sábado, 9 de junio de 2012

Michael Ende

Ende, Michael, Jim Botón y Lucas el maquinista, ed. Noguer, Barcelona, 1983.
Jim Knopf und Lukas der Lokomotivführer, 1960.

Parafraseando a Alberti, diré que yo no naci, perdonadme, con el vídeo, así que para entretenerme leía, y mucho; pero hacía como los niños que repiten muchas veces la misma peli o serie de dibujos: no leía muchos libros, sino que leia los mismos muchas veces. El libro que más veces leí en mi infancia y preadolescencia fue el de Jim Botón y Lucas el maquinista, junto con Las fantásticas aventuras del caballito gordo, de Antonio del Cañizo. Esos dos libros me divertían, me entretenían, y lo hacían una y otra vez. Del de Ende me sabía hasta los nombres de sus personajes y lugares: Lummerland, Sursulapitchi, SchuFuLuPiPlu, Tur-Tur... No me cansaba de seguir a los personajes al desierto de los ecos interminables, al fondo del mar, al peligroso país de los dragones, a la China milenaria, donde los niños van de la mano del mayor al menor, etcétera, etcétera. Lo leí no sé cuántas veces, y aún hoy tengo ganas a veces de hacerlo. Este verano me pondré, seguramente.

Ende, Michael, Jim Botón y los Trece Salvajes, ed. Noguer, Barcelona, 1985.
Jim Knopf und die Wilde 13, 1962.

La historia continúa con su Jim Botón y los Trece Salvajes. De este recuerdo menos, porque me pilló ya más mayor, aunque también lo he leído un par de veces. Sigue siendo tan maravilloso, en todos los sentidos de la palabra, como el anterior, e introduce nuevos personajes y paisajes. Es muy digno sucesor, aunque atrapa menos porque ya no deslumbra su fantasía como en el primero. El autor lo suple a la manera tradicional: incrementa la tensión y el suspense. Es una suerte que Ende decidiera escribir esta segunda parte, para que podamos disfrutar más tiempo en su universo único.
Las ilustraciones de Tripp, magníficas, acompañan ambos textos.


Ende, Michael, Momo, ed. Alfaguara, Madrid, 1986.
Momo, 1973.

Algo distinto es este libro de los anteriores, ya que su ambientación, que no su historia, es más realista: en algún lugar de Italia, en "una ciudad grande" pero agradable e histórica en sus afueras, donde vive la huérfana Momo. En fin. Podría ser cualquier sitio del mundo occidental. Se pueden hacer muchas lecturas simbólicas sobre lo que representan los hombres grises, que roban el tiempo a los hombres: progreso, vida adulta, realismo, dinero, practicidad, egoísmo, esclavitud... frente a Momo y sus amigos, niños y adultos: imaginación, fantasía, vecindad solidaria, libertad, inocencia... Yo creo que nos damos cuenta, cuando cerramos el libro y lo dejamos en el estante, leído ya que somos adultos, de que el cuento, realmente, acaba mal. Los hombres grises nos han visitado en algún momento y nos han esclavizado. Somos clientes de su banco sin saberlo (apenas), y se llaman hipoteca, letras, trabajo con pocos días libres y pocas vacaciones, ciudades atestadas, coche para todo (sin pasear), pocas relaciones interpersonales, no escuchar, etc. Se llaman también las noticias del periódico con que nos bombardean este 2012 (y antes en el 73, año en que se escribió el libro, y luego a principios de los 90, y después de esta, será otra similar): crisis económica, bonos de interés, valores a la baja en bolsa, recortes, recortes y recortes en los derechos y libertades además de en el trabajo y la calidad de vida, que también son derechos básicos. Momo es, no desesperemos, eterna, y habita también en nosotros, como las flores horarias; pero es una niña pequeña, sola, harapienta y descalza que avanza a paso de tortuga (paso engañosamente rápido, no obstante). Momo sigue su lucha y es, en cierto modo, como David contra Goliat. A ver quién gana. Pero ya me he dejado llevar yo también por la lectura en clave simbólica. Momo se puede y debe disfrutar como una obra de arte, literaria, pura. Es muy buena y su fantasía es, como siempre en Ende, prodigiosa. El capítulo tres, por cierto, describe una tormenta en el mar parecida a las de Jim Botón y los Trece Salvajes. Es otro elemento repetido de un libro a otro, además de la tortuga (Casiopea en este y Morla en el siguiente).

