico.
El terror de esta novela se desarrolla a brochazos gruesos más bien gore: hay mutilaciones, canibalismo, podedumbre (mucha) y, en un plano más sutil pero no menos terrible, vacío existencial y sufrimiento de seres inocentes (cachorros, niños). El trazo realista es de lo mejor: Barker no tendría precio como escritor realista. Sus personajes, dejando de lado las transformaciones que sufren, son tan absolutamente normales, tan conseguidos, que uno piensa que podrían ser los vecinos de la puerta de al lado o, por momentos, uno mismo.
En esta novela la balanza cae más del lado del terror y menos del de la fantasía, por lo que la recomiendo más a los que gusten de ese género. 
Afortunadamente, y contra lo que suele suceder, después de muchos años descatalogada e inencontrable, la han reeditado no solo en edición cara, sino también en bolsillo. Una buena noticia editorial, por fin.


Barker, Clive, Sortilegio, ed. Plaza y Janés, Barcelona, 1988. Trad. Roger Vázquez de Parga.
Weaveworld, 1987.

Sin duda, la mejor novela de Barker. Para mí, es su obra maestra y merece un puesto de honor no solo en su blibliografía particular, sino en la de la literatura fantástica.
Además de un impresionante despliegue de imaginación, la historia se encuentra sólidamente construida, prueba de que, si se toma su tiempo, cosa que no hizo con Cabal ni otras, el autor descuella muy por encima de otros escritores y otros productos. Como muestra, y sin desvelar nada, reproduzco el principio y el final:
Nada empieza nunca.
No hay un primer momento: no hay una única palabra o lugar de los cuales esta historia o cualquier otra brote.
Las últimas palabras de la novela, tras un espectacular y bello desenlace, son:
Porque nada empieza nuca.
Y esta historia, al no tener comienzo, no tendrá final.
Señalo esto como detalle de la preocupación por la estructura, la trama, en este caso de configuración cíclica. Entre medias, toda una historia de unos mundos encerrados en otros, en objetos cotidianos (una alfombra, un libro) y de unos personajes inolvidables, humanos (Cucos), con poderes mágicos (Videntes) y de otras especies (¿ángeles?).
La eterna lucha del bien y el mal, encarnada por personajes bondadosos y pérfidos, no es tan maniquea como cabría suponer: muestran sus claroscuros y medias tintas unos y otros. Se dan malos entrañables (Hobart) y buenos con egoísmos, dudas y fisuras (Apolline, por ejemplo) completados por una pléyade de secundarios tan vivos como ellos.
Los libros, partes, capítulos y apartados se sucenden en una lograda alternancia de cambios espaciotemporales y, sobre todo, de tempos, al modo musical: de Lento a Vivace, podríamos decir: momentos de máxima tensión repletos de acontecimientos enmarcados por remansos de extática paz o tensa calma. La lectura es trempidante y de este libro sí se puede decir eso tan publicitario de que se cierra con pesar o que cualquier cosa que leas después parecerá mala por comparación. No se entiende (yo, al menos) por esto mismo que no se haya reeditado desde 1987 o poco después. Se trata de ediciones hoy caras y difíciles de comprar. Mal destino para la mejor obra de Barker, que posee todas las cualidades para ser un best seller de altísima calidad.


Barker, Clive, Cabal. Razas de noche, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2010. Trad. María Sánchez Salvador.
Cabal, 1988.

Parecerá que abogo por la coarción intelectual al decirlo, pero a mí me parece que algún editor, el que le publicó la novela o cuento o lo que sea esto en origen, debería haber hablado muy seriamente con Barker para que puliera lo que no pasa de ser un bruto, un  esbozo. Promete ser una obra magna y, de hecho, por internet y en las diversas publicidades del libro y la película, no se cansan de repetir (los interesados en obtener beneficios, claro) que es la novela de una peli de culto y que cuenta con miles de seguidores y patatín patatán. Vale. Pero al libro le faltan unos cuantos repasos para que no sea un diamante en bruto confundible con un pedrusco. La idea es buena, pero la forma... Hay redacciones escolares mejor escritas. Las razas de noche aparecen y viven bajo un cementerio. Punto. No esperes más. La novia del prota toma decisiones arriesgadas a partir de unos pensamientos que caben en un sello de correos y cuya profundidad es comparable a la de una palangana. El psicópata sí está más conseguido, pero seguramente sea porque su misma rareza, la de asesino en serie poseído por una personalidad alternativa somatizada o simbolizada en una burda careta (la que se ve en la portada, más o menos) lo aleja del lector corriente. En fin. ¿Merece la pena leerse? Sí, pero puede decepcionar. Se atisba lo que pretende, pero le faltó al escribirlo no sé si experiencia, trabajo, tiempo, ganas o motivación. Algo le falta, y creo que una nueva edición del autor "corregida y ampliada", como se dice en los manuales de texto, no le vendría mal. Encima, no está en bolsillo.


Barker, Clive, El gran espectáculo secreto, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2012. Trad. Raúl García Campos.
The Great and Secret Show, 1989.

Transcurridos más de diez años desde que la publicara Plaza y Janés, por fin se ha reeditado esta segunda gran novela de Barker. Es la más importante después de Sortilegio y mantiene algunos puntos en común con aquella, como la fantasía oculta tras la realidad (ese es "el gran espectáculo secreto" del título, el del mundo de los sueños y las fantasías). En este caso no es una tierra lo que hay más allá, sino un mar: Quididad, maravilloso lugar que los seres humanos visitan muy pocas veces en la vida. Randolph Jaffe lo quiere visitar más veces, y para ello hará lo que sea: es el motor de su existencia, su obsesión. En la búsqueda de la consecución de su deseo arrastrará a unos cuantos personajes memorables algunos de los cuales parecen extraídos de sus cuentos, y estoy pensando concretamente en el de La últma ilusión, de los Libros de Sangre 4 (Sangre 2 en mi antigua edición de la editorial Martínez Roca).
La forma esta vez no desmerece de la historia, y se encuentra hábilmente tramada en una red de personajes interrelacionados, causas y efectos no siempre evidentes que se irán conociendo poco a poco y que arrojarán luz sobre nuevos hechos y personajes inquietantes como el extraño y ambiguo Kissoon atrapado en su bucle temporal cercano al pueblo-decorado del desierto (recuerda mucho a la ciudad semivacía del relato En persona, también de los Libros de Sangre 4). El tempo está tan medido como en una sinfonía: momentos para cada uno de los personajes, revelaciones trascendentes, amor, sexo, lucha, pasión, intriga, odios, etc. que se irán entrelazando en complejos cuadros cambiantes. La parte realista se presenta con tal verosimilitud que parece que asistimos a un documental sobre la historia de una comunidad real estadounidense en Palomo Grove, de la cual se narra desde sus orígenes hasta su hundimiento. Aquí se dan cotilleos, voyeurismo, rivalidad de clases sociales, simpatías y antipatías, escándalos y vida de puertas para afuera y de puertas para adentro. De esta última, por cierto, me llamó la atención, como en El juego de las maldiciones, la cantidad de tiempo que pasa la gente en casa sin hacer nada o viendo la tele. Resulta raro y también difícil introducir esta nota en una novela, por muy corriente que sea esto en la vida diaria, y Barker lo borda.
La novela culmina con una extensa incursión en el mundo de la fantasía y un apabullante clímax con potencial destrucción del mundo entero, incluido sorprendente giro final con raíces históricas que se anunció antes en forma de enigma: ¿qué es Trinidad?
Si no se lee de un tirón es por sus 470 páginas de apretada letra de las que ninguna aburre o decepciona.


Barker, Clive, Hellraiser, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2008. Trad. Marta García Martínez.
The Hellbound Heart, 1991.