Ende, Michael, La historia interminable, ed. Alfaguara, Madrid, 1993.
Die unendliche Geschichte, 1979.

Es un clásico de la literatura juvenil y de la literatura sin más. La obra magna de Michael Ende, la que todo amante de la literatura, especialmente fantástica, leerá y releera disfrutándola una y otra vez ya que, si bien no es interminable, es bastante extensa y con una buena representación de personajes, lugares, acciones, paisajes, tramas paralelas y reflexiones, valores (sobre el respeto a toda forma de vida, el ecologismo, la mentira, el valor de verse uno a sí mismo como es, etc.). La trama es algo compleja, ya que se van entremezclando el mundo real del protagonista, Bastian Baltasar Bux, con el de la novela que está leyendo, hasta confluir en uno y volver a disociarse al final. El autor los distingue con tintas roja el primero y verde el segundo, y esta división, original y exigida por la propia historia (es un recurso diegético, no meramente estético), no se ha respetado en algunas ediciones de bolsillo, no sé por qué.
Quizá lo ideal sea leerlo en la adolescencia, aunque yo creo que a la buena literatura, sea infantil, juvenil, de género o lo que sea, se puede acercar cualquiera sin prejuicios ni complejos. Esta dejará un buen puñado de historias en la memoria: el desván del colegio alemán, para mí casi tan exótico como lo del libro; la  vetusta Morla; el Oráculo del sur, que me recuerda a un pasaje de Alicia; el desierto del león que lo quema todo; la selva noctura; la biblioteca que se abre en la ciudad de plata; la casa del cambio de Aiuola; el dragón de la suerte Fújur; la araña sobre el abismo; el laberinto de puertas; el mar de algas... Uf, está realmente cerca de ser interminable.
Me gusta también el tema del libro dentro del libro: el escribiente dentro del huevo que escribe las mismas letras que leemos en ese momento, palabras del narrador incluidas. Aquí el referente que se me ocurre, por poner uno, es el Quijote, o Unamuno, por poner otro español. En fin. Yo creo que este libro marca una cima como la de El Señor de los Anillos, con el que tiene coincidencias como lo de la araña gigante, Alicia, Peter Pan, Pinocho o El mago de Oz: imprescindibles para jóvenes y adultos. Para buenos lectores, vaya.
Una de las cosas que me llaman la atención es el tratamiento del renacer, de la renovación. Aparece una vez en la casa de Aiuola y otra, al menos, cuando Bastian se baña en  la fuente que une los dos mundos, donde está la serpiente Uróboros. También aparece algo en la mina de imágenes. Pienso que se lee con tanto placer porque en el fondo nos dice algo muy profundo y muy humano sobre el nacimiento que todos tenemos olvidado pero latente.
Hace unos años lanzó Ediciones B en España una colección, que creo que surgió en Alemania, que se proponía homenajear este libro contando algunas de las historias que se quedan pendientes con el recurrente "pero esa es otra historia y será contada en otra ocasión" (cito de memoria) que lanza Ende repetidas veces a lo largo de la narración. Yo leí El rey de los bufones, de Tanja Kinkel y me gustó bastante. Por desgracia, es con el único que pude hacerme antes de que los retiraran.

Ende, Michael, El Goggolori, ed. Ayuso, Madrid, 1986.
Der Goggolori, 1984.

Su subtítulo es: Una leyenda bávara dramatizada en ocho escenas y un epílogo. Al estar basado en una leyenda, he supuesto que estaría publicada en algún sitio, pero solo encuentro un libro de Otto Reuther, Der Goggolore, de 1935, que fue en el que se inspiró Ende para su libro, que más que teatro, fue escrito para ser un libreto de ópera musicado por Wilfried Hiller. Está en Youtube, ahí puede verse la obra completa. El llibro está bien, muy imaginativo, con ese aire antiguo de las viejas leyendas europeas sobre duendes y brujas. Es parecido al cuento de los hermanos Grimm, El enano saltarín (Rumpelstiltskin). Se lee en un cuarto de hora. Está, como es desraciadamente habitual, descatalogado.