El otro mundo, al que se accede a través de sacrificios severísimos, ocupa el centro de esta corta novela. Se inicia ex abrupto con un diálogo entre el aburrido y desencantado de la vida Frank y "la cosa" que le va a proporcionar el pase a lo diferente, previamente invocada por la abertura de una caja-puzzle antigua. El mundo extraño no se describe y solo Frank da algunos apuntes. En resumen, Frank trata de escapar de la dimensión a la que ha ido a parar para volver a la nuestra, y para ello necesita algunos sacrificios ajenos, esta vez involuntarios, y alguien que le ayude a dar el paso.
La verdad es que la novela no está mal. Me la esperaba peor por lo que había oído de la película, que no llegué a ver entera porque no me gustan las de ese género. Me temía que fuera a ser un libro más terrorífico, pero no lo es, o, al menos, el horror pasa por el tamiz de lo fantástico y es, a la vez, bastante humano y familiar (la cosa va de hermanos y cuñadas). El relato, que podría ser un cuento largo, se lee con interés y contiene buena parte de las recurrencias de Barker, algo de sexo añadido. Este es truculento, quizá reflejo de la tumultuosa vida sentimental del autor.
La portada es tan horrorosa que aunque el libro no fuera tan corto como es, se leería rápido para dejar de verla. Eso sí, es uno de los tres libros del autor que actualmente se pueden comprar de bolsillo, una buena noticia para lectores compulsivos.


Barker, Clive, Imajica: El Quinto Dominio / Imajica: La Reconcialición, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2006. Trad. Ana Isabel Domínguez.
Imajica: Book I: The Fifth Dominion / Imajica: Book II: The Reconciliation, 1991.

Puf. Decir que son malos es quedarse muy corto. Para alguien que sigue fielmente a este autor desde que lo descubrió en el 91, que ha perseguido la pista de sus libros descatalogados infatigablemente y que cuando se entera de que ha salido una nueva novela corre a comprarla pese al precio de los dos volúmenes (caros), supone una decepción enorme y profunda encontrarse con esto entre las manos y no saber por dónde cogerlo. Después de finalizar un tomo a trancas y barrancas, encontré que el segundo seguía igual y tuve que abandonar su lectura cuando me quedaban no sé si como 50 o 100 páginas para acabarlo. Pero es que da igual, porque la historia (¿hay historia?) no avanza; los personajes (¿quiénes eran?) no aportan nada, la fantasía es escasa y ramplona; de la acción (¿hacia dónde iba y de dónde venía?) no recuerdo una sola palabra. Es que nada se salva. Es un rollazo que no merece la pena leer ni regalado. Horroroso. La decepción que deja es profunda y, si a alguien le ha gustado, que lo exprese, porque no he leído ni una crítica buena por ahí. Bueno, sí, pero pocas, breves y no entusiastas, desde luego. Es una novela mala hasta decir basta.


Barker, Clive, El ladrón de días, ed. Grijalbo, Barcelona, 1993. Trad. Enric Canals.
The Thief of Always, 1992.

Aunque inencontrable ya en papel, existe por la web, y merece la pena leerse, ya que el Barker para niños no pierde carga. Se aprecia el esfuerzo por domar el caballo de la imaginación furiosa y negra que podría haberle llevado a escenas bastante fuertes de haber sido dirigidas al lector adulto.
La historia del niño aburrido al que embaucan para ir a un lugar de  continua diversión donde siempre pueda hacer lo que quiera no es superoriginal, pero tampoco está demasiado vista. Recuerda al entrañable clásico italiano Pinocho, de Carlo Collodi, cuya lectura recomiendo por no ser exactamente, ni siquiera aproximadamente, como la película de Disney. Más recientemente, viene a la memoria Coraline, de Neil Gaiman, y esta vez (no como con Miéville y Vance), parece que no soy el único que ve muchas concomitancias. Se recoge algo en algún foro y en estas preguntas a Gaiman (en inglés, me temo). Él dice, si no lo entiendo mal (el inglés, otra vez) que cuando ya estaba a medio escribir Coraline, leyó la contraportada de El ladrón de días, y nada más, y que años más tarde leyó la novela y no se parece tanto a su libro como se temía. Bueno. Habrá que creerselo (yo no me lo creo).
El libro, si bien dulcificado y con final feliz, contiene escenas bastante terroríficas más en su potencial que en su plasmación. Son muy evocadoras las imágenes de una sucesión de días donde siempre es primaveral la mañana, estival la tarde, anochecer de Halloween y navideña la noche. El escenario lo forman jardines engañosos que contienen peligrosos lagos, una casa encantada que alberga un tétrico ático y un oscuro sótano. Hay personajes escondidos y ambiguos, gatos que encuentran los caminos secretos (¿seguro que no se asomó por ahí Coraline?) y magia. Todo ello rodeando seres puros e inocentes: los niños.
Es un libro fantástico original y entretenido que se lee de un tirón y al que decoran atinadas ilustraciones que creo que son del mismo Barker, que también es dibujante.