Ende, Michael, El espejo en el espejo, ed. Alfaguara, Madrid, 1986
Der Spiegel im Spiegel: ein Labyrinth, 1984.

En estos cuentos cambia el tono y el estilo. A diferencia de las anteriores obras, esta está dirigida a un lector adulto, tanto por su temática como por su lenguaje. Los cuentos, de extensión muy variable entre media página (el del patinador del cielo) y  veinte, más o menos, son bastante alógicos, de toques surrealistas muy acusados, y parecen estar remotamente inspirados en cuadros del pintor surrealista Edgar Ende, padre del autor y a quien va dedicado el libro. Nos hallamos ante una escritura difícil, poco clara, onírica. Aparece el tema de la incomunicación, por ejemplo en el patinador del cielo cuyo mensaje, urgente, nadie puede descifrar ni les importa; o el matrimonio que visita una exposición de arte donde las obras son cosas: oveja, arena del desierto, etc.; o en el del estudiante que sorprende a los herederos de su casa cubiertos de polvo y telarañas alrededor de la mesa donde negocian... El miedo a la libertad y a lo desconocido frente a lo rutinario está en el fondo de los dos cuentos que más me gustan: el del hombre que coge el tranvía de siempre pero no lo lleva donde se espera, y el de la clase donde llueve sin parar. El paso del tiempo y el carpe diem parecen marcar al menos los cuentos de la fiesta de llamas en el palacio de cera de colores y el complejo de los novios que recorren una habitación-desierto para encontrarse y perderse siempre... También se cuelan la religión, la responsabilidad, la búsqueda de algo (¿de un sentido a la existencia?), la identidad (el señor compuesto de letras), la educación, la muerte, la justicia... No son cuentos convencionales en ningún sentido, y seguramente en eso radica parte de la atracción que ejercen. Invitan a la relectura porque no se agotan: adquieren nuevos sentidos y matices inexplicados. Creo que es uno de sus mejores libros.

Ende, Michael, Jojo. Historia de un saltimbanqui, ed. Plaza & Janés, Barcelona, 1998.
Das Glaukiermärchen, 1982.

Maravillosa obra teatral en la que la fantasía sirve de refugio a una realidad muy cruda y desagradable. A la pequeña Eli, retrasada mental, quieren internarla los de una gran empresa, algo que deben votar los del circo, su familia adoptiva, en una situación absolutamente límite y precaria. Eli encuentra el apoyo de Jojo, un viejo payaso que la consuela contándole un cuento. Este constituye el grueso de la obra. Este libro es sumamente poético y emocionante además de contener mensajes de denuncia social. Merece leerse y tenerse en cuenta. Para mí, es otra de las mejores obras de Ende. Por el lado formal, solo voy a destacar que el autor aprovecha recursos tipográficos para disociar los mundos de la fantasía y de la realidad, como ya hiciera en La historia interminable con los colores. No sé si se respeta en todas las ediciones. Supongo que sí, porque la mía es de bolsillo y lo hace.


Ende, Michael, El ponche mágico, ed. SM, Madrid, 1993.
Der satanarchäolügenialkohöllische Wunschpunsch, 1989

Toda la acción sucecde el día de San Silvestre, 31 de diciembre, por lo que es un buen día, ese o los inmediatamente anteriores o posteriores, para leerlo. No es muy largo y cuenta una historia a modo de cuento muy original entre dos magos enfrentados. Es divertida y adictiva, entretenida. Es más infantil que las otras obras, como los libros de Jim Botón. De todos modos, como todos los libros de Ende, puede leerse a cualquier edad. Yo lo hice de mayor y me gustó mucho. Lo releeré este fin de año.

Ende, Michael, La prisión de la libertad, ed. Alfaguara, Madrid, 1993.
Das Gefängnis der Freiheit, 1992.

Otra magnífica colección de cuentos para adultos. Son ocho, de extensión variada. Aunque muy diferentes entre sí, el tema de la libertad se da en la mayoría de ellos, como el que le da título al conjunto, cuyo argumento responde literalmente al título. En tres de los cuentos escribe Ende de las dimensiones imposibles, dándole un inesperado tratamiento humorístico en  Sin duda algo pequeño.Los otros donde trata de espacios irrealizables son El pasillo de Borromeo Colmi y La casa de las afueras. En mi opinión, los mejores son el primero, La meta de un largo viaje, que inspira la magnífica ilustración de la portada, de Araceli Sanz, y el sexto, Notas de Max Muto, viajero por el mundo del sueño, relato que contiene toda una poética del modo de obrar de Michael Ende para hilvanar las tramas de sus historias de modo coherente pese a lo diverso de personajes, ambientes y situaciones. En este sentido, por ser el más fantástico, es el que más recuerda a La historia interminable y, por momentos, algún relato de El espejo en el espejo. Aparece aquí, por cierto, el motivo de los hombres cubiertos de letras y de la escritura prácticamente indescifrable: los problemas de comunicación, como en al menos dos cuentos de El espejo en el espejo. También La prisión de la libertad destaca especialmente, más en su desarrollo que en su conclusión. El arranque lo presenta, con exactitud, inspirado en los cuentos de Las mil y una noches, ya anunciada esta fuente de inspiración desde su subtítulo: Cuento de la mil y once noche.

Ende, Michael, Carpeta de apuntes, ed. Alfaguara, Madrid, 1996.
Michael Ende's Zettelcasten, 1994.

En este libro se reúnen 113 textos de todo tipo: cuentos, reflexiones, poemas, aforismos... También escribe Ende sobre su propia literatura, como en Tortugas, donde explica por qué le gusta tanto ese animal y lo incluye en muchos de sus libros, o lo que debe ser (o no ser) la literatura infantil, cartas a lectores, preguntas a lectores, recuerdos y, y esto es de lo más interesante, ideas para cuentos. Si las hubiese desarrollado, ¡qué joyas saldrían!¡Qué libro tan maravilloso hemos perdido! Esta es otra ocasión de llanto para la literatura, comparable a la pérdida del segundo libro de la Poética de Aristóteles, del que tanto se ha hablado.
Este libro, por su naturaleza y variedad es también, en cierto sentido, interminable. Entre las Cuarenta y cuatro preguntas al amable lector las hay verdaderamente profundas. Algunas me suenan, más o menos, como típicas o clásicas de la filosofía: "Si cambian nuestras representaciones de la realidad, ¿cambia también la realidad?" (¿no se planteaba algo así Descartes?). Otras se enfocan hacia la literatura, y no tienen fácil respuesta: "La Biblia, que habla de ángeles, demonios y milagros, ¿pertenece a la literatura fantástica?" o "Cuando varias personas leen el mismo libro, ¿leen realmente lo mismo?". Ataca la crítica literaria avasalladora: "Si Kafka quiso decirnos con sus novelas lo que interpretan sus intérpretes, ¿por qué no lo dijo él?". Algunas merecen enmarcarse: "¿Ha conocido usted jamás a una persona como todo el mundo?". También hay reflexiones irónicas o jocosas sobre medioambiente y sociedad. Bueno, cada lector encontrará sus apuntes favoritos. A mí me gustan especialmente Nunca más, Anrula y Conversación en lo profundo. En otros blogs pueden encontrarse total o parcialmente este y otros libros. Este, de momento, sigue estando en librerías, a buen precio, y es el últmo libro suyo, ya que falleció en 1995. 
Nunca más escribirá otra línea, pero las que escribió son eternas.




sábado, 19 de mayo de 2012

Una lectora nada común, Alan Bennett

Bennett, Alan, Una lectora nada común, ed. Anagrama, Madrid, 2010.