Barker, Clive, Demonio de libro, ed. La Factoría de Ideas, Madrid, 2009. Trad. María Sánchez Salvador.
Mr. B. Gone, 2007.

Aunque he escrito que no conoce término medio y que sus novelas son buenas o malas, esta parece ser mediana: no es mala pero tampoco es una novela memorable, la verdad.
Por motivos que se aclararán al final de la novela, un demonio se ve atrapado en el libro que leemos, en el cual él mismo cuenta sus hazañas, en primera persona, desde que lo pescan, literalmente, del noveno círculo del Infierno hasta mediados del siglo XV. El demonio apela al lector de una forma cansina y poco convincente en fragmentos cortos que alternan con el relato de sus correrías en compañía de otro demonio: Quitoon. Lo que hacen juntos es dedicarse a matar a quien quieren y poco más. Al final hay un encuentro de la fantasía con la historia y el señor B. (Botch, el demonio) paga el pato de su curiosidad.
Me recordó a un entrañable libro que tenía olvidado y que ahora tal vez relea: No soy un libro, de José María Merino. El juego tipográfico, por lo menos, era más divertido.
Este (vuelvo al de Barker) se deja leer sin mayor trascencencia. Ya digo que es más bien mediocre, si bien entretiene y, además, se ha publicado también en bolsillo.
Parece ser que en breve van a publicar Everville, la segunda parte de El gran espectáculo secreto. Habrá que ver cómo prosigue. Para mí, se cierra perfectamente, pero bueno. Siempre es un placer leer a Barker. Ya comentaré sus cuentos.

Barker, Clive, Abarat, ed. Oz, Barcelona, 2015. Trad. Vicky Vázquez
Abarat, 2002.

Es la primera novela de una serie que en inglés lleva ya tres volúmenes publicados. Yo no lo sabía, entre otras cosas porque la editorial no se ha "molestado" en informar de ello. Hay que tenerlo en cuenta porque, claro, la obra no termina. La historia de Candy Quackenbush, joven de la ciudad de Chickentown, inventada en Minnesota, Estados Unidos, no hace más que empezar. La chica, aburrida de tanta mediocridad y de los ataques de su profesora y compañeros de clase, se escapa del colegio para encontrar en medio de la nada un extraño faro de madera, un personaje con varias cabezas y una especie de ogro horrible que lo persigue. Candy desencadenará un mecanismo mágico (tema habitual en Barker) que hará que nuestro mundo y el de Abarat, archipiélago de veinticinco islas, conecten. De nuevo, el mar de la fantasía, como en El gran espectáculo secreto.
En el nuevo mundo, repleto de extraños seres, fauna y flora pecualiares, además de magia, Candy no pasará desapercibida: pronto la buscan los malos malísimos y pronto también encuentra ayudas inesperadas.
La imaginación de Barker es portentosa y su dominio del ritmo narrativo también. A través de una serie de persecuciones, huidas, entregas, pérdidas, caídas, reencuentros, búsquedas, descubrimientos y revelaciones, el autor nos introduce en el maravilloso mundo de las islas del reino mágico de Abarat. La lectura llega a poseer un interés vertiginoso: volvemos a leer al mejor Barker, sea para niños o no (la obra no es especialmente infantil). Pero, como decía, no termina. Nos quedamos con la miel en los labios. ¿Sacará esta editorial las otras dos partes de la obra existentes hasta el momento? Esperemos, y esperemos que no tarde mucho en hacerlo.