The Uncommon Reader, 2007

Sin duda, los mejores para reírse de los ingleses son los ingleses. Este librito creo yo que hay que leerlo en clave humorística, cómica. No es tanto que a la reina de Inglaterra le dé por leer conpulsivamente lo que provoca las situaciones cómicas (que también, porque evidencian la ignorancia, incultura en ocasiones, de la clase política), como la descripción de personajes ficticios (supongo) que la rodean y las relaciones y diálogos que mantienen entre ellos. Especialmente divertidos son los personajes cuasicaricaturescos de Sir Kevin y Sir Claude Polelington, el viejo que huele mal y que se queda dormido en cualquier momento. Los diálogos tienen su punto, sobre todo el "nosotros" real para referirse la reina a sí misma.
El laconismo inglés, de palabras escasas pero exactas, es acentuado por la economía de recursos del escritor, que no se va, ni mucho menos, por las ramas. Al libro no le sobran páginas, precisamente. Más bien, le faltan. Cuando llegué al final, no me podía creer que terminara así. Parece un primer (o los dos o tres primeros) capítulo más que una novela entera. Como género, yo diría que es un cuento o novela corta (son 119 páginas con una letra bastante grande, muy generosos márgenes, amplio interlineado, etc. Si el formato fuera más estándar, no creo que superara las 60 páginas).
Esa parquedad de palabras no es análoga a las referencias, y aquí yo creo que al lector español (hablo por mí, pero supongo que puedo generalizar) le puede costar algo más comprender las implicaciones. Evidentemente, se citan muchos literatos, casi todos ingleses y franceses (ninguno español o hispanoamericano, por cierto), y algunos no muy conocidos fuera de sus fronteras (de Robert Frost solo hay un libro publicado en España; ninguno de John Cowper Powys ni de Kilvert, de Joana Trollope tampoco -no sé si decir que afortunadamente-,etc.). Pero es que, además, se presuponen conocimientos sobre ciertos aspectos de la vida real inglesa y de las costumbres de ese país que por aquí no sabemos. De todos modos, no entrañan dificultades para la lectura y su sentido se capta perfectamente, así como las ironías que implican a veces.
La narración es, pues, agradable, ligera y divertida. Merece la pena leerse y, de hecho, tendré en cuenta a Bennett a partir de ahora.
Un consejo de lector a editor: teniendo en cuenta la extensión de las obras de este autor, ¿no podrían agrupar unas cuantas en un solo volumen como han hecho con las primeras novelas de Patrick Modiano?

jueves, 17 de mayo de 2012

Bruce Sterling: Cismatrix, Crystal Express

(Ver también Bruce Sterling II)
Sterling, Bruce, Cismatrix, ed. Bibliópolis, Madrid, 2005.
Schismatrix, 1985.

Cismatrix es el nombre que se da en la novela a la humanidad (o posthumanidad) dispersa por el espacio. Es decir, a toda menos a la que permanece en la Tierra. En esa vasta humanidad, las clases dirigentes se encuentran divididas en dos ramas principales que buscan lo mismo: la inmortalidad o el alargar la vida el máximo. Los formistas lo hacen mediante selección de líneas genéticas (en esto el libro recuerda a Dune y sus Bene Gesserit), modificaciones hormonales, dérmicas, enzimáticas, neuronales, etc., y los mecanicistas lo hacen mediante implantes o prótesis mecánicas. Ambas ramas se encuentran en plena guerra fría al comienzo de la novela, y cada sección tiene a su vez subsecciones enfrentadas entre sí. El protagonista, Abelard Lindsay, es un formista diplomático con una preparación tan completa que hasta los suyos se asustan y envían un antibiótico (asesino) tras él para matarlo. Lindsay escapa con ayuda de unos piratas mecanicistas hasta que se declara la paz entre los humanos cuando aparecen los primeros alienígenas: los inversores. Bueno, la novela prosigue con las peripecias de Lindsay: su búsqueda de... de algo mejor para los posthumanos; la persecución a que le somete su antiguo enemigo; sus matrimonios; sus complots con la reina inversora; su relación con la fascinante Kitsune, que convierte su cuerpo en una nación; la visita relámpago a las simas abisales de la vieja Tierra, etc. hasta culminar en un sorprendente final (en la última página).
La novela, desde luego, no es de fácil lectura. Bruce Sterling escribe con un estilo que es parco en dos cuestiones fundamentales para el buen seguimiento de una narración: los enlaces causales y las descripciones. Aquí no se establecen claras relaciones causa-efecto: las cosas ocurren y punto. En una ambientación de otro tipo, más convencional o realista, el lector puede reconstruir estas relaciones más o menos fácilmente. En el ambiente de la novela de Sterling, esa reconstrucción es compleja, si no imposible (o requiere una lectura mucho más atenta que la mía, que también puede ser). Estamos en un futuro lejano indeterminado con el que no existen puentes a nuestro presente. La vida es muy diferente en esos tiempos y, además, y voy al segundo punto, no se describe más allá de lo imprescindible para la trama argumental que, por tanto, es difícil de seguir. El autor complica más aún introduciendo una miríada de personajes que aparecen y desaparecen y, a veces, incluso reaparecen adquiriendo una importancia inusitada (por ejemplo, la médica o lo que sea, Margaret Juliano). Los diálogos no referencian a nada conocido ni se explican por el narrador: hay que presuponer muchas cosas. Este estilo, barroco y confuso, tiene sus ventajas y sus inconvenientes. El principal obstáculo es que se sigue mal. Su aspecto positivo es que contribuye a la inmersión en el mundo de la novela, de ciencia ficción pura, y que, y esto no es desdeñable, parece apelar a la inteligencia del lector para reconstruir los abundantes hiatos.

Sterling, Bruce, Crystal Express, ed. Ultramar, Barcelona, 1990. Trad.: Rafael Martín Trechera y Domingo Santos.
Crystal Express, 1989.
Esta antología de cuentos recoge relatos escritos por su autor en los años ochenta. Sus cinco primeros cuentos, los del apartado Formador/Mecanicista, se ambientan en el universo Cismatrix, aunque su condición de cuentos los hace más legibles, menos barrocos, no menos maravillosos que los de la novela, y para un primer lector pueden resultar mucho más digeribles y atractivos. La antología es muy heterogénea en todo, incluida la calidad. Se dividen en tres apartados y son los siguientes:
Formador / Mecanicista
1- Enjambre. ¿Es la inteligencia una desventaja? Eso se afirma en este admirable relato sobre unos humanos que se creen lo suficientemente listos como para aprovecharse de las razas de Enjambre, seres que solo trabajan, sin inteligencia aparente.
2. Rosa Araña. Sorprendente cuento sobre las extrañas capacidades de la mascota cedida a la mecanicista Rosa Araña por los inversores. Increíble final, que recuerda en algo al de Cismatrix.
3. Reina Cigarra. Parece mentira que en un cuento no demasiado largo quepan tantas cosas. Quizá demasiadas para un relato de cuarenta páginas. Hay cohabitación humana y alienígena (los inversores), planes políticos secretos, fugas, camuflajes, sectas, terraformación de Marte, tesoros escondidos...
4. Jardines sumergidos. De algún modo, continúa el anterior cuento. Este se centra en la terraformación avanzada de Marte. Concretamente, en un concurso donde varios participantes compiten por ven quién lleva a cabo el mejor plan ecológico para un rincón del planeta. 
5. Veinte evocaciones. Espectacular ejercicio literario de ciencia ficción que a través de esos veinte recuerdos del título nos muestra un modo de vida, la de un formador, totalmente alejada de los cánones actuales. Ciencia ficción en estado puro, un cuento alucinante en todos los sentidos. Imprescindible apra los amantes del género. Sin duda, el mejor relato de toda la antología.
Ciencia ficción
Después de los anteriores cuentos, cuesta leer estos, que desmejoran mucho los anteriores. Por comparación, salen perdiendo, pero es que tampoco son demasiado buenos muchos de ellos. Sorprende que los escribiera después de los anteriores, porque parecen escritos primerizos. 
6. Días verdes en Brunéi. El ingeniero infromático Turner Choi se encuentra en Brunéi realizando un trabajo de reprogramación de antiguos robots para una fábrica, tarea difícil porque en ese país no se permite ni la televisión. La historia promete, pero insospechadamente, desemboca en una historia de amor con la princesa, a lo Vacaciones en Roma, y un extaño final feliz.
7. Fantasma. Se recupera en este cuento parte del espíritu que anima los de formador/mecanicista. El fantasma es Eugene, una especie de superespía, hombre deshumanizado por el "Velo", extraño artefacto tecnológico implantado en su cerebro. La misión de Eugene será acabar con uno de los pocos grupos humanos que quedan que quieren ser libres. Hasta el final se mantendrá el suspense sobre el éxito o fracaso de su misión.
8. Lo hermoso y lo sublime. De nuevo, leemos un cuento que parece querer sobrepasar las fronteras de su género y se convierte en algo así como un fragmento de novela. La historia del rapto de un nuevo modelo de avión se la cuenta un amigo a otro en una carta. Olvidable.
Fantasía
9. Telliamed. Al científico Benoît de Maillet se le aparece la Ignorancia, figura salida del mar al modo de la Venus de Botticelli para recriminarle la pérdida de la fe de los hombres en ella y sus hijas: la Fe, la Esperanza y la Iglesia... Lo que menos esperaría uno de Sterling y un libro cyberpunk sería encontrar un cuento alegórico sobre la lucha entre ciencia e ignorancia en el siglo XVIII. Es desconcertante.
10. La tiendecita de magia. Gnomos y elixires de la eterna juventud trasladados de bosques nórdicos a la Nueva York reciente. Magnífico cuento y magnífico final. El mejor relato de esta serie, sin duda.
11. Flores de Edo. Francamente, es un cuento terriblemente malo. Sobre unos japoneses que se enfrentan a un mofo de vida diferente del tradicional por primera vez. De nuevo, se personaliza algo, en este caso la electricidad. Leer estas alegorías en cuentos de finales del siglo XX es absolutamente chocante. 
12. Cena en Audoghast. No tan malo como el anterior, es un cuento también olvidable sobre la decadencia y ruina de una ciudad anunciada por un agorero. Es interesante la idea, pero no acaba de convencer. 
                                                                                                                                   
Como es habitual, este libro está descatalogado, al igual que Distracción. Es una pena porque una figura como la de Sterling merece tenerse en cuenta y disfrutarse.

sábado, 21 de abril de 2012

Los amores difíciles


Calvino, Italo, Los amores difíciles, ed. Tusquets, Barcelona, 1989. Incluye La hormiga argentina y La nube de smog.
Gli amori difficili, 1949-1967.
La formica argentina, 1952.
La nuvola de smog, 1958


A pesar de haberlo leído hacía muchos años, sacado de la biblioteca de mi facultad en la Complutense, seguramente entre los años 95 a 97, aún recordaba fragmentos de cuentos sin saber de qué libro era ni quién los había escrito. Cuando unos 15 años más tarde hojeé el libro en una librería de viejo, reconocí al instante esa escritura, que seguía en mi cabeza tanto tiempo después. Se me quedaron grabados especialmente dos cuentos: el primero, La aventura de un soldado, donde ese joven soldado del título se pasa todo un viaje en tren imaginando posturas infinitesimales y delicadísimas que le permitan tocar a su compañera de vagón; y el último:  La aventura de un automovilista, cuento en que los nombres de personajes y ciudades son sustituidos por letras, al modo matemático: "He subido al coche inmediatamente después de pelearme por teléfono con Y. Yo vivo en A, Y vive en B [...] Y respondió que [...] telefonearía en seguida a Z, mi rival". Esa sustitución confiere al relato un aire abstracto que, lejos de alejarlo fríamente, acerca la historia al lector (o a mí, al menos) por ser menos, digamos, localizada, y poder sustituir las letras por cualquier antropónimo o topónimo de nuestro entorno.
Otros cuentos los recordé según los iba (re)leyendo, como La aventura de un lector, cuyo personaje (Amedeo) no puede dejar de leer ni siquiera cuando está en plena conquista amorosa con una bañista desconocida ("Amedeo, aunque siempre en el arrebato de sus abrazos, trató de liberar una mano para poner la señal en la página justa"). También recordé la angustiosa fatalidad de La aventura de una bañista: la mujer que pierde la parte de abajo del bikini en el mar y no se atreve a salir a la playa así ni a pedir ayuda ni nada mientras pasa el lento día de verano... Y me despertaron ecos las descripciones, también geométricas, matemáticas, de la llanura nevada, blanca, plana, atravesada por líneas paralelas entrecruzadas en La aventura de un esquiador.
Seguramente lo que hizo perdurar estos cuentos en mi memoria es la presencia constante, en todos o casi todos, de medios de transporte, muy variados, en una época en que yo leía sobre todo en el tren, autobús y metro yendo de mi casa a la universidad y vuelta. Aparecen trenes, barcas, tranvías, autobuses, coches, bicicletas (en el entrañable La aventura de un matrimonio), botes, telesillas... Además de la descripción de sensaciones concretas como olores, colores, impresión en el cuerpo de posturas, visiones distintas (La aventura de un miope), sonidos, etc. Es esa mezcla de concreción y abstracción; de cercanía y alejamiento una de las cualidades que hacen de Calvino un escritor tan especial. Sus cuentos son únicos y bellos, divertidos y emocionantes, tiernos y humanos. Merece leerse, conocerse y reconocerse por todo buen lector.
Afortunadamente, en España se puede acceder a su obra completa o casi completa sin dificultad gracias a las ediciones de Siruela, que son impecables, pero -ay- bastante caras y, además, mientras que en este volumen descatalogado de Tusquets se incluyen los cuentos largos La hormiga argentina y La nube de smog junto a los de Los amores difíciles y una interesantísima Nota introductoria del propio Calvino en tres apartados (vida, obra y crítica), en la editorial Siruela los han separado en tres libros distintos. En mi humilde opinión, publicar dos relatos que abarcan 36 y 52 páginas respectivamente (edición de Tusquets) en libros separados que cuestan 15,35 y 15,95 euros respectivamente, a los que hay que sumar los 16,90 de Los amores difíciles (el total da 48,2 euros), es una tacañería que no coadyuva a su lectura, como tampoco el que no existan ediciones de bolsillo. En fin. De todos modos, es un placer leer y disfrutrar este magistral trabajo de Calvino.

domingo, 8 de abril de 2012

Muerte de la luz


Martin, George R. R., Muerte de la luz, ed. Gigamesh, Barcelona, 2011.
Dying of the Light, 1977.



Escrito por un joven George R. R. Martin, el relato merece también un lector joven capaz de conmoverse por el romanticismo del reencuentro entre los antiguos enamorados (Dirk t'Larien y Gwen Delvano), el honor del protagonista y la redención del tercero en discordia (Jaantony Riv Lobo alto-Jadehierro Vikary) entre otras cosas, en el marco de un mundo moribundo a la deriva.
Para mí, lo mejor del libro son las visitas y encuentros en ciudades decadentes, acabadas, aún vivas pero por poco tiempo, con sus maravillas para los ojos de casi nadie. Lo peor, el esfuerzo inconsecuente por inventar una cosmovisión y todo un universo, presente en todo el texto en forma de interminables nombres y sus explicaciones, costumbres, sus causas, sus implicaciones, etc. Gran número de párrafos son para ilustrar lo que es un teyn, una betheyni, las rivalidades entre clanes, el porqué antropológico de los usos del planeta Worlorn y blablablá sobre algo que no requería tanto espacio ni aún un glosario de 94 términos que se leen con interés pero sin consecuencia, y menos en una novela única, que no forma parte de ninguna serie.
Este esfuerzo narrativo por solo una novela (no tantas y tan voluminosas como las que luego escribirá como Canción de Hielo y Fuego) dice mucho, y bien, del afán relator del autor, y por eso decía que merece un lector joven que aprecie este gesto -esta gesta- narrativo tan inútil y superfluo como romántico y bello.

sábado, 17 de marzo de 2012

Diapositivas sobre ortografía

Aquí traigo, en primer lugar, una presentación muy completa que contiene unas cuantas diapositivas con imágenes de carteles callejeros con faltas de ortografía y, a continuación, una serie extensa de diapositivas con reglas ortográficas.
La segunda presentación muestra las imágemes acompañadas de un comentario irónico.



Vídeos sobre ortografía en la calle

Para jóvenes (o no), un tema reciente del rapero Santa RM, "Mala ortografía". Bueno, no es que se muestre especialmente autocrítico, pero algo es algo viniendo de donde viene (y perdón por las ambigüedades).
Y a continuación, el segundo vídeo, una especie de miniprograma de televisión con presentador y todo, que comenta jocosamente los carteles que ha visto por la calle. No tiene desperdicio.